Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Hispanoamérica. La verdad

Hispanoamérica. La verdad 149

16 lunes Dic 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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¡Feliz y Santa Navidad!

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (4)

“Países ilustres por su adhesión a la religión” (1)

“Ese bloque de naciones que reza en castellano y que continuamente quiere distinguirse por su adhesión a la Santa Madre Iglesia, por su amor al Vicario de Cristo”.

(Pío XII, 12-VI-1953).

*      *      *

Papa Pío XIIEl corazón paternal: de Pío XII, cabeza visible de la Iglesia Católica, hubo de soportar los duros golpes que durante su largo Pontificado fueron asestados al Cuerpo Místico de Cristo. Asistió, impotente y afligido, a la caída en las garras del comunismo de numerosos pueblos católicos, y a la persecución, solapada o abierta, que siguió para la Iglesia en esas desgraciadas naciones.

Si el Pastor Supremo dirigía su vista a esa Europa oriental, no encontraba más que lágrimas, cadenas y catacumbas. ¡Era la Iglesia del Silencio!, como él mismo la llamaba.

El gran continente asiático no presentaba un aspecto más consolador; continuos disturbios en el Oriente Medio, con el consiguiente sobresalto para nuestras iglesias; y una tétrica mancha roja en el Extremo Oriente, que agrandaba continuamente sus vastos límites, ensangrentando las florecientes misiones católicas. Pero el golpe más duro que sin duda asestaron los enemigos al corazón del Vicario de Cristo fue la implantación en China de la Iglesia cismática, cuyos inicios amargaron los últimos meses de la vida del llorado Pontífice.

África, a su vez, se veía acechada continuamente por el comunismo militante, y Pío XII hubo de asistir ya a las Calamidades de Argelia, Guinea y otros territorios.

¿Encontraría, quizá, el Papa en la vieja y cristiana Europa el consuelo para su corazón de padre y pastor? No, totalmente; angustiosos problemas doctrinales, una de cuyas réplicas papales fue la encíclica Humani Generis, venían a turbar su ánimo vigilante en la antigua cuna de la cristiandad.

Pío XII, en medio de sus tristezas, era confortado por la visión del Nuevo Mundo, que, a pesar de sus propios problemas, se quería mostrar fiel a Jesucristo y a la Iglesia, y daba grandes esperanzas para el porvenir religioso de la Humanidad.

“A la Iglesia de Cristo que vive en los países de América latina, tan ilustres por su adhesión a la religión, por la luz de la civilización, por las esperanzas que ofrecen de un porvenir de mayores grandezas, se dirige hoy, con un interés igual al amor que le profesamos, Nuestro pensamiento.

Porque si a Nos, a quien por celeste designación fue encomendado regir el rebaño entero de Cristo, corresponde el cotidiano y solícito cuidado de todas las Iglesias, es bien natural que Nuestras miradas se vuelvan con particular insistencia a los numerosos fieles que viven en ese continente. Ellos constituyen de hecho—aun dentro de la diversidad de patrias—unidos y hermanados por la vecindad geográfica, por los vínculos de una común civilización y, sobre todo, por el gran don recibido de la verdad evangélica, una cuarta parte del orbe católico (302).

(302) Sin contar la Península española ni Filipinas, Iberoamérica albergaba en 1955 casi 160 millones de católicos de los 450 de la Iglesia entera. En 1959, ese número había ascendido a 169 millones, que representan un porcentaje de 34 en la cifra total de la Iglesia (490 millones).

Magnífica falange de hijos de la Iglesia, escuadrón compacto de generosa fidelidad a las tradiciones católicas de sus padres.

Esta visión conforta Nuestro ánimo entre las amarguras de los combates y persecuciones a las que están expuestos, en no pocas partes del mundo, el nombre cristiano y la misma fe en Dios”.

(Carta apostólica “Ad Ecclesiam Christi”, al presidente de la Asamblea Plenaria del Episcopado Iberoamericano, 29-VI-1955).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 148

09 lunes Dic 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (3)

“Un formidable bloque católico

“Catolicismo es el denominador común de los pueblos hispanoamericanos que en este día celebran su encuentro; el Papado romano, la forma concreta por derecho divino e histórico de la civilización, de la religión cristiana de Hispanoamérica. La unión que se exalta en este día entre las veinte naciones que constituyen la Hispanidad ha de ser para hacer prevalecer siempre los derechos de Cristo en todos los órdenes”.

