Cosicas 46

Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés».

Mossèn Manel

* La época mosaica va desde Moisés y los profetas hasta Cristo Nuestro Señor. Su resumen y compendio más perfecto se encuentra en los Mandamientos de la Ley de Dios, entregados por Dios a Moisés en el monte Sinaí (Ex. 20, 1-17).

* La Nueva Ley es la promulgada por Cristo y sus Apóstoles para el bien sobrenatural del género humano. Se halla contenida en el Nuevo Testamento y en la Tradición divina bajo la custodia del Magisterio infalible de la Iglesia Católica.

* La Nueva Ley evangélica puede resumirse en el nuevo mandamiento del amor: »Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como Yo os he amado» (Jn. 13, 34).

* Todos los hombres tenemos la obligación de cumplir la Ley divino-positiva.

* La Ley moral es el conjunto de preceptos contenidos en la Ley eterna, la Ley divino-positiva y la Ley natural.

* La Ley moral es la norma objetiva de la moralidad de nuestros actos y, por tanto, obliga en conciencia.

Historia sencilla de la Iglesia (29)

Recapitulada por el P. Cano

– NUEVOS CARGOS ECLESIÁSTICOS

A raíz de la paz de Constantino el rápido crecimiento del Cristianismo exigía reformas en la organización de la Iglesia. Surgen dos nuevos cargos: el arcipreste y el archidiácono. El arcipreste ocupaba el primer puesto en la Jerarquía, después del Obispo, y lo sustituía a veces en la celebración de los oficios divinos y en la presidencia del colegio presbiteral. Más importante todavía era el archidiácono, que tenía la dirección de la administración de la diócesis; era, con frecuencia, el sucesor del obispo.

Nuevos cargos eclesiásticos de menor trascendencia fueron: los sincellos, los ecónomos, los defensores, los notarios, los archiveros, los mansionarios. Se introdujeron también en este tiempo nuevas órdenes menores: los exorcistas y ostiarios que aparecen en Oriente en el siglo VII. Se establece el nuevo cargo de cantores, como una especie de orden menor.

– COSTUMBRES ECLESIÁSTICAS

Para la formación del clero se construyeron centros de instrucción y escuelas monacales, preludio de los futuros seminarios.

La elección de obispos seguía la forma establecida: el pueblo y el clero interesados elegían a su obispo, con la aprobación de los obispos vecinos; más tarde fueron los príncipes y el Emperador y, a veces, los eclesiásticos los que elegían al obispo o al menos influían decisivamente.

Los eclesiásticos vivían de sus propios recursos y de su trabajo personal. Pero, como las iglesias fueron aumentando su patrimonio con limosnas voluntarias, en muchos casos estas ayudas eran suficientes para la manutención de los clérigos, la construcción y conservación de los templos y para el culto divino.

De las limosnas recibidas se reservaba siempre una parte importante para los pobres. Poco a poco se fue introduciendo el sistema de los diezmos (contribución a la Iglesia de carácter obligatorio), que aparece en el siglo VI, pero generalmente bastaban los donativos voluntarios.

Muchos eclesiásticos tenían costumbre de mantener su virginidad; esto se generalizó de tal manera que los clérigos de órdenes mayores renunciaban al matrimonio. Costumbre que se convirtió, en ley eclesiástica en el Concilio de Elvira (Granada).

En Oriente no se permitía contraer matrimonio a los sacerdotes; si ya estaban casados se les permitía vivir su matrimonio; los diáconos también podían casarse.

– PARROQUIAS, ORATORIOS Y PATRIARCADOS

En los pueblos pequeños vivían sacerdotes encargados de ejercer la cura de almas; los obispos ejercían la cura de almas en las ciudades. A estas comunidades cristianas rurales se las designó como parroquias y a los sacerdotes se les llamó párrocos. En Oriente estaban ya establecidos en el siglo V.

A partir del siglo VI surgen, sobre todo en las Galias y en España las llamadas iglesias propias. Eran iglesias o capillas que señores territoriales o personas ricas establecían en sus propiedades asignándoles los bienes materiales necesarios para mantener el culto y nombrando al capellán que las servía.

También aparecen en este tiempo los oratorios, iglesias secundarias para facilitar la asistencia a los oficios divinos a las personas que vivían lejos de la parroquia. Al párroco que tenía bajo su jurisdicción varias capillas, con sus respectivos capellanes, se le llamaba arcipreste.

En este tiempo todo Occidente pertenecía al Patriarcado de Roma; en Oriente se formaron cinco patriarcados: Constantinopla, para Tracia; Éfeso, para Asia; Cesarea de Capadocia, para el Ponto; Antioquía, para el llamado Oriente; y Alejandría, para Egipto.

Esta división oriental experimentó cambios. Más tarde se reorganizaron en los Patriarcados de Constantinopla, Antioquía, Alejandría y Jerusalén, cuyo derecho patriarcal fue reconocido en el Concilio de Calcedonia en el año 451.

El nacimiento de la España moderna 48

Los Reyes Católicos, Toma de Granada, el fin de la Reconquista y la expulsión definitiva de los musulmanes de la Península Ibérica.

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA LEYENDA NEGRA (X)

Complejo esencialmente europeo

Pero si el freudismo, considerado suicidamente como “una gran lección” por una cierta parte de la Iglesia que se dice abusivamente conciliar (por ejemplo, en la “enciclopedia católica” francesa Théo), no cesa de desarrollar en el seno del catolicismo su influencia de “denuncia” y de “liberación” (a la lascasiana), el hundimiento del comunismo en los países del Este ha dado un duro golpe al marxismo de Iglesia. Desde entonces, y gracias al quinto centenario del descubrimiento de América, es la ideología lascasiana la que reaparece en primer término. Por todas partes en América del Sur y Central las llamadas a una “celebración penitencial” del quinto centenario (para pedir perdón) han aportado de nuevo algún trigo ideológico para «moler a los agitadores y militantes frustrados por el reflujo comunista. Agitadores y militantes cuyos inspiradores, teólogos liberacionistas, han sido todos formados y dados a conocer en Europa, Gutiérrez en. Lyon. y Lovaina, Comblin en Bélgica, Dussel en París y Mayence. Sin omitir Salamanca y otras ciudades españolas, donde han tenido el apoyo que se sabe.

En esta ideología neolascaiana se manifiesta así, de nuevo, una construcción, una picazón, un complejo esencialmente europeo. Como lo señala monseñor Amigo, arzobispo de Sevilla y presidente de la Comisión Episcopal Española para el quinto centenario de la evangelización de América: “La actitud vergonzosa respecto a este quinto centenario es más frecuente entre los obispos de España que entre los latinoamericanos. Es como una mala conciencia del pasado” Fundada siempre, por tanto, no sobre los hechos constatables en América, sino sobre la matraca ideológica y psicoanalítica lascasiana reinante en Europa, sin sufrir ahí el menor obstáculo de parte de la realidad.