Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Hispanoamérica. La verdad

Hispanoamérica. La verdad 144

11 lunes Nov 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (20)

El ideal del reinado “colonial” de Jesucristo, sublimente realizado en la América hispana, fue el ambiente propicio en que la epopeya misionera halló su fecunda expansión (4)

Real y Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino

Y aquel Reinado “colonial” de Jesucristo favorecido por la Madre Patria en sus dominios, no ha sido estéril. Hoy las naciones hijas de aquella época, después de formas postizas de Constitución y Gobierno, que no les cuadran en modo alguno, no sólo por no ser las de su tradición histórica, sino por oponerse algunas de ellas a los principios cristianos, parece se quieren acercar de nuevo a Cristo Rey, fuente de todo bien para la sociedad. Ejemplo tenemos en la Argentina, de quien Su Santidad alababa en 1948 el puesto que su Constitución ha reservado al Rey de las Naciones, “de acuerdo con las mejores tradiciones de sus antepasados”.

“En la cúspide misma de una brillantísima carrera, enriquecida por el trabajo, la experiencia y los abundantes méritos al servicio de su Patria, la Divina Providencia y la honrosa confianza del excelentísimo señor Presidente de la República Argentina han conducido a vuestra excelencia a esta Eterna Ciudad, en el corazón del mundo católico, para ser embajador extraordinario y plenipotenciario de una nación que—como con religiosa satisfacción y patriótico orgullo Su Excelencia acaba de poner de relieve—proclama a Dios “fuente de toda razón y justicia” en el preámbulo mismo de su Constitución y reconoce a la religión católica, apostólica y romana un puesto de honor, de acuerdo con las mejores tradiciones de sus antepasados europeos, de la católica y fecunda Madre Patria española”.

(Discurso al general Nicolás C. Accame, nuevo embajador de Argentina ante la Santa Sede, 6-II-1948.)

*     *     *

Después de recorrer, los abundantes documentos de Pío XII que encomian con entusiasmo los frutos cosechados por España católica en América durante los tres siglos de epopeya, no carecerá de interés echar una mirada retrospectiva al conjunto de la labor.

He aquí cómo presentaba esta visión sintética Monseñor Cicognani, Nuncio de Su Santidad en España, en un autorizado discurso que pronunció el 11 de octubre de 1943, al inaugurarse en Navarra un seminario dominico de vocaciones para América:

“Este seminario es un documento más, un nuevo eslabón que une a la gloriosa Orden dominica con la América española. Desde el P. Deza que alentaba los proyectos de Colón, hasta los primeros misioneros, que inmediatamente después del descubrimiento afrontaron la travesía del océano y las siguientes dificultades de abrir la primera senda del Evangelio en aquellas inexploradas y vastísimas regiones; desde los cuidados amorosamente maternales que desplegaron en favor de los indios, hasta los estudios del Padre Vitoria, que trazó las aspiraciones y asentó los principios jurídicos de aquella colonización, la historia de la evangelización de América es un cántico y una exaltación de la obra generosa y abnegada de los dominicos españoles.

Y fueron aquellos afanes y fatigas apostólicas de los hijos de Santo Domingo, y fueron aquellos principios jurídicos establecidos por el gran teólogo dominicano, los que contribuyeron a formar América e hicieron de un mundo informe sentado en las tinieblas de la muerte, un conjunto de naciones prósperas, abiertas a la luz de la fe, de la cultura y del legítimo progreso humano, verdadera esperanza del mundo por el vigor virginal de su juventud”.

“Y nos fueron estos ideales (religioso, de humana fraternidad y cultural) fruto de las circunstancias o derivación fortuita de la marcha de los acontecimientos, ¡no! Desde el principio de la asombrosa hazaña del descubrimiento y de la conquista, ellos fueron el motor del gigantesco esfuerzo español: consignados están claramente en un testamento célebre, programa incomparable de colonización cristiana, y elaborados y desarrollados en todo un conjunto de leyes que, cuanto más se estudian y conocen, más a las claras demuestran cuán ardientes y operantes fueron aquellos ideales en el corazón de los reyes, de los conquistadores y de los misioneros españoles. Cada legajo que se desempolva en el grandioso Archivo de Indias es una nueva apología de la labor cristianamente civilizadora de España en América.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 143

04 lunes Nov 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (19)

El ideal del reinado “colonial” de Jesucristo, sublimente realizado en la América hispana, fue el ambiente propicio en que la epopeya misionera halló su fecunda expansión (3)

Sin título“Un Congreso Eucarístico entronca siempre con las grandes tradiciones eucarísticas del pueblo donde se celebra, si este pueblo no es un neófito. Cuatro siglos de cristianismo habéis vivido y esos siglos están repletos de hazañas eucarísticas.

