Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Hispanoamérica. La verdad

Hispanoamérica. La verdad 109

11 lunes Mar 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (29)

La Virgen, clave de América cristiana y testigo amoroso de la piedad y espíritu misionero de los civilizadores del Nuevo Mundo

Catedra Basílica - de Puebla¡Templos americanos dedicados a María! Basílicas magníficas, devotos santuarios y piadosas ermitas, cuya construcción fue ejecutada ya, en muchos casos, en el siglo XVI.

¡Bellísimas y luminosas estrellas todos ellos, que—desparramadas en el inmenso firmamento americano—son por sí solas un fehaciente testimonio de la maciza piedad de unos hombres y del sentido de una conquista y de una civilización!

¿Qué nación de América no cuenta por docenas estos fecundos centros de devoción mariana? Venezuela, Colombia, Perú…, la lista es interminable. Pío XII nos habla de algunas de ellas. Empecemos por el país del Orinoco.

“Esta es, venezolanos queridísimos, una de vuestras más fúlgidas glorias (la devoción a María). Canten unos las bellezas de vuestras gigantes cimas, desde donde se despeñan abundantes y caudalosos ríos que, atravesando ora las interminables llanuras de suaves y sabrosos pastos, ora las tupidas florestas, ricas en toda clase de maderas preciosas, van a desembocar en las feraces tierras del próspero litoral o mezclar sus aguas con las del imponente Orinoco; celebren otros la suavidad perenne de vuestro cielo, lo templado de su clima o la buena y amable condición de vuestra gente; pondérese justamente la riqueza que el Señor ha escondido en vuestro suelo o el alto ingenio de vuestros hijos, que tan ilustres nombres—un Mariano de Talavera, un Andrés Bello—han dado a la Iglesia y a la cultura de toda la América hispánica (211).

(211) Andrés Bello (1781-1865), pensador, jurista y poeta notable. Sus trabajas sobre ortología, métrica y gramática son de lo más original que se ha realizado en nuestro idioma.

Para Nos, especialmente en estos momentos, Venezuela será siempre la tierra de la Virgen, y al recorrerla con la imaginación, lo que nos vendrá al recuerdo será la Maracaibo de Nuestra Señora de Chiquinquirá; más al Sur, la Tariba de Nuestra Señora de la Consolación; hacia el centro, la Valencia de la Virgen del Socorro; todavía más allá, Nueva Barcelona con su Virgen del Tucumo, y como capital, Caracas, con sus santuarios de La Merced, de Altagracia y de la Soledad, para citar solamente los primeros que se Nos vienen a las mientes. Y todavía, si del continente quisiéramos, pasar a las islas, nos saldrían a esperar, en la isla Margarita, las torres del templo de Nuestra Señora del Valle…”.

(Radiomensaje a Venezuela, en la coronación de la Virgen de Coromoto, 12-IX-1952).

¿Y Colombia? Pío XII compara esta nación, tan devota de Nuestra Señora, a un bello manto tachonado de piedras preciosas, símbolo de sus innumerables santuarios marianos, que por el brillo y resplandor de su piedad subyugan la mirada y el corazón de todo un pueblo.

“No os sufría el corazón más aplazamiento, porque, Colombia, entre sus muchos títulos de gloria y nobleza —que no en balde fue un día puerta para la fe y la civilización—, cuenta como uno de los primeros el ser un pueblo ardientemente mariano. Su suelo rico y hermoso, lo mismo en las cimas imponentes de sus cordilleras que en las risueñas y fecundas tierras bajas, se nos presenta como un manto precioso, donde fingen perlas y rubíes los incontables santuarios de la Madre de Dios; desde Nuestra Señora de la Peña, en Bogotá, hasta la Virgen de la Popa, en Cartagena; desde la del Rosario, en Tunja, o la del Mangüi, o la de la Candelaria, de Medellín, hasta la devotísima Nuestra Señora de las Lajas, dominando sobre todas estas invocaciones, como el sol entre las estrellas, Nuestra Señora de Chiquinquirá, solemnemente coronada en vuestro primer Congreso Mariano Nacional de 1.919”.

(Radiomensaje al Congreso Nacional Mariano de Colombia, 16-VII-1946.)

Hispanoamérica. La verdad 108

04 lunes Mar 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (28)

La Virgen, clave de América cristiana y testigo amoroso de la piedad y espíritu misionero de los civilizadores del Nuevo Mundo

Nuestra Señora del Rosario y ángeles¿Cuál fue el resultado de la eficaz y providencialísima intervención de la Virgen en la evangelización prodigiosa de tantos pueblos? Que aquellas razas se convirtieran en devotísimas naciones marianas, que hoy todavía arden en amor a su Madre celestial, siguiendo las marcadas huellas de sus progenitores.

