Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Hispanoamérica. La verdad

Hispanoamérica. La verdad 54

19 lunes Feb 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (5)

Alejandro VI

San Misa en la conquista de AméricaDecretando, no obstante, que por semejante donación, concesión, asignación e investidura nuestra, a ningún príncipe cristiano pueda entenderse que se quita o se deba quitar el derecho adquirido. Sigue leyendo →

Hispanoamérica. La verdad 53

12 lunes Feb 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (4)

Alejandro VI

Reyes Católicos sentados en su tronoNos, alabando mucho en el Señor ese vuestro santo y loable propósito, y deseando que sea llevado a su debida finalidad, de que el nombre de nuestro Salvador sea introducido en aquellas regiones, os rogamos insistentemente en el Señor y afectuosamente os requerimos por el santo Bautismo, en que os obligasteis a los mandatos apostólicos, y por las entrañas de misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, para que decidiéndoos a proseguir por completo semejante iniciada empresa, con ánimo y celo ferviente hacia la fe ortodoxa, queráis y debáis conducir a los pueblos que viven en tales islas a recibir la profesión católica, sin que nunca os intimiden peligros ni trabajos, teniendo gran esperanza y confianza de que Dios Omnipotente os auxiliará felizmente en vuestras empresas. Sigue leyendo →

Hispanoamérica. La verdad 52

05 lunes Feb 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (3)

Alejandro VI

img_cuando_descubrio_america_cristobal_colon_1781_apartado_2_origHemos sabido ciertamente cómo vosotros, que desde hace tiempo os habíais propuesto buscar y descubrir algunas tierras e islas remotas y desconocidas, no descubiertas hasta ahora por nadie, con el fin de reducir sus habitantes y moradores al culto de nuestro Redentor y a la profesión de la fe católica, ocupados hasta hoy en la reconquista del reino de Granada, no pudisteis llevar al deseado fin tan santo y loable propósito vuestro. Mas reconquistado por fin el predicho reino por voluntad divina y queriendo poner en ejecución vuestro propósito, designasteis al caro hijo Cristóbal Colón, no sin grandes trabajos, peligros y gastos, para que con navíos y hombres aptos y preparados a tal empresa, buscaran las tierras remotas y desconocidas, por el mar donde hasta ahora no se había navegado; quienes, con el auxilio divino, navegando por las regiones occidentales del mar Océano hacia las Indias, según se dice, han descubierto ciertas islas remotísimas y además tierras firmes, jamás halladas hasta ahora por nadie: en las cuales habitan muchas gentes, que pacíficamente viven, y que, según se dice, andan desnudos y no comen carne; y a lo que vuestros enviados entredichos pueden conjeturar, las tales gentes, habitantes de las antedichas islas y tierras, creen en un Dios hacedor; que está en los cielos, y parecen bastante aptos para recibir la fe católica y serles enseñadas buenas costumbres, confiando en que si se instruyeran, fácilmente se introduciría en dichas islas y tierras el nombre de Nuestro Salvador y Señor Jesucristo: y el citado Cristóbal hizo ya, en una de las principales islas referidas, construir y edificar una torre bien fortificada en que situó varios cristianos de los que había llevado para su custodia y para que desde ella buscasen otras tierras remotas y desconocidas: en las cuales islas y tierras ya descubiertas se han encontrado oro, especias y otras muchísimas cosas preciosas, de distinto género y diversa calidad.

Por donde, habiendo considerado diligentemente todas las cosas y capitalmente la exaltación y propagación de la Fe católica, como corresponde a reyes y príncipes católicos, decidisteis según costumbre de vuestros progenitores, reyes de ilustre memoria, someter a Nos las tierras e islas predichas y sus habitantes y moradores, y convertirlos con el auxilio de la divina misericordia a la Fe católica.

Hispanoamérica. La verdad 51

29 lunes Ene 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (2)

Alejandro VI

Reyes CatólicosSin embargo, el documento alejandrino añade algo más a lo dicho: el Sumo Pontífice da testimonio de las ansias misionales de los reyes españoles. Este juicio romano es el que debemos retener para nuestra tesis. ¿No es, acaso, la pureza de intención de los monarcas, al emprender la arriesgada empresa de Indias, lo primero que negó la Leyenda Negra?

Examínese íntegra -dada su capital importancia para toda la obra misional posterior- la interesante Bula (134).

(134) En este documento -así como en los que en adelante se citan, a no ser que se advierta lo contrario- con los subrayados nos permitimos señalar al lector los párrafos que más atañen a lo que pretendemos probar.

Alejandro Obispo, siervo de los siervos de Dios: a los ilustres carísimo hijo en Cristo Fernando Rey y carísima hija en Cristo Isabel Reina de Castilla, León, Aragón y Granada, salud y apostólica bendición.

