Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Hispanoamérica. La verdad

Hispanoamérica. La verdad 129

30 martes Jul 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (5)

Veamos cómo Pío XII expone cada uno de esos seis elementos principales que integraron la colonización española.

La fe, sublime y verdadera civilización de las almas, es el mayor tesoro que llevó España a las tierras de su patrimonio (1).

“Nosotros encontramos una América idólatra y bárbara y se la entregamos, entre dolores de alumbramiento, a la civilización y a Dios”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

“España rompió los viejos límites del mundo conocido, descubrió un continente nuevo y le evangelizó para Jesucristo”.

(Pío XII, 18-XI-1945).

Misionero evagelizandoQuién tiene en su inteligencia bien ordenados los criterios y rectamente jerarquizados los valores, es el único capacitado para apreciar la magnitud de la empresa española en América. El que confiese con la Iglesia que nada hay superior a la fe y al bautismo, y que ambos dones divinos valen más que todo lo creado, incluso la vida -pues estamos obligados a perderla antes que mancillar aquélla o no alcanzar aquél—, no dudará en admitir la infinita superioridad de la colonización española sobre otras protestantes o liberales. El solo hecho de que España facilitara la predicación de la verdadera fe y la administración del bautismo católico a millones de almas, de niños o adultos, levanta a nuestra epopeya por encima de cualquier otra colonización—por benéfica que haya podido ser en otros aspectos—si ha descuidado la difusión de la fe romana.

Supongamos, por un imposible histórico, que la colonización española no hubiera aportado ningún beneficio cultural o humano a los pueblos conquistados, sino sólo el don de la fe verdadera, aportación que pocos se atreven a negar. Imaginemos, por otra parte, una colonización acatólica o laica que hubiera conseguido incorporar seriamente a la cultura del espíritu humano y al progreso técnico a sus pueblos coloniales, pero que al mismo tiempo los hubiera dejado sumidos en sus falsos ritos y abyectas costumbres. ¿Cuál de las dos colonizaciones prevalece? Quien tenga, aunque sólo sea un rayito de fe, brillante aún en su espíritu, falle en este juicio… Más vale a ese pueblo—para aplicar una sentencia evangélica—cojo o tuerto o manco de bienes de esta vida, tener abierta la puerta del Cielo, que con los dos pies o los dos ojos y las dos manos, con trenes y pantanos, con institutos y academias, precipitarse en el infierno.

Pero la realidad, en nuestro caso, es aún más halagüeña. No sólo se aventaja la civilización española por la fe católica, única verdadera, que supo llevar a sus colonias, sino que además consiguió acompañarla de rica cultura y de esplendorosa civilización.

El profesor argentino Vicente Sierra, especialista en estas cuestiones, explica acertadamente la diferencia originaria entre la colonización de tipo ibérico, esencialmente religiosa, y las colonizaciones nórdicas o sajonas, concebidas en troqueles opuestos.

“Éticas distintas determinan hechos diferentes. Los historiadores que en la primera empresa de Colón sólo han visto fantasías orientales a la pesca de tesoros, no pueden acomodar este sentido expedicionario al misional que adquiere de inmediato la segunda expedición; y no lo pueden acomodar porque no advierten que hasta la avaricia necesita ser explicada por algo más que la simple atracción de la riqueza. Desprender la historia de sus contenidos morales es renunciar a hacer historia. Por eso, cuando se identifica la colonización española en América con tantas otras empresas de conquista realizadas por Inglaterra o por Holanda, para citar a las dos más altas expresiones de la colonización moderna, es que no se comprende que son cosas distintas, profundamente diferentes, sin sello alguno de identidad para poder compararlas. Obedecen a conceptos éticos opuestos que determinan dos posiciones económicas igualmente contrarias. Hay en una puros afanes de riqueza, hay en la otra puros afanéis de almas. Ambas responden a las directivas espirituales de las respectivas metrópolis, y es evidente que adentrándose en ellas, de la España de la conquista de Granada, de la Contrarreforma, de la de los Autos Sacramentales, de la del Concilio de Trento, de la de la Compañía de Jesús, de la de Vitoria y Suárez, no podía surgir una colonización, sino una misión; así como de la Inglaterra puritana, la de “Glorious revolution”, la de los robos de los bienes de la Iglesia, la de las leyes contra los pobres, la de los piratas y corsarios, la de la Economía política y el Libro de Oraciones aprobado por el Parlamento, no podía salir una misión, sino una colonización”.  