(Radio Vaticano, 12-X-1948).

*     *      *

Misionero dominicoPrimeramente Pío XII se representa ante los ojos un hermoso espectáculo. En inmensos y variados territorios del globo, algunos de ellos fecundísimos, ve morar más de ciento setenta millones de sus ovejas, restos de la majada imperial hispánica y herederos de la labor civilizadora realizada por la Nación Madre en aquellas latitudes. Son la continuación viviente de un ideal. Mejor dicho, son el término de ese ideal, pues en una Hispanidad como la actual—con compacta unidad religiosa, racial y cultural— soñaron los héroes de la epopeya cuando acometieron la ardua tarea de la conjunción de los pueblos.

Es que la “epopeya misionera” no fue estéril. ¡La Historia vive en los frutos de sus hazañas! He ahí el hecho consolador que aparece a la mirada solícita del Papa de la Hispanidad.

“No ignora vuestra excelencia el aspecto que el mundo de hoy presenta, no sólo por ser digno retoño de una familia donde se entrecruzan las viejas estirpes ibéricas con las modernas ramas brotadas en la tierra feraz del Nuevo Mundo, sino por venir directamente de ese mismo hemisferio, donde veinte naciones hablando una misma lengua e invocando el mismo y único Dios, hacen de la historia, como afortunadamente se ha dicho, algo actual y palpitante que nunca muere”.

(Discurso a D. Fernando María Castiella, nuevo embajador de España ante la Santa Sede, 13-XI-1951).

Otro aspecto del grupo de naciones iberoamericanas es su cohesión y su catolicidad. Forman un “bloque católico”, uno de los contados bloques católicos con que cuenta la Santa Iglesia. En el mundo agitado de hoy, en que surgen comunidades de pueblos bajo ideologías o modos de vivir acatólicos, es providencial que se alisten también cuerpos de ejército bajo estandartes de Catolicidad. Frente al bloque materialista de los soviets, frente al bloque liberal y plutocrático de los sajones, frente al bloque infiel de los hijos del Islam, el bloque hispanoamericano, macizamente católico, puede jugar un importante papel en la defensa de la Iglesia.

“La América latina, ese formidable bloque católico que el celo misional de las dos grandes madres ibéricas supo edificar para tanto honor suyo y provecho de la Iglesia, por sus dimensiones, por su población, por la robustez de su fe y por el porvenir espléndido que presagia, representa hoy en todos los órdenes, pero especialmente en el religioso, una de las grandes esperanzas del mañana”.

(Discurso a los Rectores de los Seminarios Mayores de América Latina, 23-IX-1958).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 147

02 lunes Dic 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (2)

Esa es la Hispanidad: el bloque compacto de naciones que han heredado del Imperio Hispánico, disuelto en 1825, los tesoros de su fe, de su cultura y de su lengua. Es el resultado magnífico de la epopeya misionera que dio vida a inmensos mundos. Es la continuación de aquella gesta gloriosa. Es la segunda etapa de una vocación misionera.

Y la Hispanidad es una realidad perceptible a los ojos de todo el mundo. Nadie ignora que veintiuna naciones de origen español llenan buena parte de la geografía terrestre; y que esas naciones albergan a 170 millones de hombres, casi todos católicos. Es decir, que más de la tercera parte del número total de los hijos de la Iglesia (425 millones) pertenece a la comunidad hispanoamericana, y que esa multitud de católicos está hermanada firmemente por una lengua y una cultura comunes (301).

Mons. Zacarías de Vizcarra Arana(301) En 1955, Mons. Zacarías de Vizcarra podía afirmar ya que el bloque iberoamericano, es decir, Hispanoamérica más Luso américa, la total heredad apostólica de Santiago el Mayor, constituía más de la mitad de la Iglesia Católica, y él Prelado daba las siguientes cifras: Católicos, 425 millones; Iberoamérica, 219 millones de católicos (España, 29; Portugal y colonias, 10,5; América hispanoportuguesa, 160; Filipinas, 19,5). Resultado; Iberoamérica, 6.500.000, más de la mitad del número total de católicos. (Véase Año Cristianó, B.A.C., 25 de julio, Fiesta de Santiago Apóstol).

