Miguicas 307

El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?» Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?» Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Padre Martínez m.C.R.

* “Nunca la humanidad ha conocido una rebelión tan atroz contra Dios en toda su historia desde el principio de la historia” (San Juan Pablo II).

* La tiranía democrática es más peligrosa que la comunista porque es un más sutil.

* “El móvil nos está haciendo daño. Estamos anestesiados, conectados pero aislados” (Carmen Castilla).

* “Los enemigos de España lo fueron siempre, y a la vez, de Roma. Para simbolizar el paternal cariño de los Sumos pontífices hacia la España que ensanchó inmensamente los dominios de Cristo” (José Ungría).

* Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres Padres; un solo Hijo, no tres Hijos; un solo Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos; y en esa Trinidad nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres Personas son entre sí coeternas y coiguales.

* De suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.

* Uno de los argumentos teológicos más conocidos para explicar el misterio de la Santísima Trinidad es el siguiente: Así como nuestro entendimiento, al entender una cosa, produce una idea de lo que conoce, de la misma manera, el Padre, conociéndose eternamente a Sí mismo, engendra el Verbo de Sí mismo, que es el Hijo, consubstancial al Padre.

El octavo día 102 – CRISTO, LUZ PARA LOS HOMBRES Y PARA LOS PUEBLOS (I)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Alocución durante una Misa por España, el día 8 de enero de 1971, en la basílica madrileña de San Francisco el Grande.

Queridos hermanos: La fiesta de la Epifanía celebra la manifestación del amor de Dios, gracias a la presencia visible de Cristo Jesús entre los hombres.

En la oración de la misa de hoy, pedíamos al mismo Dios que, ya que ha revelado a su Hijo a todas las naciones, por medio de la estrella, nos conduzca a todos a la plenitud de su luz. Y recitábamos tras la primera lección el gran deseo de Dios y de los que creen en Dios: “Que todos los pueblos te sirvan, Señor”.

Mis queridos hermanos, esta revelación de Cristo, “para que todos los pueblos te sirvan», constituye ya, en la historia y para siempre, la luz, el sentido, la alegría, la esperanza, el camino y la vida toda.

Nosotros, los españoles, tenemos que dar gracias a Dios porque desde el comienzo quiso que conociésemos a su Hijo encarnado. España con imperfecciones, pero con toda sinceridad, acogió como pueblo esta luz que brilla para todos los pueblos. La vida cristiana en España es un don continuamente ofrecido y renovado, vocación constante pero ligada, por voluntad de Dios, al gran don de una herencia. Heredamos la luz para que la transmitamos, siendo fieles a la misma. Desde que esta luz brilla en los horizontes de un pueblo, en este caso de España, pasa a ser indiscutiblemente el valor supremo de la vida personal y de la vida comunitaria y por ello cada uno y la comunidad misma, no obstante, las variaciones de algunos individuos, hemos de mantener la fidelidad a lo que es nuestro máximo bien, porque estamos consagrados a Cristo.

Semillicas 309

«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor,
¿Quién es?».
Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas hacer, hazlo pronto».

Padre Cano, m.C.R.

* El malvado dice con insolencia: “No hay Dios que me pida cuentas” (Salmo 10, 4).

* “En medio de los tormentos de la Pasión, Jesús solo se quejó de la sed; pero sed de almas, que de devoraba: ¡Son muchas las almas que se condenan!” (J. M. Fernández Piera).

* “Buscando mis amores, /iré por esos montes y riberas; /ni cogeré las flores/ ni temeré las fieras/ y pasaré los fuertes y fronteras” (San Juan de la Cruz).

* “Creo y deseo no haber tenido otros enemigos que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí ser fiel hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo” (Francisco Franco Bahamonde).

* Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo, pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad.

* Así, Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Señor, porque, así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular, así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores.

* El Padre, por nadie fue hecho, ni creado ni engendrado. El Hijo fue por sólo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo; no fue hecho ni creado, sino que procede.

