Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Hispanoamérica. La verdad

Hispanoamérica. La verdad 89

22 lunes Oct 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (9)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Desembarco de Colón en las américasA Colón siguieron decenas de aventurados marinos, que salían en busca de lo desconocido, por la gloria, sí, de descubrir nuevos territorios y hacerlos entrar en el curso de la historia, pero deseosos también de ganarlos a nuestra religión cristiana.

Pero, ante todo, deseaban sinceramente que esta asimilación de las poblaciones indígenas fuera lo más pacífica posible. Conocido es el solemne acto jurídico que tenía lugar cuando los conquistadores pisaban un nuevo territorio. El capitán de la expedición, en nombre de los monarcas de Castilla, tomaba posesión del país, haciendo antes delante de los admirados nativos el famoso requerimiento, Consistía éste en proclamar públicamente la justicia de la ocupación territorial por el Reino de Castilla, y el derecho de la Iglesia a predicar libremente la fe cristiana a los indígenas. He aquí una de las fórmulas de este requerimiento, que muestra, si no otra cosa, la caballerosidad de una época y de unos hombres.

“Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os decimos, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, y en su nombre al Rey y a la Reina…, en su lugar, como superiores y señores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho…, no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvó si vosotros, informados de la verdad, os quisiereis convertir a nuestra santa fe católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas… Y si no lo hiciéredes (consentir la predicación), y en ello dilación maliciosamente pusiéredes, certificoos que, con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros…” (176).

(176). Herrera: Decad, I, 1, 7, cap. 14. El historiador católico Rohrba-Cher apostilla en estos términos el genial requerimiento: “En este manifiesto, que era el mismo para todos los conquistadores españoles, se destacan tres ideas principales: Dios, rey supremo del Cielo y de la Tierra; el Papa, a quien Jesucristo entrega todas las naciones para convertirlas y regirlas; el rey de España, a quien el Papa encarga secundar con su potencia la propagación de la fe y de la civilización cristiana en una parte del Nuevo Mundo. Y el encargo se ejecuta de tal suerte, que, después de tres siglos, cuando incluso ni los españoles están ya allí, América permanece cristiana y católica, y marcha la primera en civilización, después de Europa.

He ahí un modelo digno de ser imitado. Hemos visto a la Inglaterra católica y sometida al Papa, convertir la Alemania por San Bonifacio y demás misioneros enviados por ella. Hace medio siglo que la Inglaterra protestante es dueña de la India. Ahora bien, todo el fruto religioso que ha producido allí hasta ahora, se reduce a ídolos mejor hechos, que ella misma fabrica y vende a los indios idólatras. Hoy día los ingleses ponen el pie en China, no en nombre de Dios y del Papa, como los españoles de antaño en América, sino en nombre de algunas cabezas de adormidera, cuyo jugo quieren a toda costa hacer beber a los chinos, para embrutecerles el alma y el cuerpo”.

(Histoire Universelle de l’Eglise Catholique, t. IX, 1. 83, pág. 290),

Hispanoamérica. La verdad 88

15 lunes Oct 2018

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (8)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Cristobal Colón - CarabelasPor lo demás el poder real, celoso del futuro espiritual de sus nuevos dominios, no encomendaba las expediciones de exploración y de conquista sino a personas de confianza. En este sentido, las Leyes de Indias prescriben: “Las personas a quienes se hubieren de encargar nuevos descubrimientos, sean aprobadas en cristiandad, buena conciencia, celosas y de la honra de Dios y servicio nuestro, amadoras de la paz y deseosas de la conversión de los indios”.

Hermoso recuerdo dedica Pío XII a algunos de aquellos heroicos navegantes y conquistadores.

El gran Almirante y primer descubridor, Cristóbal Colón, abre la serie. De sus afanes por llevar la fe a nuevos pueblos —afanes que no eran más que el primer arranque del celo que iba a desplegar toda una nación, arrojándose al inmenso mar en busca de las almas—da testimonio el Santo Padre:

“Entre los devoradores del espacio, los unos, misioneros y exploradores, estaban movidos por un irresistible espíritu de conquista: conquista de almas para hacerlas herederas del Reino de Dios; conquista de naciones para extender este Reino hasta los extremos de la tierra. ¿Es necesario recordar los viajes heroicos de San Pablo y de San Francisco Javier; los de Colón, de Vasco de Gama, de Champlain, ansiosos de llevar a los pueblos no iluminados aún por la luz del Evangelio los beneficios de la civilización cristiana?”.