Entre todas las obras agradables a la divina Majestad y deseables a nuestro corazón ésta es ciertamente la principal: que la fe católica y la Religión cristiana sean exaltada sobre todo, en nuestros tiempos, y por donde quiera se amplíen y dilaten, y se procure la salvación de las almas, y las naciones bárbaras sean sometidas y reducidas a la fe cristiana. De donde, habiendo sido llamados por favor de la Divina clemencia a esta sagrada Cátedra de Pedro, aunque inmerecidamente; reconociéndoos como verdaderos Reyes y Príncipes Católicos, según sabemos que siempre lo fuisteis y lo demuestran vuestros preclaros hechos, conocidísimos ya en casi todo el orbe, y que no solamente lo deseáis, sino que lo practicáis con todo empeño, reflexión y diligencia, sin perdonar ningún trabajo, ningún peligro, ningún gasto, hasta verter la propia sangre; y que a esto ha ya tiempo que habéis dedicado todo vuestro ánimo y todos los cuidados, como lo prueba la Reconquista del reino de Granada, de la tiranía de los sarracenos, realizada por vosotros en estos días con tanta gloria del nombre de Dios; así digna y motivadamente juzgamos que os debemos conceder espontánea y favorablemente aquellas cosas por las cuales podáis proseguir semejante propósito, santo y laudable y acepto al Dios inmortal, con ánimo cada día más fervoroso, para honor del mismo Dios y propagación del Imperio Cristiano.

Hispanoamérica. La verdad 50

22 lunes Ene 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (1)

Papa Alejandro VIAlejandro VI

Alejandro VI ocupaba la Silla de San Pedro al recibirse en Roma la fausta nueva del descubrimiento de inmensas tierras al otro lado del Océano.

“Bajo su presidencia -nos recuerda León XIII -Encíclica Quarto abeunte saeculo)- se dieron gracias públicamente al providentísimo e inmortal Dios” por el gran beneficio que el feliz suceso suponía para la Iglesia y para la Humanidad.

Inmediatamente, y a petición de los príncipes a quienes la Providencia había confiado el honor y responsabilidad de patrocinar y sufragar la singular expedición, el Papa expidió su famosa Bula “lnter caetera” (3 de mayo de 1493). En virtud de estas Letras Apostólicas, el Papa hacía donación a los reyes de Castilla de todas y cada una de las tierras descubiertas y por descubrir, con el fin de que “más libre y valerosamente aceptaran el encargo de tan fundamental empresa”, a saber, “someter (al Papa) las tierras e islas predichas, y a sus habitantes y moradores, y convertirlos, con el auxilio de la divina misericordia, a la fe católica”.

Hasta aquí el texto no interesa a nuestro fin de probar el sentido misional de la conquista de América. El Papa no juzga ni puede juzgar: aún no se ha podido dar un paso misionero. Se trata únicamente de un cuasicontrato, por el que el Soberano Pontífice dona a los reyes de Castilla las naciones descubiertas, y éstos, por su parte, se comprometen a regenerarlas cristianamente, haciéndolas dóciles hijas de la Iglesia. Si los reyes de España cumplieron con este compromiso, eso es lo que nos interesa saber (133).

(133) Cuál fuera la naturaleza de la donación pontificia, y en qué fundamento jurídico se apoyaba, ha sido siempre un punto de gran discusión entre los juristas “et adhuc sub judice lis est”. Desde Vitoria -el fundador del Derecho Internacional- y Suárez, en el primer siglo de la colonización, hasta. Leturia y Montalbán en nuestros días, se ha tratado con calor la complicada cuestión. Para algunos juristas, la Bula era una adjudicación a los Reyes de Castilla de las tierras del Nuevo Mundo, ante un posible litigio con otros soberanos. Para otros, se trataba de una verdadera donación por parte del Soberano Pontífice, considerado como dueño temporal de toda la tierra con vistas a su misión espiritual. Para algunos pocos más, no era sino un simple permiso dado por el Jerarca Supremo de la Iglesia a los Soberanos de Castilla para introducir la fe católica en sus nuevos dominios. Para los más -después de Vitoria-, se trataba de un mero reconocimiento del derecho natural que tenían los descubridores de tierras salvajes, a colonizarlas y repoblarlas. No obstante, queda siempre, aun en esta solución, una oscuridad de orden teórico, pues el Papa realmente daba algo a los reyes, que compensase la obligación seria y real que éstos adquirían de trabajar por el establecimiento del cristianismo en el Nuevo Mundo. Sea lo que sea de la naturaleza de la donación, todos los juristas admiten en la práctica el verdadero derecho de aquellos Reyes a posesionarse y colonizar las nuevas tierras -derecho en algún modo emanado de la Bula de Alejandro VI-, así como su obligación de predicar el Evangelio en el Nuevo Mundo. Los monarcas españoles así lo entendieron, y estimaban gravar su conciencia si no acudían a la tarea de extender la fe en América. La Bula lnter caetera es, pues, el germen del Estado. Misionero español de los siglos posteriores.

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