Contracorriente

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Contracorriente

Publicaciones de la categoría: P. Manuel Martínez Cano

La verdad

27 jueves Sep 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Jesucristo lumbrera de mi caminoUna persona cumple con su primer deber cuando conoce la verdad y vive en la verdad.

No es fácil encontrar hoy la verdad entre tantos errores y mentiras que circulan por los medios de comunicación social. Sin embargo, todos tenemos la obligación de buscar la verdad, porque la verdad existe en sí misma, opinen lo que opinen los hombres. Dos por dos son cuatro: ésa es la verdad; no son ni cinco, ni tres.

No podemos confundir la verdad con la mentira o el error. No podemos decir que dos por dos son cinco o que el órgano de la visión es el hígado. No vemos con el hígado, vemos con los ojos: esa es la verdad.

La verdad es la adecuación de la mente con la cosa. El entendimiento tiene que acoplarse a la realidad. Y eso es la verdad: la adecuación del entendimiento a la realidad de las cosas.

La libertad racional es noble sujeción a la realidad de las cosas. Y la acomodación del entendimiento a la realidad, es la verdad. Y la verdad jamás oprime a la razón; la verdad libera al hombre de la esclavitud del error y de la mentira.

Para conocer y vivir en la verdad hemos de ser humildes: «humildad es andar en verdad» (Sta. Teresa de Jesús).

Hoy vivimos en aquellos tiempos de confusión, profetizados por San Pablo a su discípulo Timoteo: «vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el deseo vehemente de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas» (2ª Tim. 4, 3-4).

La corrupción y confusión actuales están tan generalizadas que muchos jóvenes no piensan por sí mismos. Hablan como si estuvieran programados. Repiten tópicos continuamente. No te extrañe este mimetismo, pues «los medios de comunicación social ponen sutilmente en peligro la libertad y la capacidad de juzgar con objetividad» (San Juan Pablo II).

«Un Estado Moderno que posea el control de los medios de información y de propaganda, puede manipular los espíritus, deformar las conciencias y falsear los criterios» (Eduardo Coloma).

André Mourois, al intentar dar una explicación de la confusión y corrupción reinantes, no duda en afirmar que «el signo de nuestro tiempo es la vuelta de Satanás».

Soljenitsin, Premio Nobel de Literatura y profundo conocedor de la sociedad marxista y liberal capitalista afirma: «El mal del mundo moderno procede de que los hombres han olvidado a Dios, pues la conciencia humana olvidada de lo divino se deprava, y esta depravación determina la mayoría de los crímenes de nuestro siglo».

«La Verdad es Jesucristo. ¡Amad la Verdad! ¡Vivid en la Verdad! ¡Llevad la Verdad al mundo! ¡Sed testimonios de la Verdad que salva, es la Verdad entera hacia la que nos guiará el Espíritu de la Verdad!». (San Juan Pablo II)

La joven Carmelita, Santa Isabel de la Trinidad, exclamaba: «Jesús me ama, Jesús me busca. Ésta es la Verdad. Todo lo demás no interesa… ¡Es tan bella la verdad, la verdad del amor! ¡Me amó y se entregó por mí!».

Auto-Demolición de la Iglesia

20 jueves Sep 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Papa Pablo VILos medios de comunicación están publicando gravísimas acusaciones contra miembros de la Jerarquía Católica, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos. Estamos en los tiempos denunciados por el Beato Pablo VI: «Tiempos de autodemolición de la Iglesia». Lenin dijo a los comunistas: ¡camaradas! a la Iglesia no la hemos podido destruir desde fuera, durante veinte siglos, penetremos en la Iglesia para destruirla.

Este es el problema fundamental de la Iglesia en nuestros tiempos. Los enemigos de Cristo se han infiltrado en la iglesia para destruirla desde dentro.

«Aquellos que sostienen estas doctrinas que se llaman católicos liberales son más peligrosos y fuertes que los enemigos declarados (…) engañan a las personas honradas que sin esto se opondrían firmemente al error manifiesto. Así es que dividen los ánimos, rompen la unidad y debilitan la fuerza». (Pío IX).

«Los artífices del error, no hay que buscarlos hoy entre los enemigos declarados. Se ocultan en el seno mismo y en el corazón de la Iglesia y es un motivo de aprensión y de angustia muy vivas; enemigos tanto más terribles porque no lo son abiertamente» (San Pío X).

«¿No es, acaso, cierto que hasta hace pocos años los enemigos de la Iglesia estaban fuera de ella y que de unos años a esta parte sus peores enemigos surgen en el seno de la misma Iglesia?» (Cardenal Siri).