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 128

25 jueves Jul 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (4)

Apología de la HispanidadAsí como en el ambiente propicio, que había creado en América la fe derramada a manos llenas, pudieron germinar virtudes heroicas y forjarse santos, del mismo modo, en el terreno humano, gracias a la cultura profusamente extendida, aquella civilización hispanoamericana no ha dejado de producir en todo tiempo personas destacadas, hombres de carácter, egregios gobernantes, personalidades de reconocidos quilates científicos, que son hoy la prez de la obra cultural de España en los países otrora sometidos a su cetro.

No menos florecieron en el periodo colonial artistas y literatos de ingenio. Se ha dicho, con razón, que “el arte y la poesía son el espejo de la civilización de los pueblos”. En efecto, en ambas disciplinas se expansionan las potencias superiores del hombre, cuando han Regado al culmen de su desarrollo natural.

Las eminencias que ilustraron América, tanto las científicas como las literarias, pregonan con sus brillantes obras la excelencia de la civilización a cuyo calor se formaron.

Por eso, hemos separado algún testimonio de Pío XII sobre las lumbreras destacadas de Hispanoamérica.

*     *     *

A este bosquejo de la estructura colonial hispanoamericana añadiremos un último trazo: la fusión de las razas, lograda por medio del noble y cristiano cruzamiento. Elemento de civilización no necesario de sí, pero—hay que reconocerlo—eficacísimo, y casi imprescindible en la práctica, para alzar a un pueblo del salvajismo a una vida auténticamente civilizada.

La religión y la cultura -factores esenciales de toda civilización- pueden, sí, ser infundidos en los pueblos colonizados sin que sea menester al colonizador mezclar su propia sangre con la sangre conquistada. Pero el proceso de asimilación es mucho más lento, y no alcanza los resultados asombrosos del mestizaje. Antes de poner peros a esta afirmación se ha de tener en cuenta que las razas: salvajes arrastran generalmente en sus venas las inmundicias amontonadas por degradantes vicios ancestrales. La lujuria más antinatural, la crueldad, la holgazanería, han ido dejando su poso envilecedor en el caudal hereditario de la mayor parte de los pueblos inferiores. Cuando un pueblo superior se impone la dura función de purificar ese caudal, dos caminos se ofrecen a su noble afán: el primero, que rechaza el mestizaje o la mezcla de la raza superior con la inferior, trata de purificar el alma salvaje, creando en ella nuevos hábitos a fin de que éstos logren tras recias luchas, continuadas durante varias generaciones, contrarrestar y superar el pernicioso remanente requisito acumulado durante varias centurias; el segundo camino consiste en infundir directamente en las arterias de la raza sangre más pura, más casta, más trabajadora, más cristiana. Este segundo proceso es, a no dudarlo, más rápido y más eficaz.

Pues, bien: España prefirió heroicamente este segundo, dejando el primero a otros pueblos que no tuvieron valor y arrestos cristianos para abajar su sangre hasta fundirla con la de otras estirpes.

Sabido es que se ha dado un tercer método de “purificación” (¡o de exterminación!) a cargo de ciertas colonizaciones de tipo protestante, que, sin ningún temor de Dios y ávidas solamente de oro y especias, no se han detenido ante ningún horror. Consiste este método en hacer desaparecer la sangre impura por la destrucción sistemática de sus representantes. Más que purificar la sangre, se trata de purificar el territorio… Pero, claro está, la opción de este camino inhumano no es lícita en ningún caso a cualquier pueblo que conserve algún asomo de cristianismo.

