Papa Francisco
No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones (cada uno tiene la suya: la pereza, la lujuria, la envidia, los celos, y demás). Es también una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal. Jesús mismo festeja nuestras victorias. Se alegraba cuando sus discípulos lograban avanzar en el anuncio del Evangelio, superando la oposición del Maligno. Y celebraba: “Estaba viendo a Satanás caer del Cielo como un rayo”.
Cardenal Robert Sarah
“El ataque diabólico más insidioso consiste en tratar de extinguir la fe en la Eucaristía, sembrando errores y fomentando una forma inadecuada de recibirla. Verdaderamente la guerra entre Miguel y sus Ángeles por un lado, y Lucifer por el otro, continúa en los corazones de los fieles”. Haciendo mención al centenario de las apariciones de Fátima; el cardenal Sarah recuerda que el Ángel de la Paz que se apareció a los tres pastores antes de la visita de la Santísima Virgen «nos muestra cómo debemos recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo».
Cardenal Carlos Osoro Sierra
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15, 12-13). ¿Qué nos gustaría escuchar de alguien con respecto a nosotros?, ¿yo te tolero o te amo sin condiciones? Como diría san Agustín, “la medida del amor es el amor sin medida”, pero hay que entender bien al santo doctor. Él no dice que el amor no tiene medida, sino más bien que su medida es amar sin medida, amar en actos y en verdad.
Cardenal Raymond Leo Burke
Si el Papa no cumple con su oficio para el bien de todas las almas, no sólo es posible, criticar al Papa, sino que es necesario hacerlo. Esta crítica debe seguir la enseñanza de Cristo sobre la corrección fraterna en el Evangelio (Mt 18, 15-18). Primero, el fiel o el pastor debe expresar su crítica de manera privada, lo que permitirá al Papa corregirse. Pero si el Papa se niega a corregir su modo de enseñar o de actuar que es gravemente carente, la crítica debe hacerse pública porque tiene que ver con el bien común en la Iglesia y en el mundo. Algunos han criticado a quienes han expresado públicamente la crítica al Papa como una manifestación de rebeldía o de desobediencia, pero solicitar -con el respeto debido a su oficio- que se corrija la confusión o el error no es un acto de desobediencia, sino un acto de obediencia a Cristo y, por lo tanto, a Su Vicario en la tierra.
Arzobispo Samuel J. Aquila
Oremos por la virtud de la esperanza, para que lleguemos a la conciencia de que podemos hacer todas las cosas en Cristo quien nos da la fuerza para ser santos (Flp 4, 13). Pidamos por el don de la piedad, para que podamos comportarnos verdaderamente como hijos de Dios y reverenciemos nuestros cuerpos y los de los demás como templos del Espíritu. Pidamos la gracia de tener corazones puros (Mt 5, 7). Finalmente, como aquellos que pertenecemos a Jesús, debemos orar por nuestros enemigos y por aquellos que nos persiguen. No debemos desear el mal o buscar la venganza para los demás. (Pr 24, 29; Mt 5, 44-48; Col 3, 13; Rom 12, 19-21).
Obispo Juan Antonio Reig Pla
Siguiendo esta misma lógica, Gabriele Kuby nos advierte además que, cuando en el enfoque de la sexualidad se prescinde de toda norma moral y se sigue el proceso de deconstrucción de la persona que propone la ideología de género y sus derivaciones, estamos abocados a la anarquía, al caos, a la imposición del pensamiento único que puede dar lugar a un nuevo régimen totalitario liderado por el Estado y la gobernanza global.
San PÍO X
Pascendi Dominici Gregis (67)
De aquí que se han de retener también los dogmas sagrados en el sentido perpetuo que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, ni jamás hay que apartarse de él con color y nombre de más alta inteligencia; con esto, sin duda, el desarrollo de nuestros conocimientos, aun acerca de la fe, lejos de impedirse, antes se facilita y promueve. Por ello, el mismo Concilio Vaticano prosigue diciendo: Crezca, pues, y progrese mucho e incesantemente la inteligencia, ciencia, sabiduría, tanto de los particulares como de todos, tanto de un solo hombre como de toda la Iglesia, al compás de las edades y de los siglos; pero sólo en su género, esto es, en el mismo dogma, en el mismo sentido y en la misma sentencia.
Para concluir, pido que todos nosotros recordemos orar y estar cerca del corazón de Jesús, pedir la humildad de Jesús y el don del amor a los demás, así como Jesús amó (Jn. 13, 34). Cada discípulo debe orar para tener el don de la fe y una confianza más profunda en Jesús, y de manera especial en su poder sanador. Debemos orar por todas las víctimas de abuso sexual hoy en nuestra cultura, por su sanación y por su encuentro con el Señor Jesús, quien puede traerles sanación. Debemos orar por el clero de la Iglesia, por el Papa, los cardenales, obispos, presbíteros y diáconos, para que el Espíritu Santo, quien avivará los dones que les ha otorgado, los ayude a ser fieles a Cristo y al Evangelio y a ser verdaderos siervos de los fieles con el corazón de Cristo. Debemos orar por la Iglesia nuestra Madre, que es santa, aunque tenga pecadores en medio de ella y sufra por las ofensas de todos sus miembros.
No pensemos, que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades, porque “como león rugiente, ronda buscando a quien devorar”.
Papa Francisco recordó el pasaje evangélico en el que Jesucristo alaba al Padre por revelar sus misterios a «los pequeños»: «Los pequeños son aquellos que tienen el corazón humilde y abierto, pobre y necesitado, que perciben la necesidad de rezar, de confiar y de dejarse acompañar». Su corazón «es como una antena que capta la señal de Dios. Porque Dios busca el contacto con todos, mientras que el que se hace grande crea una enorme interferencia: cuando se está lleno de uno mismo, ya no queda lugar para Dios».
«La oración es un gesto de amor, es estar con Dios y llevarlo a la vida del mundo. Es una indispensable obra de misericordia espiritual. Y si nosotros no confiamos nuestros hermanos, las situaciones al Señor, ¿quién lo hará? ¿Quién intercederá, quién se preocupará de llamar al corazón de Dios para abrir la puerta de la misericordia a la humanidad necesitada?».