(Discurso a las delegaciones italianas del turismo, 30-III-1952.)

Pío XII no hablaba a la ligera. La historia ha probado ampliamente el intento principalmente apostólico del gran navegante al emprender su arriesgada travesía. El mismo Colón nos ha dejado rasgos no dudosos de su profundo cristianismo, que influyó en toda su genial obra de descubridor, dándole un cariz inconfundible de misión evangélica. Así, por ejemplo, al llegar Colón en forzoso arribo a Lisboa, después de su primer viaje, escribe a Rafael Sánchez, tesorero de los Reyes Católicos:

“Celébrense procesiones, háganse fiestas solemnes, llénense los templos de ramos y flores, gócese Cristo en la tierra cual se regocija en los cielos, al ver la próxima salvación de tantos pueblos entregados hasta ahora a la perdición”.

Hispanoamérica. La verdad 87

08 lunes Oct 2018

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (7)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

“Era la hora de Dios, cuando en la cota más alta de la nave campeaba siempre una cruz, y cuando junto al descubridor no faltaba nunca el misionero”.

(Pío XII, 17-XI-1955.)

“El español, hasta el aventurero, llevaba a Jesucristo en el fondo de su alma y en la medula de su vida, y era por naturaleza un apóstol de su fe”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.) Sigue leyendo →

Hispanoamérica. La verdad 86

01 lunes Oct 2018

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (6)

Las Leyes de Indias—imponente código formado por la monarquía española para el gobierno de América- son otro índice clarísimo de la solicitud misionera y apostólica de los llamados por Mendieta “padres de los indios”.

Nada realza tanto el celo de los reyes de España por sus posesiones de ultramar como el hecho de haber promulgado en los dos primeros siglos de colonización 6.218 leyes de Indias, distribuidas en 218 títulos, abarcados por 3 libros, para reglamentar toda la vida social en aquellos inmensos territorios.

Y, como puede observar cualquiera que las recorra, aunque no sea más que a la ligera, las Leyes de Indias benefician decididamente a los indígenas, a precio, a menudo, de los intereses de los mismos colonos.

Posesiones del Rey Felipe II“Todo el título X del libro sexto—como resume el americanista D. M. R. Navas—dispone que se castigue severamente a los individuos que de algún modo perjudiquen a los indios, y ordena que nunca se ocupe a los indios sin darles sus pagas; que no se les obligue a trabajar en cosa que beneficie a eclesiásticos o caciques; que los indios puedan quejarse a las Audiencias sin formalidades; que esas Audiencias deben darles plena satisfacción; que los delitos contra indios sean castigados con mayor rigor que los que se cometan contra los españoles (Felipe II, 19 de diciembre de 1593); que jueces especiales visiten las provincias de las Indias para corregir los malos tratos, etc.”

Ramiro de Maeztu comenta así la grandeza moral de la legislación indiana, testimonio perenne del celo y de la solicitud misionera de un país católico:

“Ninguna legislación colonial extranjera es comparable a nuestras leyes de Indias. Por ellas se prohibió la esclavitud, se proclamó la libertad de los indios, se les prohibió hacerse la guerra, se les brindó la amistad de los españoles, se les reglamentó el régimen de encomienda para castigar los abusos de los encomenderos, se estatuyó la instrucción y adoctrinamiento de los indios como principal fin e intento de los reyes de España, se prescribió que las conversiones se hiciesen voluntariamente y se transformó la conquista de América en difusión del espíritu cristiano”.

Y el escritor norteamericano Ch. F. Lummis concluye:

“El asombroso cuidado maternal de España por las almas y los cuerpos de los salvajes que por tanto tiempo disputaron su entrada en el Nuevo Mundo, empezó temprano y nunca disminuyó. Ninguna otra nación trazó y llevó a cabo un “régimen de las Indias” tan noble como él que ha mantenido España en sus posesiones occidentales por espacio de cuatro siglos”.

Pío XII alude al “espíritu universal y católico” de estas famosas leyes, realización práctica y concreta de los luminosos principios del Derecho de Gentes que Vitoria explicaba el primero en Salamanca.