El primer método es, pues, la mera cohabitación de estirpes. El segundo es la cristiana fusión de estirpes. El tercero entraña, la exterminación de la estirpe inferior.

Es gloria imperecedera de España católica el que en la civilización de las Indas Occidentales adoptara decididamente el sistema de la fusión de las razas; y su ejemplo a lo cristiano adquiere hoy plena actualidad cuando renacen con marcada crudeza los eternos problemas raciales, y los hombres de buena voluntad anhelan encontrarles soluciones estables.

Religión, santidad, lengua, cultura, héroes y sangre, he aquí, pues, las seis perlas con que España adornó la frente lozana de América al redimirla de la esclavitud material y espiritual en que yacía, para presentarla al gran Rey de las Naciones. Añadiremos una nota más, típica de la colonización española, y avalada por un preciosísimo texto de Pío XII, cuando no era aún más que Cardenal. Nota derivada más o menos de las anteriores, y marco espléndido de su realización: la Realeza pública de Jesucristo, aplicada íntegramente en la sociedad colonial americana.

El Salvador del mundo, recordémoslo una vez más, reinaba en aquel Imperio plenamente, como había reinado en la Edad Media en toda Europa, y como aún reinaba en los Estados europeos de origen latino, preservados de la herejía protestante. La América española venía a formar parte cabal de la cristiandad. Las Indias eran, en realidad, dentro de su pleno sentido, una Nueva España, pues allí como aquí—es frase del Cardenal Pacelli—, “al proclamarse la realeza de Cristo, no se pronunciaba una palabra vacía, ni siquiera una palabra mutilada en su más hondo sentido, sino una palabra llena de asombrosas realidades”.

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 127

15 lunes Jul 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (3)

Inmaculada Concepción - con la lunaEspaña y Portugal—digámoslo como es—son los dos únicos Estados Misioneros que, en gran escala, se dedicaron a trasplantar a sus “colonias” la civilización integral de la metrópoli (257).

(257) Decimos “en gran escala”, porque nadie ignora, por ejemplo, la admirable obra de los franceses en Canadá, de resultados tan duraderos. Una personalidad canadiense—el Cardenal Léger—llamaba a la obra colonizadora de la nación hermana en América del Norte el “fait français en Amérique”. “El hecho francés en América—decía el eminente purpurado—ha sido la expresión pura y alta de una verdadera civilización y un esfuerzo de libertad, cuya trama cotidiana fue tejida por un heroísmo que sacaba sus energías de la fe en los valores espirituales del catolicismo romano… ¿Por qué los fundadores de Nueva Francia no se acogieron nunca a la seguridad temporal detrás de los mostradores de una factoría de pieles? Es que estaban convencidos de que su misión respondía a una vocación, y hubieran experimentado un sentimiento de culpabilidad si la tierra entera no hubiera oído su mensaje… Champlain, Jolliet, Marquette, Iberville, La Vérendrye no vinieron aquí para enriquecerse ni para descansar. Las playas de dorada arena no les atraían, dejaban las presas de caza a los indígenas; despreciaban los yacimientos de oro… Una energía indomable los empujaba hasta los extremos de este imperio; el fin que perseguían mantenía en su voluntad y en su corazón una rectitud que parecía suprimir todas las distancias” (Discurso del Cardenal Léger en Springfield (EE. UU.), 23-V-1954, en la Documentation Catholique, 22-VIII-1954).

