Papa Benedicto XVI

Papa Benedicto XVI y el Niño JesúsSan Alfonso, sobre todo en su obra principal, titulada Teología moral, propone una síntesis equilibrada y convincente entre las exigencias de la ley de Dios, esculpida en nuestros corazones, revelada plenamente por Cristo e interpretada con autoridad por la Iglesia, y los dinamismos de la conciencia y de la libertad del hombre, que precisamente en la adhesión a la verdad y al bien permiten la maduración y la realización de la persona. A los pastores de almas y a los confesores Alfonso recomendaba ser fieles a la doctrina moral católica, asumiendo al mismo tiempo una actitud caritativa, comprensiva, dulce, para que los penitentes se sintieran acompañados, sostenidos y animados en su camino de fe y de vida cristiana. (…) En nuestra época, en la que son claros los signos de pérdida de la conciencia moral y -es preciso reconocerlo- de cierta falta de estima hacia el sacramento de la Confesión, la enseñanza de san Alfonso sigue siendo de gran actualidad.

Cardenal Robert Sarah

Sin la luz de Dios, ¡la sociedad occidental anda como un ebrio en la noche! No tiene suficiente amor para acoger a los niños, protegerlos desde el útero de su madre, ni protegerlos de la agresión de la pornografía. Privada de la luz de Dios, la sociedad occidental ya no sabe cómo respetar a sus ancianos, acompañar hasta la muerte a sus enfermos, hacer lugar para los más pobres y los más débiles.

Cardenal Carlo Caffarra

¿Valen igual todas las religiones? El principal enemigo de nuestra fe es el indiferentismo o el relativismo religioso, que consiste en considerar que todas las religiones equivalen entre ellas… ¿Recordáis el testimonio que dio Pedro? ¿Por qué Pablo recorrió el mundo entonces conocido para predicar el Evangelio de Jesús? ¿Sencillamente para decir: “Amados atenienses, amados romanos, esta es mi opinión; pero vosotros tenéis otra, ¡da igual!”?

Cardenal Carlos Osoro Sierra

Desde el servicio desinteresado en todas y a todas las edades de la vida del ser humano, en todas las circunstancias y situaciones geográficas y existenciales en las que se encuentren. Pensad siempre que tenemos un tesoro de vida y de amor que nunca engaña, que siempre permanece y que en ninguna circunstancia manipula o desilusiona. Tened siempre presente esta verdad por muchas dificultades o incomprensiones que encontremos. No es lo mismo tratar de construir el mundo con Cristo y, por ello, con su Evangelio, que hacerlo solamente con la propia razón.

Cardenal Zen

“No puede luchar con el Papa”, ha declarado el cardenal Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, anunciando que se retirará a un monasterio si Su Santidad consagra a los seis obispos de la hasta hace poco cismática Iglesia Patriótica China, controlada por el gobierno, como está previsto.

Obispo Juan Antonio Reig Pla

Ella confía en la respuesta de los padres y en las iniciativas de tantas personas de buena voluntad que ante la voz de alarma despiertan del sueño ideológico y aprenden a discernir los signos de los tiempos. Los creyentes sabemos que, como nos advertía San Pablo, “nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los que dominan este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal” (Ef. 6, 12). Por eso continuamente afirmamos que toda nuestra esperanza está puesta en Cristo, vencedor del pecado y de la muerte, quien nos ha dicho: “En el mundo encontraréis dificultades y tendréis que sufrir, pero, tened ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (73)

Así como de la filosofía recibe sus conclusiones la historia, así la crítica, de la historia. Pues el crítico, siguiendo los datos que le ofrece el historiador, divide los documentos en dos partes: lo que queda, después de la triple partición, ya dicha, lo refieren a la historia real; lo demás, a la historia de la fe o interna. Distinguen con cuidado estas dos historias, y adviértase bien cómo oponen la historia de la fe a la historia real, en cuanto real. De donde se sigue que, como ya dijimos, hay dos Cristos: uno, el real, y otro, el que nunca existió de verdad, y que sólo pertenece a la fe: el uno, que vivió en determinado lugar y época; y el otro, que sólo se encuentra en las piadosas especulaciones de la fe.