Todos hemos leído, entre dulces lágrimas de emoción, las narraciones de aquellas sencillas fiestas eucarísticas, sobre todo de las fiestas del Corpus, que se celebraban en las antiguas reducciones. Todos tenemos viva la memoria de aquéllas, porque ha venido a avivarla en este misino año la gloria de los primeros mártires de las reducciones, que la Iglesia ha elevado a los altares (296).

(296) Estos tres mártires, beatificados por Pío XI el 28 de enero de 1934, fueron tres sacerdotes de la Compañía de Jesús: Roque González, natural de La Asunción (Paraguay), y Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, misioneros españoles. Se encontraban al frente de una de las Reducciones, cuando fueron atacados y matados a golpes de macana, a instigación de un indio apóstata (1628).

Parece como si el corazón del P. Roque González volviera a hablar de nuevo para decirnos cómo se celebraban las antiguas fiestas eucarísticas de la Argentina (297).

(297) Recuérdese que las Reducciones de los guaraníes abarcaban toda la zona en que estos pueblos vivían. Es decir, parte del Brasil actual, del Paraguay, del Uruguay y de la Argentina. De esta última, dos provincias: Corrientes y Entre Ríos.

Cantan y bailan los naturales en ellas con inocencia de paraíso y con ritmo bíblico en torno al arca de la Nueva Ley; los bosques dan sus ramas y sus pájaros; la tierra, sus flores y sus frutos; hasta los ríos dan sus peces para simbolizar de un modo a la vez primitivo y sublime que es del Señor la tierra y toda su plenitud; Jesús desde la Hostia se ve rodeado de corazones coronados con macizas virtudes evangélicas como si hubiera bajado a un huerto y le acariciara el perfume de las más bellas flores. Allí se veía realizada, como quizá no se ha realizado jamás en la Historia, la idea, central del presente Congreso: el Reinado de Jesucristo en lo que tiene de íntimo para el alma y en lo que tiene de majestuoso para los pueblos. Ni una sola alma, ni una sola institución podían esquivar los rayos de sol de la Eucaristía.

El grano de mostaza murió en el surco entre pavorosas tempestades, pero no pereció en la esterilidad. Las fatigas apostólicas y la sangre derramada lo fecundaron de tal modo que lo hicieron germinar y transformarse.

Donde la historia, que por lo heroica parece leyenda, dice bosques centenarios, decimos nosotros ahora urbes inmensas; donde decía cantos y bailes primitivos, decimos himnos incomparables brotados al calor del genio y cargados de suavidades y triunfos divinos; donde decía ramas, pájaros y peces, decimos nosotros los tesoros de nuestra civilización acumulados por los siglos, y las magnificencias de la vida moderna; donde decía unos centenares de almas sencillas e inocentes, decimos muchedumbres argentinas en las que el cristianismo tradicional y añejo heredado de los abuelos palpita vibrante en corazones templados con áureas vírgenes del Nuevo Mundo; muchedumbres cosmopolitas venidas de los más lejanos puntos del planeta para proclamar a Jesucristo por Rey del Universo en esta tierra vigorosa que ha sabido forjar un pueblo compacto, en el que los elementos más ricos y diversos se han fundido en armoniosa unidad y original potencia.

Pero en esta grandiosa metamorfosis, la metamorfosis de los pueblos americanos que han ido formando los siglos entre una historia épica de heroísmos, algo permanece y debe permanecer inmutable, y es el alma de esas tradiciones seculares, el espíritu que flota todavía y se extiende como el buen olor de Cristo por toda la América meridional.

La nota fundamental de ese espíritu es que Jesús se veía rodeado de almas limpias y podía apacentarse entre lirios y rosas. La otra característica es que, al proclamarse allí la realeza de Cristo, no se pronunciaba una palabra vacía, ni siquiera una palabra mutilada en su más hondo sentido, sino una palabra llena de asombrosas realidades.

Veo llegar hasta nosotros la gran corriente de la primitiva tradición cristiana de vuestra República para informar todo el Congreso. Los siglos cristianos la han ido transmitiendo de generación en generación.