DEFENSA de la HISPANIDAD 19

Ramiro de Maeztu

LA SEPARACIÓN DE AMÉRICA 13

La defensa necesaria (II) 

No fue meramente humildad nuestra, sino incuria, la razón de que se nos borrara del espíritu el sentido ecuménico de España. Incuria nuestra y actividad de nuestros enemigos. Mirabeau descubrió en la Asamblea Nacional que la fama da Luis XIV se debía en buena parte a los 3.414.297 francos (calculados al tipo de 52 francos el marco de plata) que distribuyó entre escritores extranjeros para que pregonasen sus méritos. Luis XIV fue seguramente el enemigo más obstinado y cruel que jamás tuvo España. Al mismo tiempo que colocaba a su nieto en el trono de Madrid decía secretamente a su heredero en sus «Instrucciones al Delfín»: «El estado de las dos coronas de Francia y España se halla de tal modo unido que no puede que no puede elevarse la una sin que cause perjuicio a la otra». De otra parte explicaba a su hijo la razón de haber auxiliado a Portugal, después de haberse comprometido con España a no hacerlo, diciendo que: «Dispensándose de cumplir a la letra los tratados, no se contraviene a ellos en sentido riguroso». La tesis de Luis XIV es falsa. A España no le perjudica que Francia sea fuerte. Lo que le dañaría es que fuera tan débil y atrasada como Marruecos. Ni Francia ha perdido nada por la pujanza de Italia, ni tampoco se debilitaría con el poder de España. Pero todavía Donoso Cortés tuvo que contestar a un publicista francés que aseguraba que el interés de Francia consistía en que España no saliera de su impotencia, para no tener que atender al Pirineo en caso de pelear con Alemania.

 Ello es exagerado, y todo lo exagerado es insignificante, decía Talleyrand. Si no hubiera más política internacional que debilitar al vecino, como afirmaba Thiers, bien pronto desaparecería toda política, porque los vecinos se confabularían contra la nación que la emprendiera, y el mundo se descompondría en la guerra de todos contra todos. La defensa de la patria no excluye, sino que requiere, el respeto de los derechos de las otras patrias. Pero la apologética no es exagerada sino cuando se hace exageradamente. Es tan esencial a las instituciones del Estado y a los valores de la nación como a la vida de la Iglesia. Si no se sostiene, caen las instituciones y perecen los pueblos. Es más importante que los mismos ejércitos, porque con las cabezas se manejan las espadas, y no a la inversa. Esto que aquí inició la «Acción Española», que es la defensa de valores de nuestra tradición, es lo que ha debido ser, en estos dos siglos, el principal empeño del Estado, no sólo en España, sino en todos los países hispánicos. Desgraciadamente no lo ha sido. No defendimos lo suficiente nuestro ser. Y ahora estamos a merced de los vientos. 

Mostacicas 239

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».

Don Manuel

* La Sagrada Escritura es un cántico a la alegría.

* El mundo dice: “bienaventurados los que ríen”. Nuestro Señor Jesucristo nos dice: “Bienaventurados los que lloran”. “¡Ay de vosotros los que ahora reis!” (Lc 6, 25).

* “Decid a los enfermos que el sufrimiento es la forma más elevada de oración” (Pío XI).

* “Piensen que S.S. ha tenido presente la obra misionera, verdaderamente admirable, que España inmortal realizó en la naciente América, al llevar allí la Cruz de Cristo” (Cardenal Landázuri).

* Cristo menciona a las tres divinas personas, que tienen una misma esencia o naturaleza, como lo indica la fórmula singular del mandato de bautizar “en el nombre”, no “en los nombres de”.

* El símbolo “Quicumque” alcanzó tanta autoridad en la Iglesia Occidental y en la Oriental que entró en la liturgia de la Iglesia y ha de tenerse por verdadera definición de fe.

* “Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica, y el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. Ahora bien, la fe católica es que veneramos a un sólo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad, sin confundir las personas ni separar las substancias.