Ese es el hecho patente, fundado en vínculos reales, muy profundos y humanos, que no se pueden romper.

*     *     *

¿Cuál puede ser la actitud de un católico ante esta gran realidad humana, que es la vinculación indestructible de millones de seres?

¿Negarla? ¡Imposible! Los mapas, las estadísticas, la historia y los hechos de cada día testimonian al unísono la realidad de los vínculos que enlazan a la comunidad hispánica, y descartan esta locura.

¿Desear que se destruya? ¡Intento baladí! Una unidad que tiene un tronco de cuatro siglos, y que ha resistido a los arrasadores vendavales de la independencia y de las guerras fratricidas, a los desecantes imperialismos extranjeros y al liberalismo desorganizador, es casi imposible que en adelante perezca por obra de hombres. Si tal unidad llegara un día a desintegrarse, anunciaría el fin de esos pueblos como naciones.

¿Despreciarla? ¡Necia postura! Todo lo que es humano y real tiene su valor, y, encauzado, puede servir a la gloria de Dios. ¡Cuánto más si esa realidad humana es de tanta importancia que alcanza a decenas de naciones, en los elementos más importantes de la vida social, como son la religión y la cultura!

Sólo queda un camino posible: contar con la Hispanidad. Para el bien o para el mal, pero el mundo tendrá que contar con ese bloque de naciones hermanas. Entre ambos partidos, cualquier católico habrá hecho pronto la elección, si es que ya antes no había decidido su juicio la mera consideración de que toda unidad dentro del catolicismo es un principio de fuerza y de valor para el triunfo de nuestros ideales, y de que la Iglesia siempre ha favorecido la alianza de las regiones católicas que tienen vínculos comunes de historia o de sangre.

*     *     *

Encauzar y aprovechar la nueva fuerza de la unidad hispánica fue precisamente—como vamos a ver—la actitud del preclaro Pontífice Pío XII.

El Papa de las grandes visiones del futuro aparece, al llegar a este punto, como un hombre convencido. Ha visto claro una vez, y su ruta será lógica y decidida hasta el final de su vida pastoral.

Pío XII ha contemplado la gran realidad: una comunidad de pueblos, unius linguae, unius sanguinis et unius fidei, con una misma lengua, una misma sangre y una misma fe.

Ante tamaño factor histórico, dentro de la catolicidad, el Soberano Pontífice, que como fiel Vicario de Jesucristo busca sólo la extensión del Reino de Dios, reacciona sobrenaturalmente. ¡Esa comunidad de pueblos puede y debe servir a la Iglesia! Hay que encauzar la inmensa energía que se está almacenando en el continente americano, con bases en Europa, y Asia, y que no tardará en expansionarse. De ahí sus deseos de que la Hispanidad se fundamente en el Catolicismo. De ahí su constante llamada a las tradiciones católicas de Hispanoamérica. De ahí, finalmente, sus advertencias, a las jóvenes naciones del bloque, de que todo lo deben a la Iglesia, y que sólo en armonía con ella podrán encontrar el rumbó próspero de su futuro.

Un pujante bloque hispanoamericano, cimentado en el cristianismo y al servicio de la Iglesia católica, es la gran esperanza del Papa de la Hispanidad. En sus discursos se muestra como un convencido de la posibilidad y conveniencia de este programa. Y como tal, desea exponer su pensamiento y persuadir a sus oyentes. Pío XII anhela, sobre todo, encarrilar por vías católicas el enorme potencial que ve brotar espontáneo de la necesaria unión de los pueblos hermanos.

Expongamos por orden sus luminosas ideas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 146

25 lunes Nov 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad

Jesús y la bandera Española

“La hispanidad es algo espiritual que trasciende sobre las diferencias biológicas y sicológicas y los conceptos de nación y patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas.

Y así definida la hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina… Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos”.

