Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (17)

El ideal del reinado “colonial” de Jesucristo, sublimente realizado en la América hispana, fue el ambiente propicio en que la epopeya misionera halló su fecunda expansión (1)

“La conquista y colonización de América constituye un episodio sin parangón posible con cualquier otro tipo de conquista. El Estado no tiene fines propios y no aparece sino como el instrumento temporal necesario para la realización de fines espirituales. La penetración religiosa llega a ser un puro fin al que se supedita lo político, lo social y lo económico… La realidad de la obra cumplida por aquella fusión del Estado en los fines universales de la Iglesia está en pie; está además a la vista”.

Vicente D. Sierra

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Misioneros españolesHemos ido siguiendo, orientados por la enseñanza de Pío XII, las múltiples y sublimes facetas de la gesta misionera. Estábamos convencidos de haber agotado los textos del Papa Pacelli, referentes a este capítulo, cuando encontramos, en el fondo mismo del manantial, un magnífico discurso, que habíamos descuidado investigar por pertenecer a la época precedente a su elevación al Supremo Pontificado. Con este texto, creemos haber apurado hasta las últimas gotas del copioso venero del Papa de la Hispanidad.

El Cardenal Pacelli pronunció las admirables palabras que vamos a citar—coronación lógica o base si se quiere de todas las suyas posteriores—en tierras precisamente hispanoamericanas. Era el año 1934, cuando el Cardenal Secretario de Estado de Pío XI asistía como Legado Pontificio al Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires.

Al contemplar a Jesús aclamado por Rey con tanta sinceridad por millones de almas, y homenajeado por los dignatarios públicos de la nación argentina, el Cardenal Pacelli volvió su mirada, como por fuerza irresistible, al pasado de América, buscando la fuente originaria del actual triunfo del Redentor. ¿Cuál era ésta? Sus palabras evocadoras nos lo dirán: ¡El sentido cristiano de la colonización de América! Sentido que el Cardenal descubrió plasmado en su ejemplar más atractivo y simbólico: las Reducciones del Plata.

¡Las Reducciones guaraníes! Esta curiosa organización social venía fundamentada por una idea soberana y eminentemente católica, originalmente aplicada en aquellos territorios: La Realeza social de Jesucristo sobre los pueblos y sobre las instituciones. En aquellos poblados indios, el báculo y el cetro eran empuñados por una misma mano, que obedecía, a su vez, directamente a Jesucristo. En este régimen de las reducciones estaba simbolizada de la manera más bella y extremada la unión de los dos poderes, el civil y el religioso, inspiradora del desarrollo armónico de toda la vida colonial americana.

Señalamos de paso que lo que ha faltado desgraciadamente en las grandes partes frustradas colonizaciones modernas, ha sido una noble y equitativa unión del sacerdocio y el imperio, para cooperar conjuntamente a establecer la civilización cristiana integral en los países dominados. La Iglesia Católica ha trabajado en ellos con admirable ardor, es verdad. Sin embargo, algo les ha faltado. Cómo dice muy bien Ramiro de Maeztu:

“Lo que necesitarían los misioneros para la mayor fecundidad de sus esfuerzos, es que se produjera en los países donde laboran, algo parecido a la conversión de Constantino, o mejor aún, la cristianización del Estado. Porque les falta la ayuda que en las tierras conquistadas por la Monarquía Católica de España recibían del poderío, el ejemplo y la enseñanza de las autoridades seculares, siguen siendo infieles las grandes masas del Asia y del África”.