Obra Cultural
Los protestantes no pueden probar que la Biblia es la Palabra de Dios
Hace tiempo que buscamos, sin resultado, al protestante que nos pruebe que la Biblia es la palabra de Dios. (Si algún protestante se atreve a probarlo, le agradeceremos nos escriba). No lo pueden probar. Cuando lo intentan, suelen usar la Escritura EN CUANTO ES PALABRA DE DIOS para probar que es palabra de Dios, con lo que suponen lo que han de probar y cometen círculo vicioso.
Pero aún admitiendo -contra las leyes de la lógica- el círculo vicioso, no podrían conseguir lo que desean. Porque las afirmaciones que se encuentran en la Biblia (por ejemplo, «toda Escritura es divinamente inspirada», Tim 3,16) no dicen de qué libros se compone esa «Escritura», ni se refieren a los libros que posteriormente se tenían que escribir, y mucho menos aseguran que llegarían a nosotros sin mutilaciones ni interpolaciones. Para saber que el libro que llamamos Biblia es palabra de Dios hace falta la Tradición que nos diga -puesto que no lo dice la Biblia cuáles son los libros inspirados, y una autoridad competente que nos asegure que llegaron a nosotros sin error. Ahora bien, los protestantes, al no admitir la Tradición ni esa autoridad competente, se encuentran en la imposibilidad de probar que la Biblia es la palabra de Dios. Y si no lo pueden probar, ¿qué base tiene su religión?
La norma de fe de los protestantes es contradictoria Sigue leyendo
Antiguas civilizaciones rindieron culto al sol. El sol ciertamente no es Dios pero es una de sus imágenes más perfectas. Es además cauce natural por el qué nos envía una multitud de beneficios materiales.
Que se le ponga en situación de realizar su vocación de hombre, que consiste en convertirse en hijo de Dios. No procurar esta vocación a hijo de Dios es mutilar al niño en la forma más trascendente. Padres que procuran la vida cristiana, padres que cumplen su obligación. Padres que fallan en este aspecto, son padres que fallan en lo más esencial.
Dios al crear la vida ha creado el Amor. Al crear los seres, ha creado la Unidad. Pero Dios quería una correspondencia a su creación que fuese de Amor. La alegría del Amor es la alegría del intercambio (el Espíritu Santo: Amor eternamente intercambiado del Padre y del Hijo: Alegría del Amor). De ahí que, en el centro de la creación se halla la libertad humana. Únicamente la libertad increada es «independencia». La libertad creada es forzosamente «dependencia», por ser creada.
No hay ninguna teoría, por errónea que sea, que no tenga algún elemento de verdad; no hay hombre alguno, por equivocada que sea su actitud, a quien no le mueva algún sentimiento altruista y noble. Escribo esto a propósito de aquella teología de la liberación acerca de la cual la Santa Sede ha dado una seria llamada de atención a los obispos, teólogos y fieles iberoamericanos, porque en ella se da objetivamente una penetración peligrosa del marxismo, y un vaciamiento casi total de los principios sobrenaturales cristianos.