 (Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

*      *      *

Antes de abordar esta tercera parte del temario de Pío XII sobre la epopeya misionera, avancemos algunas ideas útiles.

En nuestros días se habla mucho de Hispanidad, y cada día se ha de hablar más. Esta evocadora palabra—lanzada, al parecer, por Mons. Vizcarra en 1933, y explicada después por don Ramiro de Maeztu—fue recogida y oreada por el gran Cardenal Gomá en el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires. Últimamente el vocablo Hispanidad y su sólido contenido han sido consagrados por la autoridad del Sumo Pontífice Pío XII, quien se ha dignado emplearle más de una vez, en su extenso repertorio, explicando la realidad que representa y mostrando su consonancia con el orden universal cristiano.

Con estas garantías, el término Hispanidad está al abrigo de cualquier sospecha de cerrazón egoísta, más o menos tiznada del condenado racismo.

¿Qué es la Hispanidad?

Geográficamente, o étnicamente si se quiere, es la comunidad de pueblos formada por los trozos del antiguo Imperio español ultramarino, es decir, por los pueblos soberanos que hoy ocupan los territorios que integraban la España imperial. Imperio de ayer que hoy establece un vínculo histórico indiscutido entre las partes que lo componían.

Pero, además de este común vínculo de tipo histórico, hay otros que imprimen una más sólida unidad a esta serie de pueblos, herederos de aquel Imperio. Según el Maestro de la Hispanidad explica a esos pueblos:

“Nuestra comunidad no es racial, ni geográfica, sino espiritual. Es en el espíritu donde hallamos al mismo tiempo la comunidad y el ideal. Y es la Historia quien nos lo descubre. En cierto sentido está sobre la Historia porque es el catolicismo” (Ramiro de Maeztu).

Y el Cardenal Gomá niega la posibilidad de otro sentido que no sea el católico para la noción de Hispanidad:

“Y faltará el secreto de la raza, de la hispanidad que, o es palabra vacía, o es la síntesis de todas los valores espirituales que, con el catolicismo, forman el patrimonio de los pueblos hispanoamericanos”.

Oigamos también a este respecto el testimonio del escritor nicaragüense Pablo Antonio Quadra. Quadra es hispanista, y valiente luchador antiliberal por añadidura, “católico de espada al cinto”, como gusta de llamarse él mismo. Con su juvenil y dinámico estilo, describe así los factores de unidad que enlazan a los pueblos de la Hispanidad:

“Una misma lengua enlaza los pensamientos en la hermandad de los labios. Una misma religión proclama un único Dios, y es la misma oración la que, como un meridiano tendido, lanza hacia la Cruz de Cristo la saeta del alma. Uno es también el pasado y una la historia, y hasta la misma tierra, unida al espíritu, parece responder a esa necesidad de unión vertebrando su cordillera, que naciendo a los pies de la Virgen morena de Guadalupe (segundo Pilar para el gran arco cristiano del Imperio), pasa por aquí, entre nosotros, elevando nuestras montañas, y recorre todo el cuerpo de América hasta morir con Magallanes en el Estrecho.

Y como efectos naturales de esos grandes elementos de unidad, podemos luego sorprender el arte, la poesía, el destino campesino, hasta la misma vida, enlazados, no sólo verticalmente en la sangre, sino horizontalmente, también en la hermandad. Se puede decir que hasta una misma canción de cuna arrulla con su himno maternal la inocencia toda de América”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 145

18 lunes Nov 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (21)

El ideal del reinado “colonial” de Jesucristo, sublimente realizado en la América hispana, fue el ambiente propicio en que la epopeya misionera halló su fecunda expansión (5)

Convento de Santo Domingo - Lima (Perú)