«Hoy después del Concilio, la Iglesia pasa por la prueba de los grandes sufrimientos (…) Sufre por la rebeldía inquieta, crítica y demoledora de tantos de sus hijos, los predilectos, maestros y seglares contra su íntima e indispensable comunión, contra su existencia institucional, contra su tradición y adhesión interior, contra su autoridad, insustituible principio de verdad, unidad y caridad; contra sus mismas exigencias de santidad y sacrificio; sufre por la deserción y el escándalo de ciertos eclesiásticos que crucifican hoy a la Iglesia» (Beato Pablo VI).

¡Combatamos los nobles combates de la fe!

Auto-Demolición de la Iglesia

20 jueves Sep 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Papa Pablo VILos medios de comunicación están publicando gravísimas acusaciones contra miembros de la Jerarquía Católica, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos. Estamos en los tiempos denunciados por el Beato Pablo VI: «Tiempos de autodemolición de la Iglesia». Lenin dijo a los comunistas: ¡camaradas! a la Iglesia no la hemos podido destruir desde fuera, durante veinte siglos, penetremos en la Iglesia para destruirla.

Este es el problema fundamental de la Iglesia en nuestros tiempos. Los enemigos de Cristo se han infiltrado en la iglesia para destruirla desde dentro.

«Aquellos que sostienen estas doctrinas que se llaman católicos liberales son más peligrosos y fuertes que los enemigos declarados (…) engañan a las personas honradas que sin esto se opondrían firmemente al error manifiesto. Así es que dividen los ánimos, rompen la unidad y debilitan la fuerza». (Pío IX).

«Los artífices del error, no hay que buscarlos hoy entre los enemigos declarados. Se ocultan en el seno mismo y en el corazón de la Iglesia y es un motivo de aprensión y de angustia muy vivas; enemigos tanto más terribles porque no lo son abiertamente» (San Pío X).

«¿No es, acaso, cierto que hasta hace pocos años los enemigos de la Iglesia estaban fuera de ella y que de unos años a esta parte sus peores enemigos surgen en el seno de la misma Iglesia?» (Cardenal Siri).

«Hoy después del Concilio, la Iglesia pasa por la prueba de los grandes sufrimientos (…) Sufre por la rebeldía inquieta, crítica y demoledora de tantos de sus hijos, los predilectos, maestros y seglares contra su íntima e indispensable comunión, contra su existencia institucional, contra su tradición y adhesión interior, contra su autoridad, insustituible principio de verdad, unidad y caridad; contra sus mismas exigencias de santidad y sacrificio; sufre por la deserción y el escándalo de ciertos eclesiásticos que crucifican hoy a la Iglesia» (Beato Pablo VI).

¡Combatamos los nobles combates de la fe!

 

Salvar el alma

13 jueves Sep 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Jesús y la Bienaventuranzas

Salvar el alma es terminar esta vida en gracia de Dios, para gozar de la eterna bienaventuranza del Cielo.

Nada nos interesa tanto como saber qué debemos hacer para salvarnos. La respuesta la tenemos en las palabras que el Señor le dijo a un joven rico: “Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los Mandamientos» (Mt. 19, 16-17).

El Señor le dice al joven, «si quieres», porque ni aquel joven, ni nosotros, podemos salvamos si no queremos: «Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti» (San Agustín).

Pero hay que querer de veras, no valen las veleidades del perezoso, como dice la Sagrada Escritura: «Quiere y no quiere a un tiempo el perezoso» (Prov. 13, 4). Querer de veras es poner nuestra voluntad de acuerdo con la voluntad de Dios en todo.

Cuando queremos de veras estamos dispuestos a trabajar, a sacrificamos y a no detenernos ante ninguna dificultad.

Trabajar con confianza, no en nuestras pobres fuerzas, sino en el Señor, que le dijo a San Pablo: «Te basta mi gracia» (2ª Cor. 12, 9).

Trabajar con generosidad, como lo merece la importancia de la vida eterna, como lo merece Nuestro Dios y Señor a quien servimos.

Trabajar con perseverancia, sin desalentamos jamás, teniendo presente la advertencia del Señor: «Seréis aborrecidos de todos por mi nombre; el que persevere hasta el fin, se salvará» (Mt. 10, 22).

Nuestra breve existencia sobre la tierra tiene importancia decisiva y valor trascendental, porque la vida eterna depende de la vida terrena.

La salvación eterna es un asunto personal que no podemos encargar a otro, sino que necesariamente lo debemos resolver nosotros mismos.

Es absolutamente cierto que mi salvación depende sólo de dos voluntades: la de Dios y la mía. Y Dios quiere salvarnos: «Dios nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven» (1ª Tim. 2, 3-4). Si tú quieres salvarte, te salvarás.

