Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

La Hispanidad, firme y prometedora realidad

Jesús y la bandera Española

“La hispanidad es algo espiritual que trasciende sobre las diferencias biológicas y sicológicas y los conceptos de nación y patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas.

Y así definida la hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina… Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos”.

 (Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

*      *      *

Antes de abordar esta tercera parte del temario de Pío XII sobre la epopeya misionera, avancemos algunas ideas útiles.

En nuestros días se habla mucho de Hispanidad, y cada día se ha de hablar más. Esta evocadora palabra—lanzada, al parecer, por Mons. Vizcarra en 1933, y explicada después por don Ramiro de Maeztu—fue recogida y oreada por el gran Cardenal Gomá en el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires. Últimamente el vocablo Hispanidad y su sólido contenido han sido consagrados por la autoridad del Sumo Pontífice Pío XII, quien se ha dignado emplearle más de una vez, en su extenso repertorio, explicando la realidad que representa y mostrando su consonancia con el orden universal cristiano.

Con estas garantías, el término Hispanidad está al abrigo de cualquier sospecha de cerrazón egoísta, más o menos tiznada del condenado racismo.

¿Qué es la Hispanidad?

Geográficamente, o étnicamente si se quiere, es la comunidad de pueblos formada por los trozos del antiguo Imperio español ultramarino, es decir, por los pueblos soberanos que hoy ocupan los territorios que integraban la España imperial. Imperio de ayer que hoy establece un vínculo histórico indiscutido entre las partes que lo componían.

Pero, además de este común vínculo de tipo histórico, hay otros que imprimen una más sólida unidad a esta serie de pueblos, herederos de aquel Imperio. Según el Maestro de la Hispanidad explica a esos pueblos:

“Nuestra comunidad no es racial, ni geográfica, sino espiritual. Es en el espíritu donde hallamos al mismo tiempo la comunidad y el ideal. Y es la Historia quien nos lo descubre. En cierto sentido está sobre la Historia porque es el catolicismo” (Ramiro de Maeztu).

Y el Cardenal Gomá niega la posibilidad de otro sentido que no sea el católico para la noción de Hispanidad:

“Y faltará el secreto de la raza, de la hispanidad que, o es palabra vacía, o es la síntesis de todas los valores espirituales que, con el catolicismo, forman el patrimonio de los pueblos hispanoamericanos”.

Oigamos también a este respecto el testimonio del escritor nicaragüense Pablo Antonio Quadra. Quadra es hispanista, y valiente luchador antiliberal por añadidura, “católico de espada al cinto”, como gusta de llamarse él mismo. Con su juvenil y dinámico estilo, describe así los factores de unidad que enlazan a los pueblos de la Hispanidad:

“Una misma lengua enlaza los pensamientos en la hermandad de los labios. Una misma religión proclama un único Dios, y es la misma oración la que, como un meridiano tendido, lanza hacia la Cruz de Cristo la saeta del alma. Uno es también el pasado y una la historia, y hasta la misma tierra, unida al espíritu, parece responder a esa necesidad de unión vertebrando su cordillera, que naciendo a los pies de la Virgen morena de Guadalupe (segundo Pilar para el gran arco cristiano del Imperio), pasa por aquí, entre nosotros, elevando nuestras montañas, y recorre todo el cuerpo de América hasta morir con Magallanes en el Estrecho.

Y como efectos naturales de esos grandes elementos de unidad, podemos luego sorprender el arte, la poesía, el destino campesino, hasta la misma vida, enlazados, no sólo verticalmente en la sangre, sino horizontalmente, también en la hermandad. Se puede decir que hasta una misma canción de cuna arrulla con su himno maternal la inocencia toda de América”.