Las almas sencillas de los nativos aprendieron en seguida de la boca del misionero y del conquistador el nombre sagrado de María. Vieron con ojos admirados a los hombres blancos, a quienes reconocían como superiores, elevar preciosos monumentos a aquella Virgen hermosa, Madre de su Dios. Acostumbráronse a llamar a sus ríos y a sus montes—bautizados hasta entonces profanamente—con las invocaciones de la Reina nueva, según la denominación adoptada por los descubridores. Vieron a la excelsa Señora honrada y amada por todos. Los nobles hidalgos al igual que los sufridos pecheros, no se avergonzaban de manifestar externamente la tierna devoción que profesaban a aquella Virgen Santa. Y así aprendieron ellos, los sencillos indios, a invocar y amar a la Reina del Cielo. Honraban quizá a la Madre sin conocer apenas al Hijo. Pero pronto ella les llevará, con sus dulces y maternales inspiraciones, a la luz de Jesucristo y a la purificación de sus almas en las aguas del Bautismo. En general, los dóciles aborígenes de América fueron presto, como Juan Diego, devotísimos de la Reina de los Ángeles. Y con ellos, los pueblos y las aldeas indígenas, las tribus y las razas, las ciudades construidas por los blancos y las naciones y virreinatos, y todo el continente fue pronto la “tierra de María”, como ha dicho Su Santidad San Juan XXIII

*     *     *

Pío XII no podía recorrer todos los capítulos de la extensa historia mariana del Nuevo Mundo. Tarea, por otra parte, innecesaria para mostrar un hecho por demás conocido. Pero, cuando la oportunidad se presenta, siempre hay en las palabras del Papa una alusión cariñosa a aquella filial devoción a la Virgen María de los españoles de la conquista.

Se reúne el I Congreso Mariano chileno en Concepción, ciudad elegida como sede de la asamblea por su relevante significado en la historia de Chile, y por conmemorarse precisamente ese año el IV centenario de la fundación de la misma. Pío XII entonces, en unas cuantas líneas, traza la historia mariana de la ciudad de Concepción, iniciada ya al ponerse, la primera piedra y al ser bautizada por Valdivia con el nombre de la excelsa prerrogativa de Nuestra Señora.

“Mas he ahí, casi en el mismo centro del país, a la “Metrópoli del Sur”, la “Perla del Bío Bío”, la “pura y limpia Concepción del Nuevo Extremo” (209), la que en su nombre, en su escudo y en su historia, es toda ella una evocación mariana; la que sube al cerro para arrodillarse ante su Inmaculada o baja a su catedral para postrarse ante su Virgen titular, o se reposa entre las penumbras místicas de San Agustín haciendo compañía a su Virgen del Carmen, o va a dar las gracias a Nuestra Señora de las Nieves, recordando la salvación del Imperio, o vuelve, y vuelve sin cansarse, a su queridísima Virgen del Boldo, a Nuestra Señora del Milagro, para renovarle su voto con el corazón siempre henchido de gratitud. Porque ha sido Ella la que tantas veces, en tantos siglos, la ha protegido, cuando se desencadenaban los temblores de la tierra, los furores del mar o la rabia iracunda de sus potentes y aguerridos enemigos (210).

(210) Concepción, destruida ya varias veces por los fieros indios de los contornos, quedó casi completamente arruinada por los terremotos de 1751 y 1835, pero presto fue reconstruida por sus laboriosos habitantes, con la ayuda de María, que nunca la ha abandonado.

(Radiomensaje al I Congreso Mariano Nacional de Chile, 31-XII-1950.)

Hispanoamérica. La verdad 107

25 lunes Feb 2019

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (27)

La Virgen, clave de América cristiana y testigo amoroso de la piedad y espíritu misionero de los civilizadores del Nuevo Mundo

María Reina de HispanoaméricaMaría es la Emperatriz de América. Veámosla, “como un escuadrón en orden de batalla” luchando las batallas del Señor en los puntos estratégicos del continente. Algunos ejemplos al azar: Chile, Venezuela, Méjico.

Chile—afirma Pío XII en una de aquellas imágenes armoniosas que son el sello de su estilo—“nació a la luz de la fe con el amable nombre de María en los balbucientes labios, gracias a la vieja y fecunda madre de pueblos”.