Que en este punto no haya más que una diferencia. Aquellas fiestas primitivas eran como una flor silvestre ignorada que esparcía su aroma en las profundidades de los bosques o en la soledad de la llanura, y las nuestras queremos que sean una proclamación tan grandiosa de la realeza de Cristo que la oiga toda la redondez de la tierra”.

(Discurso del Cardenal Pacelli, Legado Pontificio, en la inauguración del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Buenos Aires, 10-X-1934.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 142

28 lunes Oct 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (18)

El ideal del reinado “colonial” de Jesucristo, sublimente realizado en la América hispana, fue el ambiente propicio en que la epopeya misionera halló su fecunda expansión (2)

Jesús Crucificado (1)Una parecida disociación de fuerzas—como explican los propios autores franceses—retardó el desarrollo de las después tan florecientes misiones del Canadá. En efecto, los apóstoles católicos de esa región no recibieron apoyo ni se vieron protegidos firmemente por el gobierno de la metrópoli hasta que Richelieu, en 1627, tomó seriamente a su cargo la nueva cristiandad. Leemos a este propósito en la revista “Verbe”: “La historia de las grandes empresas; coloniales ofrece, a quien la estudia con atención la prueba más convincente de la importancia de la espada temporal con respecto a la evangelización de los pueblos. Quien no se preocupa por descubrir las causas de los sucesos se asombra naturalmente, al ver cuán difíciles fueron los comienzos en el Canadá, mientras que los españoles habían conquistado tan fácilmente su vasto imperio”. Y el articulista descubre acertadamente el motivo de la diversidad de resultados de conversión en las diferentes circunstancias en que se hallaban ambas metrópolis. Mientras la España del siglo XVI, pletórica de fuerzas humanas y espirituales, gozaba de la unidad religiosa y política, que le procuró la energía de sus católicos reyes, Francia se veía entregada a las guerras de religión y a luchas políticas extenuantes. Hasta el advenimiento de Richelieu, y de Luís XIV después, no fue Francia propiamente Un Estado misionero.

No sucedió así en la colonización iberoamericana. Lo que en las Reducciones—por las particulares, y temporales circunstancias del país—era unidad de poder, en el resto del inmenso dominio español era unión de poderes, distintos entre sí, pero siempre con un marcado tinte de soberanía de lo religioso sobre todas las manifestaciones de la vida social. La vida colonial estaba toda ella penetrada de lo religioso, si cabe más que en la península, por haberse podido levantar allí de planta todo el edificio social cristiano sin miramientos, con tradiciones o privilegios más o menos profanos. En la América colonial española Jesucristo presidía todas las instituciones, desde las audiencias virreinales hasta los concejos y ayuntamientos del interior. Y tanto las solemnes tomas de posesión de los virreyes y ministros reales cómo los sencillos nombramientos de alguaciles, todo se hacía en el nombre augusto de la Santísima Trinidad. ¡No había sociedad más exenta de liberalismo que la formada por las colonias hispánicas!

¡Clericalismo!, exclamarán los católicos liberales. Catolicismo, y Romanismo, y Evangelio, afirmamos con decisión nosotros, respaldados por toda la doctrina pontificia de ciento cincuenta años, para no decir de veinte siglos.

Porque la Iglesia siempre ha sentido idénticamente respecto a la conjunción de los dos poderes.

La prueba más adecuada para nosotros es que ella misma inspiró la estructura social de las Españas ultramarinas, tal como acabamos de exponerla. Los adversarios del Catolicismo lo sabían bien, y, por ello, al tomar a aquel régimen como blanco de sus invectivas, no lo separan de la misma Esposa de Cristo. Y aun algunos—como el cínico Déberle—tienen el blasfemo atrevimiento de reprender directamente a la Iglesia por haber permitido tantos “desmanes”.

Lo cual nos confirma en nuestra posición doctrinal y en nuestra “tesis colonial”: “Ladran, luego cabalgamos”.

Pío XII no albergaba seguramente diversos sentimientos cuando al dirigir complacido sus recuerdos a aquellos felices tiempos de la Reducciones—extremada contextura a que puede llegar la unión de la Iglesia y el Estado—veía en ellas “realizada, como quizá no se ha realizado jamás en la historia, la idea del Reinado de Jesucristo en lo que tiene de íntimo para el alma y en lo que tiene de majestuoso para los pueblos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 141

21 lunes Oct 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (17)

El ideal del reinado “colonial” de Jesucristo, sublimente realizado en la América hispana, fue el ambiente propicio en que la epopeya misionera halló su fecunda expansión (1)

“La conquista y colonización de América constituye un episodio sin parangón posible con cualquier otro tipo de conquista. El Estado no tiene fines propios y no aparece sino como el instrumento temporal necesario para la realización de fines espirituales. La penetración religiosa llega a ser un puro fin al que se supedita lo político, lo social y lo económico… La realidad de la obra cumplida por aquella fusión del Estado en los fines universales de la Iglesia está en pie; está además a la vista”.

