Pablo
Pudor y castidad (72)
La castidad es una virtud, una fuerza espiritual, un hábito operativo, y como ocurre con todas las virtudes, a medida que va creciendo en la persona, va ejercitándose cada vez con más facilidad y perfección: inclina establemente hacia lo honesto, vence con más rapidez y seguridad la tentación, e incluso llega a repugnar sensiblemente de toda deshonestidad sexual. Cuando la virtud estaba formándose, había guerra entre el hombre espiritual y el carnal; crecida la virtud, se hizo la paz, porque fácilmente prevalecía el espíritu del hombre nuevo; y ya perfecta la virtud de la castidad, experimenta la persona la victoria y una gran libertad. Éstas son las fases normales en el crecimiento espiritual de un cristiano: guerra (principiantes), paz (adelantados), victoria y libertad (perfectos). (José María Iraburu)
Renovación y de limpieza espiritual
Un Año Nuevo debe ser tiempo de renovación y limpieza espiritual, también en la Iglesia, pero ¿dónde está la suciedad a limpiar con o sin líos? En mi opinión, debemos discernir, en el sentido de marcar la diferencia entre las verdades divinas, incluida la autoridad espiritual del Sucesor de San Pedro y las cuestiones temporales, incluidas las normas removibles que en cada momento de la historia se han considerado apropiadas para guiar mejor la Iglesia. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)
Conocimiento del bien y el mal
Esto requiere unas palabras de explicación. Entendida apropiadamente, la conciencia es una función de razones prácticas. Es la capacidad innata y el instinto involuntario de medir acciones particulares mediante principios morales y el conocimiento del bien y el mal que está grabados en el intelecto, sea a través de la ley natural o por instrucción. Su rol primario es marcar la divergencia de acciones, sean ejecutadas o propuestas, del bien, en cuanto el bien es conocido por el agente. La conciencia no es efectiva si el bien no es conocido propiamente, o si el agente ha suprimido el instinto en cuestión. Puesto simplemente, la conciencia pertenece al alma racional a través de su participación en el divino intelecto, como aquella capacidad «por la cual la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto» (Catecismo 1778). (Douglas Farrow)
Viejas herejías gnósticas
Las ideologías modernas no son más que una «reedición» de las viejas herejías gnósticas. El comunismo las supera a todas, tanto en la violencia como en la malicia. De entre todos los males del siglo XX, Nuestra Señora en Fátima advirtió de manera especial contra «los errores de Rusia», que iban a ser difundidas en todo el mundo. Desde 1917, el mal del comunismo no sólo fue incomparablemente más poderoso, más homicida y más mendaz que todos los errores anteriores, pero incluso los aprovechó y utilizó. Con sus 500.000 agentes infiltrados en todo el mundo, la KGB fue la mayor estructura de crimen organizado de la historia de la humanidad, peor que cualquier otra secta satánica o bando de mafiosos. Y hoy en día no tenemos la menor razón para creer que sus redes hayan sido desmanteladas. (María Virginia Olivera de Gristelli – CÁRITAS in VERITATE – INFOCATÓLICA)
Patrona de España
La Inmaculada Concepción fue proclamada oficialmente Patrona de España en 1760 por concesión del Papa Clemente XIII en la bula Quantum Ornamenti, en respuesta a la solicitud del rey Carlos III y de los reyes españoles anteriores. (Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. – EL PAN DE LOS POBRES)
A devoción a la Inmaculada Concepción de María es muy querida y de fuerte arraigo en el pueblo español, donde desde muy antiguo saludamos a la Santísima Virgen con la fórmula «Ave María purísima – sin pecado concebida». Los pinceles de Murillo, a quien este año se conmemora, y sin olvidar los de otros pintores de fama internacional como Velázquez y Zurbarán, plasmaron de un modo magistral esta devoción. (Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. – EL PAN DE LOS POBRES)
La castidad es fácil para quien vive realmente la vida de la gracia. Extrañamente, a veces los pecadores y los santos coinciden en decir que la castidad es virtud muy difícil, claro que unos y otros hablan con fines contrarios. Los primeros lo afirman para excusar sus caídas; los segundos para exhortar a la oración y a la vigilancia. Fácil y difícil son términos muy relativos, cuya veracidad en cada caso dependerá del contexto. La castidad es virtud bastante fácil, al menos si se compara con otras virtudes cristianas que han de vencer enemigos más poderosos y perdurables: soberbia, vanidad, avaricia, pereza, etc. Si el cristiano se libera, como es debido, de los hábitos mundanos erotizantes, y sigue una vida verdaderamente cristiana, con oración y sacramentos, virtudes, trabajo santo y santo ocio, la castidad es perfectamente posible. El mundo está muy malo, muy podrido de lujuria; pero Dios concede siempre a sus hijos, y de modo sobreabundante, la gracia que necesitan en cada circunstancia y época: “bien sabe vuestro Padre celestial -nos dice Cristo- que de todo eso tenéis necesidad” (Mt 6, 32). (José María Iraburu)
Esa puede ser y en mi opinión es la causa de que dirigentes tan poderosos como los que dominan la ONU estén impulsando una revolución ideológica que puede destruir las naciones y convertir a los hombres en esclavos que se vendan por un poco de vicio, por la falsa riqueza de quien niega la fe, la familia, la libertad positiva y el amor al prójimo. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)
El espíritu y la carne, es evidente, inclinan en todo a obras diversas, también en el ejercicio de la sexualidad (Rm 8, 4-13; Gál 5, 16-25). Es un gran error pensar que dentro del matrimonio todo es lícito. “Todo me es lícito”, dirá alguno, “pero no todo conviene”, le responde el Apóstol (1ª Cor 6, 12; 10, 23; Rm 14, 20-21). Entre la mojigatería ridícula y el sensualismo perverso está el pudor de la castidad conyugal cristiana. El matrimonio cristiano no ha de tomar de los burdeles o del cine pornográfico el modelo de su vida sexual. Los casados cristianos poco tienen que aprender de aquellos idólatras “cuyo dios es el vientre” (Flp 3, 19). Más bien el cónyuge se atiene a la enseñanza apostólica: “que cada uno de vosotros trate su propio cuerpo (su esposa, en algunas traducciones) con santidad y respeto, no dominado por la pasión, como hacen los paganos, que no conocen a Dios” (1ª Tes 4, 4). Más adelante he de rechazar el todo vale dentro de la unión sexual de los esposos. (José María Iraburu)