Obra Cultural
Un buen día alrededor de 1958, encontré a un buen amigo por las calles de Barcelona. Estos encuentros no son frecuentes en las grandes ciudades, y quizá por ello, se aprovechan para charlar: no se sabe cuándo vamos a volver a encontrar a nuestro amigo, que en ocasiones -como sucedía en este caso-, vive incluso cerca de nuestra casa. Mi amigo sacó el tema de los anticonceptivos (¡la píldora!). Entonces todavía era una novedad. Se pensaba, en general, que moralmente «estaba mal». Mi amigo afirmó: «de todos modos, si uno quiere encontrar un cura que le diga que no es pecado, siempre puede encontrarlo: es cuestión de empeñarse». Sin duda, la picaresca ha existido siempre. Pero el pícaro sabe lo que hace: busca lo que le interesa, y lo hace a sabiendas.
No hay nada más personal que la religión, puesto que la comunicación de cada hombre con Dios es algo íntimo en lo que nadie puede sustituir a otro. Pero, al mismo tiempo, la relación personal con Dios se basa en unas verdades (el conocimiento que se tiene de todo lo referente a Dios), y conduce a una moral. Si uno se equivoca sin culpa suya en su conocimiento de Dios y de la moral, puede a pesar de todo realizar acciones meritorias con la ayuda de la gracia de Dios; si la equivocación es culpable, las relaciones con Dios quedan falseadas desde su raíz. Sigue leyendo

Una de las crueles paradojas de nuestro tiempo es el hecho de que mientras se hacen esfuerzos extraordinarios para salvar la vida de unos pocos individuos, se reacciona con demasiada pasividad ante los abortos masivos que suponen la muerte de seres inocentes e indefensos-, y ante el número cada vez más creciente de casos de eutanasia.
«La Confirmación es un Sacramento que nos da el Espíritu Santo, imprime en nuestra alma el carácter de soldado de Jesucristo y nos hace perfectos cristianos».
Según fuentes oficiales, desde la despenalización del juego por un decreto de 25 de febrero de 1977, la cifra de dinero jugado se ha multiplicado por siete, tras la aparición de los bingos y los casinos. En el año 1982 la cifra global de juego se elevó a 636.593 millones de pesetas, figurando a la cabeza el bingo con una cifra total de 276.026 millones. Y esto sin contar lo que se gastó en máquinas tragaperras, que especialistas del sector han valorado en BILLÓN Y MEDIO de pesetas. Son números que marean, envuelven muchas tristezas y cantan una realidad -el juego se ha convertido hoy en plaga.