El joven español Francisco Javier vivía en París lleno de sueños de grandeza y vanidad. Todo le iba bien, querido de todos, profesor de uno de los colegios de la Sorbona, pero olvidado del gran negocio de su vida. La divina Providencia quiso que otro español – Ignacio de Loyola- marchara a París donde conoció al joven navarro y se hicieron amigos. San Ignacio le recordaba siempre las palabras del Señor: «Qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?» (Mt. 16, 26).

San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier salvaron sus almas y las de miles y miles de hombres.

«Si descuidamos el alma no podremos salvar ni el cuerpo, porque no ha sido hecha el alma para el cuerpo, sino el cuerpo para el alma» (San Juan Crisóstomo).

No digas: “He pecado, y ¿qué me ha pasado?”, porque el Señor sabe esperar. Del perdón no te sientas tan seguro, mientras acumulas pecado tras pecado. Y no digas: “Es grande su compasión, me perdonará mis muchos pecados”, porque Él tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados. No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque de repente la ira del Señor se enciende, y el día del castigo perecerás. (Eclesiásticos 5, 4-7).

«No endurezcáis vuestro corazón hoy que oyes su voz, ábrele tú corazón, y pues que tienes tiempo trabaja en tu salvación” (Salmo 95, 8).

«Misterio verdaderamente tremendo y que jamás se meditara bastante: que la salvación de muchos depende de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo destinada a este objeto y de la colaboración de los pastores y fieles (…) con lo que vienen a ser colaboradores de nuestro Divino Salvador» (Mystici Corporis) (Papa Pío XII). Colaboremos con Cristo en la salvación de las almas.

¡Combatamos los nobles combates de la fe!

El fin último del hombre

06 jueves Sep 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano mCR.

San Agustín - escribiendoLa palabra fin significa el término de una cosa, y así decimos que la muerte es el fin o término de la vida terrena.

Los animales ignoran su fin y se dirigen a él impulsados por el instinto que Dios ha dejado impreso en su naturaleza. La araña construye su tela, el ave su nido, las abejas el panal, etc., ignorando en absoluto cuál es la finalidad de lo que hacen.

Las personas tienden a su fin dándose cuenta, con su entendimiento, y realizándolo libremente con su voluntad.

Todo acto humano supone el conocimiento y la intención de alcanzar algún fin determinado y, a la consecución de ese fin, se ordena la actividad humana; el hombre sería un autómata si no se moviera por una determinada finalidad.

La persona humana tiene como fin último de su vida la glorificación de Dios. Si voluntariamente se aparta de este fin, comete un grave desorden, que es el pecado, y se pone en peligro de eterna condenación, porque antepone sus pecados a su último fin.

Dios ha querido que las personas encuentren su plena felicidad glorificándole a Él. El que renuncia a dar gloria a Dios voluntariamente, renuncia por lo mismo a ser feliz.

No hemos nacido para otra cosa, ni nuestra vida tiene otra razón de ser que alcanzar la felicidad eterna del Cielo. «No tenemos aquí ciudad permanente, antes buscamos la futura» (Heb. 9, 14).

San Ignacio de Loyola recogió esta idea fundamental en la primera meditación de sus Ejercicios Espirituales, dándonos a la vez la norma simplificadora de nuestra conducta en la tierra: «El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre y para que le ayuden a la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar dellas (de las cosas), quanto le ayuden para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden.

Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que le es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; de tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados».

“Et creavit Deus homínem” (Gén 1, 27)

Dice San Ignacio que los hombres hemos sido creados para alabar, hacer reverencia y servir a Dios.

La alabanza nace espontáneamente del conocimiento de la bondad infinita de Dios, experimentada por nosotros en los beneficios que hemos recibido de Él.

Por la alabanza reconocemos a Dios como bienhechor magnánimo y como nuestro bien supremo: «¡Dios me creó, luego soy de Dios; me creó todo, luego todo cuanto soy, de Dios soy!» (San Agustín).

La reverencia es el homenaje de compostura y modestia exterior e interior con que reconocemos nuestra inferioridad ante Dios creador.

¡Qué grandeza, qué poder, qué realeza la de nuestro Dios! Cómo deberíamos sentirnos abrumados, anonadados ante su presencia!

Servir a Dios es sujetar nuestra voluntad a la suya, hacer lo que Dios quiere y como Dios quiere: «Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti» (San Agustín).

Servimos a Dios orando, trabajando, estudiando, comiendo, descansando, divirtiéndonos honestamente, pues es el mismo Dios quien nos manda orar, trabajar y descansar. Servir a Dios es reinar.

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Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

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"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

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