Y el mismo Padre Santo, Pío XII, ha dado un testimonio bellísimo del “fait français en Amérique”; “El Canadá desde que recibió la buena nueva, que, a precio de su sudor y de su sangre, le llevaban intrépidos misioneros, no podía ser una excepción en esta regla de oro de la economía divina. El día en que Santiago Cartier plantaba la cruz en las orillas del San Lorenzo, y en cada punto donde abordaba, mostrándola con las manos a los salvajes y alzando los ojos al Cielo; el día en que, poniendo en un árbol la imagen de la Virgen, le confiaba la salvación de su expedición, puesta en peligro por la epidemia, Jesús tomaba posesión de vuestra tierra con su cruz y con su Madre… Por iniciativa de Champlain comenzó a sonar allí en 1634, lo mismo que en la madre patria, el toque del Angelus por la mañana, a mediodía y por la tarde…

Hace más de tres siglos que en vuestro país se daba ya el nombre de María al río y al lago, al pico de la montaña y a la bahía, mientras que la devoción a su corazón purísimo iba santificando las familias y los hogares. El primer establecimiento pudo ser poco más que unas toscas cabañas a lo largo de la ribera de un río; pero hasta allí se consagró una capillita a Dios para honrar a la Inmaculada Concepción de María. Espíritus aguerridos fueron penetrando rio arriba, y la ciudad que fundaron fue ciudad de María, y hasta su mismo grito de batalla, frente a los salvajes de la floresta, fue siempre: Ave Purísima. Pero aquellos viejos campeones… no hubieran podido jamás imaginar una escena como la que hoy presenta el Canadá…, miles y miles de fieles reunidos hacen pública profesión de fe; de una fe que es la rica herencia que el Canadá ha recibido de la vieja Francia…” (Radiomensaje al Congreso Mariano del Canadá, 19-VI-1947).

La Iglesia fecunda madre de instituciones, ha sido la gran inspiradora de estos dos Estados Misioneros. Así como en la Edad Media había hecho germinar, con su vital impulso, un Imperio sagrado, brazo secular de la Iglesia, que fuera ejemplo típico de Poderes al servicio total de la Esposa de Cristo, así también, en la Edad Moderna, supo dar aliento y vida a dos naciones misioneras, modelos únicos de Estados que, conscientes del fin último de todos los hombres, se han dedicado a extender la fe cristiana a otros pueblos. Si sacros imperios no hay más que uno en la historia de la Iglesia, el que se llamó Romano Germánico, los Estados Misioneros se han concentrado en la Península Ibérica.

Por ello, Iberoamérica—con algún pequeño país más—es monotipo de tierras de misiones transformadas definitiva y radicalmente en territorios civilizados y cristianos.

 

 

 

 

 

Hispanoamérica. La verdad 126

08 lunes Jul 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (2)

Catedral de Lima - PerúPero la labor civilizadora de España católica, no se quedó en el terreno estrictamente sobrenatural. Con la fe—y como medio necesario, para transmitirla con garantías de éxito y continuidad—los misioneros y colonizadores juzgaron sabiamente que se imponía el injerto en América del idioma castellano. Así, aquellos pueblos, por el medio cultural de una lengua latina, podrían entrar en contacto más fácil con Roma y con la cristiandad.

Por otra parte, las lenguas indígenas, pobres en recursos de gramática, y carentes de toda tradición literaria, estaban llamadas por la fuerza de las cosas, en una colonización verdaderamente tal, a ser absorbidas por el habla pingüe e ilustrada de los conquistadores. Estos conscientes de la necesidad de este proceso unificatorio, hicieron cuanto estaba en su mano para enseñar a los pueblos nativos su propio idioma. Los excelentes resultados de su esfuerzo están a la vista. En nuestros tiempos, las lenguas primitivas americanas han pasado casi totalizante a los archivos de la lingüística, al ser sustituidas felizmente por las dos lenguas cultas de Iberoamérica.

*     *     *

La cultura, obligada secuela de la lengua, abordaba con el habla castellana a tierras americanas. En el saber literario y científico que difundían ampliamente las Universidades y los Colegios, encontraban los pueblos del Nuevo Mundo el segundo eje fundamental de toda civilización.

A osadas que civilizar, en su sentido auténtico –que es el cristiano—, no consiste en crear en las colonias unos cuantos centros de servicio médico, instalar ciertas redes de telégrafos y de ferrocarriles, y construir, determinado número de puertos, puentes y carreteras—con fines en mayor o menor grado desinteresados y altruistas—, mientras se abandona a los puebles coloniales—más o menos consciente y aún más o menos intencionadamente—en medio de sus fanáticos y feroces ritos religiosos, estancados en lenguas analfabetas, y entregados a sus costumbres depravadas y salvajes.

