Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (25)

La Virgen, clave de América cristiana y testigo amoroso de la piedad y espíritu misionero de los civilizadores del Nuevo Mundo

Pedro Sarmiento de GamboaTrasladémonos, asimismo, con Pío XII, a las tierras mismas de la colonización, y veremos a la Santísima Virgen interviniendo palpablemente en la conversión a nuestra santa fe de las grandes comarcas indianas, que hoy forman sendas naciones.

Veámosla, por ejemplo, en Nueva España y en Nueva Extremadura, en Nueva Castilla y en Nueva Toledo. Veámosla laborando con el arrojado marinero y protegiendo al sufrido soldado, que la invocan con fervor. Aquí se aparece a un indito, allá cura milagrosamente a una enferma. Hoy se descubre un continente, ¡y es el día del Pilar! Mañana se conquista un imperio, ¡y se realiza providencialmente el día de la Natividad de Nuestra Señora! (204).

(204). Si todos los navegantes y guerreros españoles sentían una tierna devoción a Nuestra Señora, descuella, quizá entre ellos, Pedro Sarmiento de Gamboa, que en 1579 y 1580 exploró el estrecho de Magallanes, por orden del virrey de Lima. En su relación nos cuenta el piadoso marino: “Una cosa que es mucho de ponderar para mí en estas jornadas… que siendo mi Patrona y Abogada la Santísima Madre de Dios y Señor, poniéndole su nombre santísimo al estrecho, todas las cosas más notables, y salidas y entradas de puertos han sido en alguna de sus santísimas fiestas”. Y, en efecto, parte el 11 de octubre (Maternidad) y acaba la exploración el 15 de agosto (Asunción). Puertos, cabos y ensenadas van recibiendo a su paso nombres marianos: Nuestra Señora del Valle, el 14 de noviembre; de la Concepción, el 27; de la Anunciada, el 28; Nuestra Señora de la Peña de Francia, el 11 de diciembre; Nuestra Señora de la Victoria, el 6 de enero; la Candelaria, el 2 de febrero. El 12 de febrero, Sarmiento cambia el nombre del Estrecho. Ese mismo día echan pie a tierra los marinos, y, bajo una gran Cruz, entierran un cofre que contiene una carta-mensaje “en que se daba aviso—como escribía más tarde el piloto a Felipe II—cómo esta tierra es de V. M., y cómo se tomó la posesión por la Corona de Castilla y León, para que no pretendan ignorancia, y cómo a éste estrecho, en nombre de Su Majestad le fue puesto nombre, “Estrecho de la Madre de Dios” a quién Pedro Sarmiento tomó por Abogada en este viaje y descubrimiento…” Y el mensaje termina con esta deliciosa declaración: “Para que siendo Patrona y Abogada de estas regiones y partes; interceda con su precioso Hijo, Nuestro Señor… y les envíe su Santo Evangelio, para que sus almas se salven” (Relación y derrotero del viaje de Sarmiento de Gamboa (1579-1580), citado por F. María Robles, S. J., Año Mariano, pág, 92, Madrid, 1958).

En este rincón agraciado quiere que se eleve una ermita a su advocación de la Candelaria. En el valle cercano inspira al piadoso Obispo la construcción de una iglesia en honor de su Concepción Inmaculada.

El militar invoca en tierra a Nuestra Señora de los Desamparados, y el navegante recurre en el mar a Nuestra Señora del Carmen. María está en los pechos de todos, y en los más apartados parajes de las dilatadas tierras americanas aparece su efigie delicada, preparando a su Hijo la entrada en el corazón de millones de infieles.

“Es sabida la parte principalísima que en la evangelización del Continente Nuevo y en la conservación de su fe ha tenido y tiene la devoción a Nuestra Señora la Virgen María. La América de los conquistadores—Jerónimo de Aguilar, Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Alonso de Ojeda—que, bajo un pecho de acero, sabían conservar un corazón tiernísimo para su Madre; la América de las cien ciudades con su nombre dulcísimo; la de las decenas de catedrales puestas bajo su patrocinio…”

(Radiomensaje al Congreso Eucarístico y Mariano del Perú, 12-XII-1954.)