Vicente D. Sierra

*     *     *

Misioneros españolesHemos ido siguiendo, orientados por la enseñanza de Pío XII, las múltiples y sublimes facetas de la gesta misionera. Estábamos convencidos de haber agotado los textos del Papa Pacelli, referentes a este capítulo, cuando encontramos, en el fondo mismo del manantial, un magnífico discurso, que habíamos descuidado investigar por pertenecer a la época precedente a su elevación al Supremo Pontificado. Con este texto, creemos haber apurado hasta las últimas gotas del copioso venero del Papa de la Hispanidad.

El Cardenal Pacelli pronunció las admirables palabras que vamos a citar—coronación lógica o base si se quiere de todas las suyas posteriores—en tierras precisamente hispanoamericanas. Era el año 1934, cuando el Cardenal Secretario de Estado de Pío XI asistía como Legado Pontificio al Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires.

Al contemplar a Jesús aclamado por Rey con tanta sinceridad por millones de almas, y homenajeado por los dignatarios públicos de la nación argentina, el Cardenal Pacelli volvió su mirada, como por fuerza irresistible, al pasado de América, buscando la fuente originaria del actual triunfo del Redentor. ¿Cuál era ésta? Sus palabras evocadoras nos lo dirán: ¡El sentido cristiano de la colonización de América! Sentido que el Cardenal descubrió plasmado en su ejemplar más atractivo y simbólico: las Reducciones del Plata.

¡Las Reducciones guaraníes! Esta curiosa organización social venía fundamentada por una idea soberana y eminentemente católica, originalmente aplicada en aquellos territorios: La Realeza social de Jesucristo sobre los pueblos y sobre las instituciones. En aquellos poblados indios, el báculo y el cetro eran empuñados por una misma mano, que obedecía, a su vez, directamente a Jesucristo. En este régimen de las reducciones estaba simbolizada de la manera más bella y extremada la unión de los dos poderes, el civil y el religioso, inspiradora del desarrollo armónico de toda la vida colonial americana.

Señalamos de paso que lo que ha faltado desgraciadamente en las grandes partes frustradas colonizaciones modernas, ha sido una noble y equitativa unión del sacerdocio y el imperio, para cooperar conjuntamente a establecer la civilización cristiana integral en los países dominados. La Iglesia Católica ha trabajado en ellos con admirable ardor, es verdad. Sin embargo, algo les ha faltado. Cómo dice muy bien Ramiro de Maeztu:

“Lo que necesitarían los misioneros para la mayor fecundidad de sus esfuerzos, es que se produjera en los países donde laboran, algo parecido a la conversión de Constantino, o mejor aún, la cristianización del Estado. Porque les falta la ayuda que en las tierras conquistadas por la Monarquía Católica de España recibían del poderío, el ejemplo y la enseñanza de las autoridades seculares, siguen siendo infieles las grandes masas del Asia y del África”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 140

15 martes Oct 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (16)

Las mezclas de razas,nota propia de la colonización indiana, da a la gigante epopeya un cariz de cristianismo y humanidad inigualado

Catedral de Lima - Perú“Fusión de sangre, porque España hizo con los aborígenes lo que ninguna nación del mundo hiciera con los pueblos conquistados: cohibir el embarque de españolas solteras para que el español casara con mujeres indígenas, naciendo así la raza criolla, en la que, como en Garcilaso de la Vega, tipo representativo del nuevo pueblo que surgía en estos países vírgenes, la robustez del alma española levantaba a su nivel a la débil raza india. Y el español, que en su propio solar negó a judíos y árabes la púrpura brillante de su sangre, no tuvo empacho de amasarla con la sangre india, para que la vida nueva de América fuera, con toda la fuerza de la palabra, vida hispanoamericana. Ved la distancia que separa a España de los sajones, y a los indios de Sudamérica de los pieles rojas”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

*     *     *

La comunidad de sangre, originada por la fusión de estirpes o mestizaje—palabra no por desacreditada ante los ojos del mundo, menos cristiana y menos noble—es, con la fe y con la cultura, el elemento que más firme y amablemente unifica a los pueblos.