Una civilización verdaderamente tal ha de tender a perfeccionar al hombre mismo, más que al territorio donde mora y no de cualquier modo, sino en los órdenes más elevados y propios del ser inteligente. Los cuales no son, por supuesto, el industrial o económico, sino el sobrenatural de la fe y de la religión, y el natural de la cultura y del idioma.

En el respeto a esta jerarquía de valores se destacó soberanamente la civilización que podríamos llamar de tipo ibérico, para no llamarla con más propiedad de tipo cristiano a secas.

Esta civilización “integral”, que elevaba o educaba al hombre todo entero, al hombre “íntegro”, fue patrimonio exclusivo de la civilización creada en América por los dos pueblos hispanos, animados por el impulso de la Iglesia Católica. Un especialista en misionología ha tributado al sistema español de colonización este sincero elogio:

“Los españoles en todas, partes aparecen como constructores: iglesias catedrales, monasterios, hospitales, palacios de los gobernadores, fuertes que defienden todo esto. Ellos crean, no mesas de cambio o factorías, sino ciudades permanentes, tanto en el orden temporal como en el espiritual. Su idea, desde el principio es la misma: adquirir toda la región para la Iglesia Católica. Filipinas y la América española demuestran que obtuvieron un resultado que nadie ha obtenido”.

Si queremos comprender la causa de este singular éxito dentro de la historia misionera de la Iglesia, obligadamente hemos de acudir a la privilegiada situación de la España y Portugal de los siglos XVI y XVII. Ambas naciones contaban en aquel entonces común elemento casi esencial para llevar a naciones bárbaras, en un número de años relativamente corto, los tesoros de la fe y de la cultura cristiana. Este elemento era la mancomunidad de esfuerzos misionales entre la sociedad temporal y la sociedad espiritual, la confluencia en la empresa de todos los recursos de la nación.

Hispanoamérica. La verdad 125

01 lunes Jul 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

≈ Deja un comentario

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Indios Bautizándose

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (1)

“Porque ésta es la característica de la obra de España, en América: darse toda, y darlo todo, haciendo sacrificios inmensos, que tal vez trunquen en los siglos futuros su propia historia, para que los pueblos aborígenes se den todos y lo den todo a España; resultando de este sacrificio mutuo una España nueva con la misma alma de la vieja España, pero con distinto sello y matiz en cada una de las grandes demarcaciones territoriales”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934).

*     *     *

España había recibido de Dios una gracia singular, una heroica y providencial vocación. Más eso no bastaba. España hubiera podido, en rigor, ser infiel a su destino como pueblo. Pero no, como hemos oído también de boca de Pío XII, la nación que sentía correr por sus venas sangre misionera y anhelaba ser madre de pueblos, acudió generosamente al llamamiento divino, convirtiéndose en el heraldo del Evangelio en el Nuevo Mundo.

Los resultados de la larga obra, en parte los vocean incansables las crónicas indianas, y en parte los podemos contemplar nosotros mismos, plasmados en los veinte pujantes retoños del viejo árbol peninsular.

*     *     *

La fe católica es el primer resultado de la epopeya de los mares, y la más hermosa joya con que la Madre España atavió a sus hijas en su nacimiento a la civilización.

La Historia atestigua que, al finalizar el siglo XVI, florecientes misiones santificaban las amplias latitudes americanas, y que grandes contingentes de indios habían ya abrazado la fe católica y estaban sometidos al suave cetro de Jesucristo: el continente podía considerarse ya vasallo del Rey de reyes (254).

(254) Se ha calculado que a finales del siglo XVI, es decir, cien años después del descubrimiento del Nuevo Mundo, había unos catorce millones de indios bautizados. Véase CHARLES: Dassier de l`Action Missionnaire, número 67, Lovaina, 1926-29.

