Papa Francisco

Epifania del Señor DiosEl apóstol, el enviado que lleva el anuncio de Jesucristo, lo hace a condición de poner en juego su vida, su tiempo, sus intereses, su carne. Hay un dicho castellano: “poner toda la carne en el asador”. El viaje del anuncio -arriesgando la vida, jugándose la vida, la carne- solo tiene billete de ida, no de vuelta. Volver es apostasía. Anuncio a Jesucristo con el ejemplo, y ejemplo quiere decir jugarse la vida. Lo que digo lo hago. La palabra, para ser anuncio, debe ser testimonio. Es un escándalo esos cristianos que dicen serlo y luego viven como paganos, como no creyentes, como si no tuviesen fe. Seamos coherentes con la palabra y la vida: eso se llama testimonio.

Cardenal Carlos Osoro Sierra

Encontraos con ellos, poneos a su lado, estad de su parte, llenadles el cántaro que llevan del mismo Amor del que vosotros vivís. Ya veréis la reacción: marcharán a anunciar, como la samaritana del Evangelio, que han encontrado a alguien diferente que les llena el corazón, les sienta a su mesa, se ocupa y preocupa de ellos. Y no sois vosotros, es a quien transparentáis con vuestra vida: Jesucristo. Os propongo que recemos por los consagrados y por las vocaciones, al mismo tiempo que, para esta Jornada Mundial de la Vida Consagrada, invito a los consagrados a vivir tres compromisos.

Cardenal Robert Sarah

Si les hablo de esta manera, es porque, en mi corazón sacerdotal y pastoral, siento compasión por tantas almas caprichosas, perdidas, tristes, preocupadas y solas. ¿Quién los llevará a la luz? ¿Quién les mostrará el camino a la verdad, el único camino verdadero de libertad que es el de la Cruz? ¿Vamos a dejar que las almas sean entregadas al error, al nihilismo sin esperanza, o al islamismo agresivo? Debemos proclamar al mundo que nuestra esperanza tiene un nombre: ¡Jesucristo, el único Salvador del mundo y de la humanidad! ¡Ya no podemos estar en silencio!

Cardenal Carlo Caffarra

Mis queridos catecúmenos, el bautismo que recibiréis no os sacará de la mentalidad del mundo. Deberéis tener siempre mucho cuidado para no adaptaros a ella, renovando continuamente vuestra mente en la escucha de la palabra de Dios que os enseña la Iglesia. Nutríos diariamente con ella; sed siempre dóciles y fieles al Magisterio de la Iglesia y estaréis libres de todo conformismo. Pero además de la mentalidad de este siglo, hay otro que os impide “mirar como mira el Señor”: Satanás. Él es el padre de la mentira y toda su acción en vosotros es haceros vivir en la mentira: en la mentira acerca del sentido de vuestra vida, el valor de vuestra persona, las relaciones con los demás; en resumen, todo.

Obispo Emérito Felipe Arizmendi Esquiel

“Vemos con gratitud a Dios que su pueblo valora la persona y el trabajo de los presbíteros, que en la riqueza ministerial de toda la comunidad cristiana, son los principales colaboradores del obispo en su misión de enseñar, santificar y guiar a la Iglesia. Son muchos los testimonios de presbíteros que lejos de los reflectores ejercen de manera callada, generosa y fiel su ministerio, muchas veces opacados por los escándalos provocados por los mismos ministros que se apartan de su verdadera misión. A lo largo de la historia de nuestros pueblos han sido fundamentales para su progreso la presencia y la acción de los presbíteros, muchos de ellos dejando y marcando de manera indeleble su vida, en campos como la cultura, el desarrollo humano, el deporte, etc., pero de manera especial en el conocimiento y vivencia de su fe”

Obispo Juan Antonio Reig Pla

Por mi parte me considero honrado al permitirme escribir estas líneas, convencido también de que no hay verdadero progreso para el hombre sin el anuncio de la verdad de la sexualidad humana que hemos conocido con la luz de la razón, la fe en Cristo y la enseñanza de la Iglesia. Verdaderamente, como dice el Concilio Vaticano II, es el Verbo encarnado quien revela al hombre el misterio del hombre y le descubre la sublimidad de su vocación al amor y al don de sí mismo a los demás. (Cf. Gaudium et spes, 22-23).

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (75)

Qué hace, en ese caso, el historiador? Examinando de nuevo los documentos, ya los que se hallan en los Sagrados Libros, ya los sacados de dondequiera, teje con ellos un catálogo de las singulares necesidades que, perteneciendo, ora al dogma, ora al culto sagrado, o bien a otras cosas, se verificaron sucesivamente en la Iglesia. Una vez terminado el catálogo, lo entrega al crítico. Y éste pone mano en los documentos destinados a la historia de la fe, y los distribuye de edad en edad, de forma que cada uno responda al catálogo, guiado siempre por aquel principio, de que la necesidad precede al hecho y el hecho a la narración.