“Porque Chile—gracias a la profunda piedad mariana de la vieja y fecunda madre de pueblos, de la católica España—puede decirse que nació a la luz de la fe con el amable nombre de María en los balbucientes labios. ¿Qué ciudad o qué aldea, qué remota montaña o qué valle escondido existirá en su dilatado territorio que no esté santificado con la magnífica catedral, el severo templo o la humilde ermita, dedicada a una advocación cualquiera de la Madre de Dios?”.

(Radiomensaje al I Congreso Mariano Nacional de Chile, celebrado en la ciudad de Concepción, 31-X1I-1950).

A los venezolanos, no teme decir Pío XII que María: fue el principal instrumento de que se valió el Señor para atraer a sus antepasados al redil seguro de la Iglesia.

“¡Aclamadla, sí, (a María) aclamadla, amadísimos venezolanos, como medio principal de que la divina Providencia se valió para llevaros el beneficio inestimable de la fe! Pero quienes ya la poseéis, los que os decís hijos de una nación católica, corred ante su trono de amor y de gracia, pidiéndole que os la conserve y os la consolide, libre de las influencias malsanas que buscan ponerla en peligro”.

(Radiomensaje a Venezuela, en la coronación de la Virgen de Coromoto, 12-IX-1952.)

¿Y de Méjico? ¿Qué dirá Su Santidad del país de Nuestra Señora de Guadalupe, tierra santificada por las plantas de la Reina de los Ángeles y centro espiritual de toda América? Si es verdad que América lo debe todo a Nuestra Señora y que la Madre de Dios es la clave de su historia cristiana, no lo es menos que ninguna nación ha sido agraciada por María como la Nueva España, primogénita entre sus hermanas en la fe y en la civilización. Méjico, que recibió a las plantas de Nuestra Señora aquella arraigada fe que le diera ánimo para ofrecer, en tiempos recientes, millares de sus hijos en testimonio de su fe, mártires de Cristo; Méjico, prolongación espiritual de la Madre Patria, es, como ella, la “tierra de María Santísima”.

“Y, finalmente, se realizó vuestro deseo. Hace hoy cincuenta años—recuerdan las crónicas—la basílica recién restaurada era un ascua de oro. Decenas de millares de peregrinos abarrotaban sus espaciosas naves y se desparramaban por los alrededores. Casi cuarenta mitras se inclinaban reverentes en el presbiterio. Los vivas, los himnos y las plegarias llegaban al Cielo, y cuando sobre aquella frente angelical resplandeció la áurea corona, en todos los corazones y en todas las bocas acabó de estallar un grito hasta entonces mal contenido: ¡Viva la Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América y Reina de Méjico! El espectáculo era tan hermoso, que parecía un dulce sueño. En realidad no era más que el triunfo consciente y sereno de vuestro amor y de vuestra fe. Justísimo homenaje. Porque, ¿quién sería capaz de ignorar lo que aquel pueblo debía a aquella Señora? ¿Quién podía recordar la parte principalísima que Ella había tenido en su vocación a la verdadera Iglesia y su conservación dentro de la práctica y pureza de una fe que había sido como el crisol en que su joven y potente nacionalidad se había fundido?

La Virgen Santísima fue el providencial instrumento elegido por los designios del Padre celestial para dar y presentaros a su precioso Hijo al mundo, para ser Madre y Reina de los Apóstoles, que por todas partes habían de propagar sus doctrinas; para conculcar siempre las herejías, y hasta para intervenir prodigiosamente en todos los tiempos, donde quiera que fuera necesario, para la implantación, la consolidación y defensa de la santa fe católica”.

(Radiomensaje a Méjico, en el 50 aniversario de la coronación de Nuestra Señora de Guadalupe, 12-X-1945.)

Hispanoamérica. La verdad 106

18 lunes Feb 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (26)

La Virgen, clave de América cristiana y testigo amoroso de la piedad y espíritu misionero de los civilizadores del Nuevo Mundo

Virgen de Guadalupe y Juan DiegoLos conquistadores españoles llevaron a América la devoción a las Vírgenes de sus patrias chicas, y en la tierra de Colón surgían abundantes los Pilares, Regonas, Covadongas, Guadalupes y “Morenetas”. Pero la Virgen quiso hacer más por la joven América. En 1531, diez años después que Hernán Cortés se posesionara de la ciudad de Méjico, apenas llegado a ella su primer Obispo, el franciscano Fray Juan de Zumárraga, la Virgen se dignó aparecer a un nativo americano, un indito azteca recién convertido, llamado Juan Diego.

“Yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive”, le dijo la Virgen. Y le mandó acudir al Obispo para pedirle que se alzara un templo en el lugar de la aparición. Presentóse Juan Diego a Zumárraga. El santo Prelado no le defraudó en su sencillo deseo, pero quiso tener una prueba de la veracidad de su relato. Indicó al azteca que pidiera a la Señora un signo como prueba de su mensaje. Obtuvo Juan Diego el milagro pedido: unas rosas, que florecieron en pleno invierno en la cumbre estéril de la colina de Tepeyac. Y la Virgen de Guadalupe hizo un segundo y hermoso milagro. Al abrir Juan Diego su tilma o capa, para mostrar al Obispo las rosas milagrosas, una preciosísima y fina imagen policromada apareció pintada por mano de ángeles en los pliegues de la tosca prenda de algodón.

El conocido escritor católico mejicano Alfonso Junco—de quien tomamos estos datos—comenta así el delicioso regalo de la Virgen a Hispanoamérica, en los albores de la conquista:

“Ella (la Virgen de Guadalupe) que—contra lo comúnmente repetido—no muestra fisonomía ni color de india, sino de mestiza, anunció el beso de las razas que fundaría, la nacionalidad que estaba amaneciendo. Y así como juntó plásticamente en el milagro al español Zumárraga y a Juan Diego el aborigen, y así como con rosas de Castilla se estampó para siempre en el ayate sublimado del indio, quiso en todo ser nuncio, ejemplo y símbolo de la fusión amorosa que forjaría a toda la Hispanoamérica y traería al mundo éste coro magnífico de pueblos que hoy llamamos la Hispanidad… Porque Juan Diego no era sólo Juan Diego, sino la desvalida encarnación de todas las razas aborígenes. Zumárraga no era sólo Zumárraga, sino la ardiente personificación de todos los evangelizadores hispanos. Y las rosas de Castilla exprimieron la policromía de sus jugos, símbolo de la savia toda de España, para embeberse en el ayate del indio, fundirse en él y estampar en sus fibras, transfiguradas y extasiadas para siempre, la imagen celeste de María.

Y por eso el milagro de Santa María de Guadalupe maravillosamente simboliza, resume y señorea este humano milagro de la Hispanidad”.

Como María quiso estar presente al nacimiento espiritual de España a las orillas del Ebro, también quiso acudir al bautismo de América. El monte Tepeyac es el Pilar de América, y Méjico su Zaragoza. Aquí dejó como prenda y recuerdo una columna; allí, una graciosa pintura, Por eso el Pilar y Guadalupe patrocinan los dos ramales de la estirpe, el de Europa y el de América, y son los símbolos espirituales de la Hispanidad, así como los baluartes de su fe y de su piedad.

Su Santidad Pío XII ha sabido captar y expresar deliciosamente la importancia que tuvo la visita de la Virgen a tierras americanas, para la rápida conversión a la fe de tantos pueblos, y para preservarlos después, a lo largo de los siglos, contra los embates del enemigo.

“Y así sucedió, al sonar la hora de Dios para las dilatadas regiones del Anáhuac. Acaban apenas de abrirse al mundo, cuando a las orillas del lago Texcoco floreció el milagro. En la tilma del pobrecito Juan Diego—como refiere la tradición—, pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada una imagen dulcísima, que la labor corrosiva de los siglos maravillosamente respetaría. La amable doncellita pedía una sede para desde ella “mostrar y dar todo su amor y compasión, auxilio y defensa… a todos los moradores de aquella tierra y a los demás que la invocasen y en Ella confiasen”. Desde aquel momento histórico la total evangelización fue cosa hecha. Y, lo que es más, quedaba izada una bandera, alzada una fortaleza, contra la que se romperían las iras de todas las tempestades; estaba firmemente asentado uno de los pilares fundamentales de la fe, en Méjico y en toda América. Como si la Cruz, que, tal día como hoy, a través de las ondas procelosas, habían llevado al continente nuevo las frágiles carabelas hispánicas, hubiera sido confiada a las manos débiles de aquella jovencita, a fin de que Ella se pasease triunfalmente por todas aquellas tierras, la plantase por doquier y se retirase luego a su castillo roquero, dominando la antigua Tenochtitlán, para desde allí reinar en todo el Nuevo Mundo y velar por su fe; “porque—usando las felices expresiones de uno de vuestros vates—sabe que tal hija,—como Reina,—la proclama,—y fiel conserva el depósito—de la fe, que al mundo salva”.

