ORACIÓN

Virgen Dolorosa, acompañante de tu Hijo en su pasión. Señora del Vía crucis que conmueves a Jesús y le llevas tu consuelo hasta la Cruz. Nuestra Señora del Calvario donde te conviertes en madre de todos los hombres y desde allí intercedes por todos tus hijos sufrientes. Ayúdanos a llevar la cruz, sé tú nuestro apoyo en las dificultades e intercede para que los dolores de este mundo sean transformados en redención cuando tú se los presentes, de nuestra parte, a tu Hijo. No permitas que desfallezcamos en la prueba. Amén.

Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros.

El octavo día 90 – DIÁLOGO SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA, SEGÚN EL CONCILIO VATICANO II (X)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

P.: Antes oímos que la actitud del Estado no puede ser la misma en cuanto a la religión y en cuanto a sus negaciones. Ahora bien, ¿el Estado debe garantizar igualdad de condiciones para las diversas religiones?

R.: Pregunta importante y delicadísima. Si he de hablar con la doctrina de la Iglesia, que es lo que usted busca (P.: Exacto), la respuesta es clara. Es afirmativa, si por «igualdad de condiciones» se entienden dos cosas: 1.ª, que la diferencia de religión no signifique discriminación en los derechos civiles, a no ser las limitaciones legítimas por razón de los derechos de los demás; 2.ª, que toda religión, además del respeto básico a la autonomía de las personas (común a los ateos y no religiosos), merece con derecho una ayuda especial, un favor, protección o impulso, para que pueda desarrollar sus valores positivos. Pongamos un ejemplo, que en España entenderíamos muy bien. En España tenemos muy pocos ciudadanos que sean mahometanos; e incluso, me parece, muy pocos mahometanos que residan en España; pero, más o menos, algunos hay, y en ciertas circunstancias históricas no lejanas hubo más que algunos. Si a estos mahometanos se les ofrecen facilidades para que puedan vivir su propia vida religiosa, acaso algún católico diga que se favorece una religión falsa o, por lo menos, imperfecta. Sin embargo, cabe considerar el asunto desde otro punto de vista mucho más serio: no se les ofrecen facilidades para que practiquen una religión falsa o imperfecta, sino para que practiquen una religión, en vez de dejarse arrastrar por la desidia, el abandono, la inercia espiritual. Entre esta dejadez, que es un vicio, y la práctica sincera y honesta de una religión, todo se inclina a favor de lo segundo: es un valor positivo, aunque sea imperfecto.

Hasta aquí, pues, igualdad de condiciones. Ahora bien, según la doctrina de la Iglesia no todas las regiones tienen derecho a una plena igualdad de condiciones. La religión verdadera (llamamos verdadera no a una religión humana, sino a la que brota de la manifestación de Cristo, revelación de Dios en la Historia) tiene el máximo derecho, el derecho en exclusiva, de ser reconocida como tal, y de ser como tal, favorecida: no con coacciones, sí con ayudas positivas para que este mensaje, que es don de Dios, llegue realmente a todos los hombres. Estos lo aceptarán o no; pero su proposición debe favorecerse mucho más que cualquier proposición de otras religiones. Asumir la diferencia entre una religión que viene de Dios y una religión que es un reflejo del espíritu humano no constituye ninguna infracción de la igualdad básica de los ciudadanos ante el Estado.

Semillicas 297

Los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?» Él les respondió: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros. Y añadió: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».

Padre Cano, m.C.R.

* Sólo la conciencia cierta es norma legítima del bien obrar, porque el que duda si lo que va a hacer es bueno o malo acepta la posibilidad de ofender a Dios y, por lo mismo, peca realizando con duda esa acción.

* Para juzgar de la bondad o malicia de un acto no es necesario tener certeza absoluta, que excluya toda duda, basta la certeza moral.                                            

* Conciencia dudosa es la que vacila sobre la licitud o ilicitud de un acto sin determinarse a emitir un juicio.

* El principio fundamental que regula la conciencia dudosa es el siguiente: No es lícito obrar con duda, pues se aceptaría la posibilidad de ofender a Dios y cometer un pecado mortal o venial.

* Quien tiene este tipo de conciencia debe consultar a quien esté bien formado para ir saliendo de ella, pues siempre se ha de obrar con conciencia verdadera y cierta.

* Cuando no es posible consultar antes de hacer un acto concreto, debe escoger lo que le parezca menos malo, y si ambas cosas le parecen igualmente malas, no peca al elegir cualquiera de ellas.

DEFENSA de la HISPANIDAD 7

Ramiro de Maeztu

LA SEPARACIÓN DE AMÉRICA 1

La unidad de la Hispanidad (I)

«El 12 de Octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad». Con estas palabras encabezaba su extraordinario del 12 de octubre último un modesto semanario de Buenos Aires, El Eco de España. La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?

 Primera cuestión: ¿Se incluirán en ella Portugal y Brasil? A veces protestan los portugueses. No creo que los más cultos. Cámoens los llama (Lusiadas, Canto I, estrf. XXXI):

«Huma gente fortissima de Espanha»

André de Resende, el humanista, decía lo mismo, con palabras que elogia doña Carolina Michaëlis de Vasconcelos: «Hispani omnes sumus». Almeida Garret lo decía también: «Somos Hispanos, e devemos chamar Hispanos a quantos habitamos a peninsula hispánica«. Y don Ricardo Jorge ha dicho: «chamese Hispania à peninsula, hispano ao seu habitante ondequer que demore, hispánico ao que lhez diez respeito». Hispánicos son, pues, todos los pueblos que deben la civilización o el ser a los pueblos hispanos de la península. Hispanidad es el concepto que a todos los abarca.

Veamos hasta qué punto los caracteriza. La Hispanidad, desde luego, no es una raza. Tenía razón El Eco de España para decir que está mal puesto el nombre de Día de la Raza al del 12 de octubre. Sólo podría aceptarse en el sentido de evidenciar que los españoles no damos importancia a la sangre, ni al color de la piel, porque lo que llamamos raza no está constituido por aquellas características que puedan transmitirse a través de las obscuridades protoplásmicas, sino por aquellas otras que son luz del espíritu, como el habla y el credo. La Hispanidad está compuesta de hombres de las razas blanca, negra, india y malaya, y sus combinaciones, y sería absurdo buscar sus características por los métodos de la etnografía.