Isabel
Separación fe y razón
Una consecuencia de la separación protestante entre la fe y la razón, entre el hombre interior y el exterior, que deja libre el campo al cientificismo. Así, Sheldon S. Wolin observa la progresión en Estados Unidos de lo que llama el totalitarismo “invertido”. Es decir, en lugar de las ideas prevalece la ideología, la perversión futurista del pensamiento político, que remonta, según Julien Freund, a la visión artificialista de Thomas Hobbes, el primero de los ideólogos como pensaba Comte, aunque François Picavet no le prestó atención al hacer su nómina. (Dalmacio Negro – VERBO)
17 La ira pequeña de Dios
La ira pequeña es generalmente la ira temporal, no la eterna. En el Antiguo Testamento tenemos constantes ejemplos de este tipo de castigos de Dios que, mirando a su honra, debe castigar a su criatura que se ha atrevido a ofenderle. Así cuando Adán ha consumado su pecado se le abren los ojos al mal. Había pecado no por debilidad o ignorancia, no por error de perspectiva -como dijo un filósofo- , no por una simple desobediencia, sino por soberbia, incredulidad, y alzamiento frente a Dios; pecado, pues, análogo al de los ángeles rebeldes: todos pretendían igualarse a Dios. El castigo es que se le abren los ojos para que Adán entienda el bien que ha perdido y el abismo del mal al que se ha precipitado. El castigo se concreta: “Maldita sea la tierra por tu causa; con grandes fatigas sacarás de ella el alimento. (Jaime Solá Grané)
Tranquilidad de la sociedad
En las dos devociones aparecen la necesidad de reparación, el requerimiento de una consagración y la promesa de la victoria. Lo hemos visto, y podríamos traer al efecto más textos, de ellos, y aun de sus sucesores, si bien en éstos no tan netos, en León XIII, Pío XI y Pío XII. Hasta en pequeños detalles como las prácticas pedidas (la comunión reparadora de los nueve primeros viernes y las de los cinco primeros sábados) o en la solicitud de consagración (a Luis XIV la de Francia, al Papa la de Rusia…). (Miguel Ayuso – Verbo)
Con Fátima se difunde la devoción al Inmaculado Corazón de María. Que estrictamente tampoco es nueva y se presenta ligada a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. San Juan Eudes, por ejemplo, conocido -según la expresión de San Pío X- como “el apóstol de la devoción a los Sagrados Corazones”, es autor de un libro titulado El admirable corazón de la Madre de Dios. En el mensaje Fátima, por su parte, no faltan tampoco las alusiones al Sagrado Corazón, tanto en las tres apariciones del Ángel de Portugal, en 1916, como en las posteriores de la Santísima Virgen a lo largo de 1917. (Miguel Ayuso – Verbo)
El decaimiento de la devoción, en el momento en que sería más necesaria, es otra muestra -pero inversa- de la alianza entre la misma y la tradición católica antiliberal. Lo ha escrito un agudo amigo: “La descristianización que ha sufrido España después del Vaticano II, la apostasía de la Constitución de 1978, y la instauración de la democracia, coinciden palpablemente con un abandono igualmente visible de la devoción al Sagrado Corazón. La Compañía de Jesús, que había recibido el encargo, «munus suavissimum», de fomentar la devoción al Sagrado Corazón, se ha desnaturalizado, ha visto clareadas sus filas, y apenas cultiva ya alguna rutina residual de dicha devoción. ¿Mera coincidencia?”. (Miguel Ayuso – Verbo)
Los grandes medios de comunicación españoles de comienzos del siglo XXI han tomado como costumbre divinizar la pluralidad y la diversidad y anatemizar la unidad y la homogeneidad. Políticos e intelectuales mediáticos sueñan o fingen creer en la próxima mundialización feliz, en la humanidad pacificada y sin fronteras.