(Radiomensaje a Méjico, en el 50 aniversario de la coronación de Nuestra Señora de Guadalupe, 12-X-1945.)

Hispanoamérica. La verdad 105

11 lunes Feb 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (25)

La Virgen, clave de América cristiana y testigo amoroso de la piedad y espíritu misionero de los civilizadores del Nuevo Mundo

Pedro Sarmiento de GamboaTrasladémonos, asimismo, con Pío XII, a las tierras mismas de la colonización, y veremos a la Santísima Virgen interviniendo palpablemente en la conversión a nuestra santa fe de las grandes comarcas indianas, que hoy forman sendas naciones.

Veámosla, por ejemplo, en Nueva España y en Nueva Extremadura, en Nueva Castilla y en Nueva Toledo. Veámosla laborando con el arrojado marinero y protegiendo al sufrido soldado, que la invocan con fervor. Aquí se aparece a un indito, allá cura milagrosamente a una enferma. Hoy se descubre un continente, ¡y es el día del Pilar! Mañana se conquista un imperio, ¡y se realiza providencialmente el día de la Natividad de Nuestra Señora! (204).

(204). Si todos los navegantes y guerreros españoles sentían una tierna devoción a Nuestra Señora, descuella, quizá entre ellos, Pedro Sarmiento de Gamboa, que en 1579 y 1580 exploró el estrecho de Magallanes, por orden del virrey de Lima. En su relación nos cuenta el piadoso marino: “Una cosa que es mucho de ponderar para mí en estas jornadas… que siendo mi Patrona y Abogada la Santísima Madre de Dios y Señor, poniéndole su nombre santísimo al estrecho, todas las cosas más notables, y salidas y entradas de puertos han sido en alguna de sus santísimas fiestas”. Y, en efecto, parte el 11 de octubre (Maternidad) y acaba la exploración el 15 de agosto (Asunción). Puertos, cabos y ensenadas van recibiendo a su paso nombres marianos: Nuestra Señora del Valle, el 14 de noviembre; de la Concepción, el 27; de la Anunciada, el 28; Nuestra Señora de la Peña de Francia, el 11 de diciembre; Nuestra Señora de la Victoria, el 6 de enero; la Candelaria, el 2 de febrero. El 12 de febrero, Sarmiento cambia el nombre del Estrecho. Ese mismo día echan pie a tierra los marinos, y, bajo una gran Cruz, entierran un cofre que contiene una carta-mensaje “en que se daba aviso—como escribía más tarde el piloto a Felipe II—cómo esta tierra es de V. M., y cómo se tomó la posesión por la Corona de Castilla y León, para que no pretendan ignorancia, y cómo a éste estrecho, en nombre de Su Majestad le fue puesto nombre, “Estrecho de la Madre de Dios” a quién Pedro Sarmiento tomó por Abogada en este viaje y descubrimiento…” Y el mensaje termina con esta deliciosa declaración: “Para que siendo Patrona y Abogada de estas regiones y partes; interceda con su precioso Hijo, Nuestro Señor… y les envíe su Santo Evangelio, para que sus almas se salven” (Relación y derrotero del viaje de Sarmiento de Gamboa (1579-1580), citado por F. María Robles, S. J., Año Mariano, pág, 92, Madrid, 1958).

En este rincón agraciado quiere que se eleve una ermita a su advocación de la Candelaria. En el valle cercano inspira al piadoso Obispo la construcción de una iglesia en honor de su Concepción Inmaculada.

El militar invoca en tierra a Nuestra Señora de los Desamparados, y el navegante recurre en el mar a Nuestra Señora del Carmen. María está en los pechos de todos, y en los más apartados parajes de las dilatadas tierras americanas aparece su efigie delicada, preparando a su Hijo la entrada en el corazón de millones de infieles.

“Es sabida la parte principalísima que en la evangelización del Continente Nuevo y en la conservación de su fe ha tenido y tiene la devoción a Nuestra Señora la Virgen María. La América de los conquistadores—Jerónimo de Aguilar, Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Alonso de Ojeda—que, bajo un pecho de acero, sabían conservar un corazón tiernísimo para su Madre; la América de las cien ciudades con su nombre dulcísimo; la de las decenas de catedrales puestas bajo su patrocinio…”

(Radiomensaje al Congreso Eucarístico y Mariano del Perú, 12-XII-1954.)

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