La Iglesia continuaría en los períodos subsiguientes laborando con ánimo constante hasta arrebatar los últimos reductos de la infidelidad. Y hoy las misiones vivas en América están reducidas a menguadas zonas del interior o de las extremas latitudes, cuyos aborígenes quedan por entrar en el redil de la Iglesia. De tal manera que las tierras que dependían en otro tiempo de las dos Coronas ibéricas son actualmente pueblos católicos en su inmensa mayoría; y, a pesar de las corrientes liberales que los han azotado durante más de cien años, muchos de ellos hacen constar valientemente en sus constituciones que el Catolicismo es la religión de la generalidad de su pueblo y la única del Estado (255).

(255) Por ejemplo, Venezuela, Perú, Santo Domingo, Costa Rica, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Argentina (véase el discurso en que Pío XII felicita a esta última nación por su catolicismo oficial, 6-III-1948), etc. (Datos tomados del Diccionario abreviado Espasa Calpe, 1955)

Haber engendrado tan intrépida descendencia es el más bello blasón del león, ibérico, y sus cachorros son su gloria y su corona.

*     *     *

La santidad es fruto exclusivo de una fe arraigada: los santos no nacen en campos estériles bañados por aguas superficiales. La flor, delicada de la virtud heroica necesita, por lo general, para poder brotar, una tierra cultivada ya durante varias generaciones por sólidas virtudes cristianas. Y éstas son patrimonio de países franca y profundamente creyentes.

La hagiografía de veinte siglos de cristianismo hace palmaria esta verdad: ¡Los santos no se improvisan!

Ahora bien, la floración de mártires, confesores y vírgenes, que adornó profusamente el vergel colonial de las Indias—episodio señero de dos anales de las misiones católicas—, es un indicio claro de que el catolicismo americano no era algo superficial y pasajero, como se ha repetido tan: machacona como indocumentadamente por los adversarios de esta gran hazaña misionera, sino que había penetrado hondamente en los pueblos coloniales. En realidad, no era sino el añejo y generoso catolicismo español, que, trasegado cuidadosamente cual preciado licor, a nuevas y espaciosas bodegas en el otro lado del mar, seguía produciendo sus dulces efectos.

← Entradas anteriores
Entradas recientes →
marzo 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
« Sep    

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Unión Seglar de San Antonio María Claret

P. José María Alba Cereceda, S.I.

palba2

Archivos

Categorías

  • Artículos (1.171)
  • Artículos – Contracorriente (919)
  • Carta Dominical (118)
  • Chispicas (266)
  • Cosicas (108)
  • De Hispanoamérica (1)
  • Dominicas (266)
  • El Coladero (1)
  • El nacimiento de la España moderna (75)
  • Francisco franco (176)
  • Guerra Campos (286)
  • Hemos leído (99)
  • Hispanoamérica. La verdad (192)
  • Historia de España (57)
  • Hitos (175)
  • Imagén – Contracorriente (132)
  • La Iglesia vive de la Eucaristia (22)
  • La voz de los santos (154)
  • Magisterio (38)
  • Meditaciones de la Virgen (174)
  • Mensajes de fe (214)
  • Miguicas (265)
  • Mojones (184)
  • Mostacicas (265)
  • Noticas (10)
  • Oraciones (391)
  • P. Manuel Martínez Cano (736)
  • Padre Alba (268)
  • Palabras de Dios (94)
  • Para pensar (27)
  • Pensamientos (99)
  • Pensar es sano (111)
  • Sabaticas (266)
  • Santos (111)
  • Semillicas (265)
  • Sintonía con la jerarquia (184)
  • Uncategorized (1.327)
  • Vida mixta (13)
  • Vida religiosa ayer, hoy y mañana (22)

Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

Twitter Papa Francisco

Mis tuits

Twitter P. Cano

Mis tuits

“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

www.holyart.es

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • Contracorriente
    • Únete a otros 279 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Contracorriente
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...