Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

Guerra Campos2De la situación del Clero fue un muestrario la «Asamblea Conjunta de Obispos y Presbíteros», de 1971. En ella desembocó una preocupación de los Obispos, que desde 1966 trataban de atraerse a disconformes, enderezar desviaciones y relanzar la acción evangelizadora, estimulados además por Pablo VI, que recomendaba encauzar las aspiraciones del Clero joven. La gestación fue apasionante. En la preparación diocesana hubo cosas excelentes (revisión de situaciones, propuestas pastorales), pero también una siembra de teorías protestantes acerca del sacerdocio, de criterios contra la ley del celibato y contra el espíritu de consagración, abogando algunos por un sacerdocio como servicio «ad tempus». La asamblea nacional produjo una masa de conclusiones, no bien ponderada. Lo que en ella hubiese de positivo quedó socialmente anegado, primero, en la resonancia política estrepitosa de un intento de descalificación de la Iglesia martirial, después en el forcejeo escandaloso con la Santa Sede a propósito de la prometida revisión de las conclusiones (5). El final fue una gran frustración: aumentaron en el Clero la división, las desorientaciones, los abandonos. Para no enconar las heridas, como por un acuerdo tácito, Obispos y sacerdotes encerraron la asamblea en el silencio, aunque algunos la tuviesen como pauta.

Todo este período, incluidos los años siguientes a 1975, queda marcado por cuatro pérdidas significativas. a) Una quinta parte del Clero abandona el ejercicio de su ministerio, b) Desciende el interés misionero. De los 1.500 sacerdotes del Clero secular que llegó a haber en América, el número ha bajado a poco más de 400 y está estancado; así como hay poco relevo para los religiosos. c) El uso de las 140 Casas de Ejercicios se reduce fuertemente, si bien años más tarde se reaviva un poco, d) La caída de las Vocaciones a la vida consagrada es como una hemorragia incesante. Entre 196264 y 197580 los seminaristas mayores diocesanos bajan de 8.000 a menos de 1.500. Pérdida del 80 por 100 en cifras absolutas, del 90 por 100 atendido el aumento de población. Retroceso por debajo del nivel de cuarenta años atrás. Número insuficiente para el relevo de los sacerdotes actuales (las nuevas ordenaciones pasan de cerca de mil en los años cincuenta a menos de doscientas en los años setenta) (6). Por media de edad, un Clero joven en 1964 es un Clero envejecido en los años ochenta.

Notas:

5. Cf. «Ecclesia», 1971981; «Bol. Cuenca», 1981, págs. 138140. Informaciones contemporáneas, de primera mano, en «Iglesia- Mundo», 1971 y 1972.

6. El descenso de seminaristas en los años setenta es mayor que el de Europa; sólo superado por Francia. Con referencia a las cifras de población, si el número de seminaristas en 1964 vale por 100, el de 1944 valía 33, el de 197580 vale solamente 10. En orden al relevo de los sacerdotes en ejercicio, el déficit medio de candidatos en España rebasa el 30 por 100 (junto a unas pocas diócesis con «superávit», el déficit de otras excede el 80 por 100).