Monseñor José Guerra Campos
Separata del «Boletín oficial del Obispado de Cuenca»
Núm. 5, mayo 1986
Muchos católicos desean vivamente una renovación en armonía con el ser y la misión de la Iglesia, y vuelven los ojos al Papa Juan Pablo II, empeñado en la tarea de saneamiento. Sienten que la unidad es imposible si se socavan sus fundamentos: la tradición de la fe y la doctrina católica, el ministerio episcopal en comunión con el Papa, la vida sacramental, la disciplina canónica.
A pesar de las crisis, llama a las puertas una muchedumbre de jóvenes, que sintonizan con la Iglesia, la del cenáculo y la de Sigue leyendo
Después de 1975 los observadores con sentido de Iglesia, y en primer término los mismos apologistas de la nueva «línea», reiteran los diagnósticos oscuros sobre la situación, aunque intercalen, a veces, declaraciones voluntaristas de optimismo (7). Todos coinciden en destacar un fenómeno de parálisis, por división o por adormecimiento. Todavía en 1984 el Obispo Secretario del Episcopado diagnostica en el catolicismo español una enfermedad con estas cuatro notas: a) atonía religiosa, en la vivencia y en la participación activa; b) fragmentación, hasta hacer imposible la colaboración y la convivencia, menospreciando las causas eclesiales de la unidad; c) inoperancia apostólica, por desprecio de la verdadera evangelización, por vaciamiento de la Fe, rebajada a mero compromiso político de izquierdas; d) falta de síntesis entre la espiritualidad y la acción temporal cristiana (8). Y en 1985 acaba de
De la situación del Clero fue un muestrario la «Asamblea Conjunta de Obispos y Presbíteros», de 1971. En ella desembocó una preocupación de los Obispos, que desde 1966 trataban de atraerse a disconformes, enderezar desviaciones y relanzar la acción evangelizadora, estimulados además por Pablo VI, que recomendaba encauzar las aspiraciones del Clero joven. La gestación fue apasionante. En la preparación diocesana hubo cosas excelentes (revisión de situaciones, propuestas pastorales), pero también una siembra de teorías protestantes acerca del sacerdocio, de criterios contra la ley del celibato y contra el espíritu de consagración, abogando algunos por un sacerdocio como servicio «ad tempus». La asamblea nacional produjo una
Después de 1975 los informes oficiales de la Conferencia registran un hecho notorio. Varias ramas de Acción Católica desaparecen prácticamente en la mayoría de las diócesis. Con algunos dirigentes y militantes de los movimientos aludidos se nutren las «Comunidades Populares», que se instalan tranquilamente en la independencia respecto a la Doctrina y a la Disciplina jerárquicas. En algunos movimientos que siguen vinculados a la Jerarquía, ésta comprueba, en 1978, que en más de la mitad de sus pocos miembros abundaban: desviaciones de la Fe en Cristo y la Iglesia, criterios marxistas para la sociedad y para la reforma de la misma Iglesia, ascripción a la «Iglesia» extra jerárquica y a «cristianos por el socialismo», rechazo (en uno) de la
Como todos estos factores de desunión hieren las raíces mismas de la unidad eclesial, la división persiste años y años y no parece fácil desarraigarla. El que no siempre sea estridente se debe, no a mejoría, sino a cansancio y renuncia al diálogo, enquistados unos y otros en sus posiciones. Por eso crecen el desaliento y el retraimiento de muchos, hechos registrados, una y otra vez, en los informes oficiales de la Conferencia Episcopal.