Papa Francisco
Vigilancia y oración son dos palabras para el Adviento, porque el Señor vino en la historia en Belén, y vendrá, al final del mundo y también al final de la vida de cada uno. Pero el Señor viene cada día, cada momento, a nuestro corazón, con la inspiración del Espíritu Santo. Y así es bueno preguntarse: ¿Yo escucho, sé lo que pasa en mi corazón cada día? ¿O soy una persona que busca novedades, con la expectativa de los atenienses que iban a la plaza cuando llegó Pablo: qué novedades hay hoy? Es vivir siempre de las novedades, no de la novedad.
Cardenal Carlo Caffarra
¿Es posible educar cristianamente a los hijos? A menudo, hoy, la renuncia de las familias a su misión educativa no nace de la falta de convicción del deber-educar. Nace del desaliento: educar es algo imposible. Se trata de un sentimiento de derrota ante fuerzas que se consideran invencibles y con las que es mejor «pactar» (por ejemplo, los medios de comunicación). Debemos liberar totalmente nuestro corazón de este sentimiento de impotencia, que no tiene fundamento… Los verdaderos peligros para la educación de la familia son los que ponen en peligro la verdad de la comunión interpersonal: el poco tiempo pasado juntos, un diálogo que se detiene en la superficie de la vida o la imposibilidad-incapacidad de ofrecer respuestas sólidas a las preguntas de los hijos… (Ser padre) es el oficio más difícil de todos porque es el más fácil de todos. Es como el «oficio de vivir». Es el más difícil porque se trata de generar a una persona humana y nada es más grande que una persona humana; es el más fácil, porque se educa sencillamente conviviendo.
Cardenal Robert Sarah
¿Cómo puede hacerse esto? El Evangelio nos dice: “El que obra según la verdad sale a la luz”. Dejemos que la luz del Espíritu Santo ilumine nuestra vida de manera concreta, incluso en las partes más íntimas de nuestro ser más profundo. Actuar de acuerdo con la verdad es primero poner a Dios en el centro de nuestras vidas, igual que la Cruz es el centro de esta catedral. ¡Hermanos míos, elijan acudir a Él todos los días! En este momento, comprométanse a guardar unos minutos de silencio todos los días para dirigirse a Dios y decirle: “¡Señor, reina en mí! ¡Te regalo toda mi vida!”.
Cardenal Carlos Osoro Sierra
Tened y mantened una familiaridad con Jesucristo. Lo primero es estar con Él. Esto significa que el camino que hemos de hacer, como es caminar desde Cristo, tiene que realizarse desde una familiaridad con Él. Permanecer en su amor, es lo que garantiza el dar fruto. Tened y mantened en vuestra vida el espíritu de salida. Siempre saliendo de vosotros mismos y marchando al encuentro del otro. ¿Os habéis dado cuenta de que, cuando más nos unimos a Jesús y se convierte en el centro, Él nos hace salir más y más de nosotros mismos, nos descentra y nos abre a los demás? Unidos a Jesús salgamos al encuentro de los hombres.
Obispo Enrique Díaz Díaz
María así muestra su grandeza de mujer y de creyente. Es la dignidad de una mujer que se siente contenta consigo misma y que está realizando la vocación para la que ha sido llamada. Una mujer y discípula que entiende que la verdadera alegría es dar y compartir. A veces la vida nos parece estúpida, inútil para nosotros y para los demás. Nos cerramos por dentro para defendemos, para estar seguros de nuestras cosas y con aquellos que amamos. Pero el verdadero discípulo sabe ponerse en camino, abandonar sus seguridades y ofrecerse en servicio a los demás. Entonces encontramos la verdadera libertad que salva, que hace crecer, que sirve y fortalece a los hermanos.
Obispo Juan Antonio Reig Pla
En primer lugar, hay que recordar el carácter sagrado e inviolable de la vida humana desde su origen en la fecundación hasta su fase terminal y la muerte. Como nos revela la Sagrada Familia, la vida humana es un don de Dios. Así lo expresamos respecto a nosotros con la palabra procreación que indica la colaboración del padre y de la madre en la obra creadora de Dios. La vida humana es, por tanto, sagrada y está custodiada por el mandamiento de Dios: ¡No matarás! Del mismo modo el matrimonio, unión del varón y de la mujer elevado a sacramento eficaz de gracia, es una unión sagrada custodiada también por la gracia sacramental y la palabra definitiva del Señor: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” (Mt 19, 6).
San PÍO X
Pascendi Dominici Gregis (77)
En este punto entra de nuevo en escena el filósofo, y manda al historiador que ordene sus estudios conforme a lo que prescriben los preceptos y leyes de la evolución. El historiador vuelve a escudriñar los documentos, a investigar sutilmente las circunstancias y condiciones de la Iglesia en cada época, su fuerza conservadora, sus necesidades internas y externas que la impulsaron al progreso, los impedimentos que sobrevinieron, en una palabra, todo cuanto contribuya a precisar de qué manera se cumplieron las leyes de la evolución.
La vida que va empezando en sus vientres las transforma y llena de fortaleza. No teme Isabel los peligros que comporta un embarazo en la ancianidad. No teme María las dificultades que afrontará en su primer y único alumbramiento. ¡Cómo nos enseñan estas dos sencillas mujeres el verdadero valor de la vida! Están dispuestas a defenderla a pesar de los graves problemas que les acarreará. Sería la primera y gran enseñanza: defender la vida. Defender la vida que empieza silenciosa y callada en el vientre de una madre, pero también la vida que agoniza en el olvido y el dolor de un anciano. Defender siempre y en toda ocasión la vida. Protegerla, cuidarla, hacerla florecer. Es el destino del verdadero creyente.
El apóstol, el enviado que lleva el anuncio de Jesucristo, lo hace a condición de poner en juego su vida, su tiempo, sus intereses, su carne. Hay un dicho castellano: «poner toda la carne en el asador». El viaje del anuncio -arriesgando la vida, jugándose la vida, la carne- solo tiene billete de ida, no de vuelta. Volver es apostasía. Anuncio a Jesucristo con el ejemplo, y ejemplo quiere decir jugarse la vida. Lo que digo lo hago. La palabra, para ser anuncio, debe ser testimonio. Es un escándalo esos cristianos que dicen serlo y luego viven como paganos, como no creyentes, como si no tuviesen fe. Seamos coherentes con la palabra y la vida: eso se llama testimonio.
San Alfonso, sobre todo en su obra principal, titulada Teología moral, propone una síntesis equilibrada y convincente entre las exigencias de la ley de Dios, esculpida en nuestros corazones, revelada plenamente por Cristo e interpretada con autoridad por la Iglesia, y los dinamismos de la conciencia y de la libertad del hombre, que precisamente en la adhesión a la verdad y al bien permiten la maduración y la realización de la persona. A los pastores de almas y a los confesores Alfonso recomendaba ser fieles a la doctrina moral católica, asumiendo al mismo tiempo una actitud caritativa, comprensiva, dulce, para que los penitentes se sintieran acompañados, sostenidos y animados en su camino de fe y de vida cristiana. (…) En nuestra época, en la que son claros los signos de pérdida de la conciencia moral y -es preciso reconocerlo- de cierta falta de estima hacia el sacramento de la Confesión, la enseñanza de san Alfonso sigue siendo de gran actualidad.