Y esa labor no fue estéril. Cristo se adueñó del alma americana, y la religión de Cristo llegó a los más recónditos valles y a las más abruptas cordilleras, levantando por doquier templos y monasterios, que son como un vivo reflejo del arte religioso español. Restringiéndome a recuerdos personales y a la evocación que de la nación peruana trae en estos momentos a mi espíritu la presencia del excelentísimo señor Vicario Apostólico de Urubamba y Madre de Dios, me complazco en señalar un solo recuerdo: el histórico y artístico templo y convento de Santo Domingo de Lima, asombro de arte y de belleza, y unida a ese recuerdo viene a mi mente la simpática figura de la Rosa limeña, de la primera santa de América, “primus Americae meridionalis sanctitatis fructus”, de Santa Rosa de Santa María, cuya casa, convertida hoy en santuario está confiada a vos, excelentísimo señor, y a vuestros colaboradores, y cuya vida y virtudes proclaman muy alto que la obra religiosa de España no se paró en la labor externa de levantar catedrales y monasterios sino también de formar las almas y conducirlas a las cumbres de la santidad.

Y al mismo tiempo que predicaban a Cristo, los misioneros españoles se dedicaron a formar las conciencias conforme a la doctrina esencial del Cristianismo, de que todos los hombres de todas las razas somos hijos de un mismo Padre y hermanos de Jesucristo; y esa doctrina la afirmaron y sostuvieron con denuedo frente a los egoísmos y a la dureza de conducta de los que en ocasiones querían subordinar el ideal cristiano al interés personal y egoísta. De este concepto de dignidad humana nació el sentido de la personalidad, que Llegado a madurez produjo la exuberante floración de veinte naciones, a las que si España en el primer momento miró separarse con dolor, con el dolor de todas las separaciones, contempla ahora con legítimo orgullo de madre, que ve los hogares de sus hijos prósperos y florecientes.

No contenta España con llevar a América estos ideales de religión y de civismo, le dio también su lengua para que pudiera expresarlos con la sonoridad y elegancia del habla castellana, a la que el César Carlos V consideraba como la lengua más apropiada para hablar con Dios. Del Nuevo Mundo ha surgido toda una pléyade de escritores, pensadores y poetas que, uniendo sus admirables obras a las inmortales de la lengua castellana, forman un coro armonioso que canta las alabanzas de Dios al mismo tiempo que la grandeza de España.

Considerando todo esto un escritor mejicano, al que no podemos considerar como parcial, porque de serlo sería en contra de España, se entusiasma frente a esta empresa “que, dice, no tiene paralelo en la historia entera de la Humanidad, epopeya de geógrafos y de guerreros, de sabios y colonizadores, de héroes y de santos, que, al ensanchar el dominio del hombre sobre el planeta, ganaban también para el espíritu las almas de los conquistados”.

Y un poeta peruano, de vida atormentada y trágica, ha cantado en admirables versos:

Tú sí eres grande, España romancesca y luminosa: Tú eres la Fe que el corazón expande, tú la Esperanza que en la fe reposa, y tú la Caridad que por doquiera va prodigando su alma generosa. Grande fue tu ideal, grande tu ensueño; tan grande fue éste en la Cristiana Era, que el mundo antiguo resultó pequeño y para ti se completó la esfera.

Me complace traer a cuento estas citas y evocar estos recuerdos y cantar estas glosas en la víspera de una fecha famosa en los fastos de España y de la humanidad: ¡el 12 de octubre!

El día de mañana todo el mundo americano se une a España con amoroso afán, todos recuerdan una palabra que en la mañana del 12 de octubre sonó como un grito de victoria: ¡Tierra, tierra! Después de setenta y dos días de angustias y temores, de alternativas y de tempestades, aquella palabra venía a compensar abundantemente las fatigas pasadas, las zozobras de aquel viaje a los desconocidos linderos del mundo. Y aquel grito de ¡Tierra! no era más que el comienzo de una obra gigantesca, civilizador a que España llevó a cabo con abnegado heroísmo.

Este seminario quiere continuar las glorias misioneras de España y por eso ha sido una feliz coincidencia que su inauguración oficial se haya celebrado en las vísperas de aquella gloriosa fecha.

Lleno de admiración a la labor evangelizadora de España, cuyos frutos he palpado de cerca con emoción durante mi larga estancia en tierras hispanoamericanas, yo os felicito, excelentísimo señor, por el logro de esta iniciativa vuestra, y en Vos felicito a la orden dominicana, que por medio de este seminario quiere seguir atando con lazos de amor los corazones de España y de América”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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