Entre estos tres factores de cohesión, la primacía se la lleva la fe, como más trascendente; después la cultura, no sometida a las mutaciones etnográficas de los pueblos y de difícil pérdida. Una y otra son el legado más común de los pueblos hispánicos, bien que la primera prevalece en universalidad sobre la segunda, pues hay en América ciertos linajes a los que España no logró llevar totalmente su cultura y su lengua, como es el caso de las tribus nómadas andinas, pero a los que sí logró ganar para el cristianismo.

El pueblo español menos aún pudo mezclar en breve tiempo su sangre con tantos millones de seres que poblaban el Nuevo Mundo; aunque, eso sí, aquella generación de colonizadores no puso otro coto a sus planes de asimilación racial que la capacidad de sus fuerzas.

En resumen, los españoles consiguieron enseñar a casi todos los indios la doctrina de la salvación y la lengua ubérrima de Castilla, y, en la medida que pudieron, iniciaron el mestizaje, con la intención cristianísima de crear vínculos indestructibles de sangre entre la metrópoli—en su genuino significado de “ciudad madre”—y los pueblos colonizados, para que la unión entre ambos fuese más duradera y más humana.

Esta fusión de estirpes se continúa hoy día en América con vigoroso empuje, de tal manera que en un futuro próximo ya no habrá más indios puros, ni más blancos puros. Se habrá formado un pueblo nuevo y uniforme, un pueblo mestizo. El mestizaje es, pues, una de las notas más peculiares y gloriosas de la epopeya misionera (291).

(291) Adviértase que gran número de las palabras que designan los cruzamientos entre razas humanas son de origen hispanoamericano (zambo, mulato, cuarterón, mestizo, etc.). ¡No en vano fue en América donde se rompieron por primera vez las barreras que separaban a las diferentes estirpes de la tierra!

Poblaciones indígenas, publicación de la O. I. T. (Oficina Internacional del Trabajo), divulgaba hace unos años la siguiente estadística del mestizaje en las naciones iberoamericanas, claro exponente del potente movimiento fusionador.

descarga

Pío XII ha captado finamente este cristiano abajamiento de la raza superior, y le pondera entre los puntos de su doctrina sobre la colonización americana. Y nótese que el Papá habla a un pueblo, al tratar este asunto, que no pudo beneficiarse sino en dosis relativamente escasas—por lo menguado de los contingentes colonizadores—de los cruzamientos con sangre española.

“Conquista principalmente pacífica, fusión de estirpes, que sólo la fuerza aglutinante de la religión pudo realizar con misión maternal, sólo el aliento unánime de una fe, profundamente arraigada, pudo mantener entre tantas vicisitudes”.

(Radiomensaje al Congreso Mariano Nacional de Filipinas, 5-XII-1954.)

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

← Entradas anteriores
Entradas recientes →
marzo 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
« Sep    

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Unión Seglar de San Antonio María Claret

P. José María Alba Cereceda, S.I.

palba2

Archivos

Categorías

  • Artículos (1.171)
  • Artículos – Contracorriente (919)
  • Carta Dominical (118)
  • Chispicas (266)
  • Cosicas (108)
  • De Hispanoamérica (1)
  • Dominicas (266)
  • El Coladero (1)
  • El nacimiento de la España moderna (75)
  • Francisco franco (176)
  • Guerra Campos (286)
  • Hemos leído (99)
  • Hispanoamérica. La verdad (192)
  • Historia de España (57)
  • Hitos (175)
  • Imagén – Contracorriente (132)
  • La Iglesia vive de la Eucaristia (22)
  • La voz de los santos (154)
  • Magisterio (38)
  • Meditaciones de la Virgen (174)
  • Mensajes de fe (214)
  • Miguicas (265)
  • Mojones (184)
  • Mostacicas (265)
  • Noticas (10)
  • Oraciones (391)
  • P. Manuel Martínez Cano (736)
  • Padre Alba (268)
  • Palabras de Dios (94)
  • Para pensar (27)
  • Pensamientos (99)
  • Pensar es sano (111)
  • Sabaticas (266)
  • Santos (111)
  • Semillicas (265)
  • Sintonía con la jerarquia (184)
  • Uncategorized (1.327)
  • Vida mixta (13)
  • Vida religiosa ayer, hoy y mañana (22)

Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

Twitter Papa Francisco

Mis tuits

Twitter P. Cano

Mis tuits

“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

www.holyart.es

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • Contracorriente
    • Únete a otros 279 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Contracorriente
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...