“…Basta recordar el intento, en gran parte logrado, de aquellos grandes misioneros, secundados por el espíritu universal y católico de la legislación de sus monarcas, de fundir en un solo pueblo, mediante la catequesis, la escuela y los colegios de Letras Humanas, el elemento indígena con las clases cultas venidas de Europa o nacidas ya en tierra americana”.

(Radiomensaje al V Congreso de la Confederación Interamericana de Educación Católica, reunido en La Habana, 12-I-1954.)

Hispanoamérica. La verdad 85

24 lunes Sep 2018

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (5)

Emperador Carlos I de España y V de AlemaniaLa solicitud apostólica de los reyes españoles aparece patente en las numerosísimas cartas de Indias que nos han dejado. A través de su lectura descubrimos un sincero y paternal anhelo por la conversión de sus súbditos americanos.

Así, Carlos V escribía a Hernán Cortés (en junio de 1526), como respuesta a una carta del conquistador de Méjico en la que éste le daba cuenta de su gobierno en Nueva España, que de todas las hazañas y maravillas que el capitán le contaba, lo que más gozo le daba era la buena acogida que los aztecas habían hecho al Evangelio.

“Por lo que principalmente hemos holgado y dado infinitas gracias a Dios Nuestro Señor… ha sido y es porque… los indios habitantes y naturales de ella (Nueva España) son más hábiles y capaces y razonables que los otros indios, y por estas causas hay en ellos más aparejo para conocer a Nuestro Señor y ser instruidos y vivir en la santa fe católica como cristianos, para que se salven, que es nuestro principal deseo e intención”.

El biznieto de Isabel, el gran Felipe II, se expresaba con piedad digna de su bisabuela, en una cédula que dirigió en nombre de su padre, aún reinante, a Valdivia, conquistador y Adelantado de Chile, el 10 de mayo de 1554.

“Porque una de las cosas que más presente S. M. y yo tenemos y más deseamos es el buen tratamiento de esos naturales de esa tierra y su instrucción y conversión a nuestra santa fe católica, os encargo y mando que, entendida su real voluntad, tengáis muy gran cuidado del buen tratamiento de esos naturales y de su instrucción y conversión, y de no dar lugar a que se les haga agravio alguno; que en ninguna cosa podéis hacer a S. M. y a mí tan acepto servicio como en esto…” (166).

(166) Colección, de documentos inéditos relativos al descubrimiento de las antiguas posesiones de América y Filipinas, t. XIII, pág. 446, Madrid, 1864-1892, 1885-1932.

Felipe III, el inepto monarca, sabía, cuando se trataba del ideal misionero de su país, tomar actitudes a la altura del espíritu que había animado a sus progenitores. En una real cédula, que dirigió en junio de 1609 a los gobernantes eclesiásticos y seculares de Indias, leemos estas hermosas expresiones:

 “…por el gravamen con que me hallo de la propagación de la ley evangélica en aquellos dominios…, deseando cumplir, en cuanto pueda ser de mi parte, con obligación tan justa y precisa…, encargo a mis Virreyes, Audiencias y Gobernadores, y a los Arzobispos, Obispos y Prelados de las Religiones… que cuiden muy particularmente de la manutención y aumento de las Misiones que hubiere en sus territorios, aplicando a esto su mayor desvelo: en inteligencia de que este punto es el que en mi real atención tiene preeminente lugar sobre todas las importancias e intereses temporales de aquellos vastos dominios; y que fío de su celo…; con lo cual descansan mis ansias impacientes de que mi reinado se haga feliz y señalado por el medio de que la noticia de nuestra santa fe se extienda y radique en las más extensas y remotas provincias”.

Otro tanto se podría afirmar de todos los reyes de España. Añadamos un último texto. Una real orden del primero de los Borbones, Felipe V.

“Que se favorezcan las misiones de la S. I.

El Rey. Por cuanto mis ardientes deseos de la propagación de la ley evangélica en los vastos Reinos de las Indias, y mi justo recelo de que por haber pocos operarios se malogre o atrase la conversión de aquellas almas, y en ella la mayor gloria de Dios, que es en lo que más se afianza la mía, hacen inseparable de mi cuidado la premeditación de los medios y providencias conducentes al logro de tan importante fin; y como para conseguirle sea…”

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