Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois».
Padre Martínez m.C.R.
* «Dejad a un pueblo sin sacerdotes y pronto las gentes adorarán las bestias» (San Juan Mª Vianney).
* «La idea de la reencarnación es incompatible con la Doctrina Católica pues como cuenta San Pablo el destino del hombre es morir una sola vez» (Hebreos 9, 27).
* La muerte es la separación temporal del alma y el cuerpo. La muerte aparece como final de la vida terrena. Después seguimos viviendo en el Cielo o en el infierno.
* La Iglesia posee derecho propio y exclusivo para legislar y juzgar en todas las cuestiones relativas al matrimonio de los bautizados. Corresponde únicamente a la Iglesia.
* «Si quieres tener paz no busques cambios ni de casa ni de empleos, sino pide al Señor que te de un corazón manso, humilde, obediente, porque la paz está en la abnegación de nosotros mismos» (San Benito Menni).
* «El noviazgo es una cosa sería. El noviazgo no es diversión ni un placer, sino una escuela preparatoria para el matrimonio, que es una de las misiones más grandes y más serias que Dios ha confiado al hombre y la mujer» (Padre Loring).
D. José Guerra Campos El octavo día Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973
Ese ideal rebasa cualquier futuro mejor, de esos que los hombres optimistas intentan construir con sus manos, porque, por espléndido que este futuro resultara, si se lograse, sería imperfecto, insatisfactorio, pasajero para cada una de las generaciones que lo disfrutasen; y quedarían fuera todas las generaciones precedentes, que acaso lo habrían preparado.
Ese ideal tampoco es sueño evasivo, por huida de nuestra impotencia frente a la realidad social y corporal. Las fiestas de la Ascensión de Cristo y de la Asunción de María destacan precisamente la elevación del cuerpo; no tanto por un traslado como por una transformación, que es un don de Dios; es una vida superior que constituye una exaltación positiva de toda nuestra realidad: espíritu y cuerpo, vida individual y social, en la que podrán participar los hombres fieles de todos los tiempos, los muertos y los que vamos hacia la muerte.
Optimista o pesimista, el hombre, que tan admirablemente progresa en el dominio de la tierra, no puede vencer sus propios límites; y, sin embargo, no sería hombre si no aspirase a ser más de lo que por sí mismo puede realizar. Aspira a un dominio de la tierra que sea también señorío interior de sí mismo, verdadera libertad, comunión de corazones, vida sin muerte. Esta aspiración sólo es factible en la comunicación filial con Dios, a la que somos llamados. La pretensión de conseguirla por autosuficiencia es suicidio, es el pecado (4).
NOTAS:
(4) La atención a las posibilidades y a las responsabilidades solidarias de la humanidad en este mundo es un valor apreciable; pero la pérdida del sentido del pecado es un índice de que ese humanismo se corrompe, degenerando en ateísmo, orgulloso o desesperado. El Evangelio, que purifica y perfecciona los valores humanos, es esencialmente religioso: relación con el Padre, vida eterna.
«¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».
Padre Cano, m.C.R.
* Hay ateos. Más bien ignorantes. Nunca le han explicado la Doctrina de Jesucristo.
* «No os engañéis: Las malas compañía corrompen las costumbres» (1ª Corintios 3, 3).
* Inmediatamente después de la muerte tiene lugar el juicio particular, en el cual la sentencia divina decide el estado eterno de los que han fallecido: Infierno o Cielo.
* Los muertos resucitarán con el mismo cuerpo que tuvieron en la tierra libre de deformidades, mutilaciones. Santo Tomás de Aquino dice: «El nombre resucitará» en su mayor perfección natural.
* «Queridos jóvenes: Busquemos la Verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia, pero seamos coherentes: ¡Amemos la Verdad, vivamos en la Verdad, proclamemos la Verdad! ¡Sé para nosotros la única Verdad!» (San Juan Pablo II).
* «Haití el padre André Sylvestre, un sacerdote de 70 años fue agredido cuando salía de un banco. Herido por un grupo de delincuentes, murió en el quirófano. El padre Sylvestre era muy apreciado en su parroquia de Nuestra Señora de la Misericordia en Robillard, también dirigía un orfanato y se ocupaba de las personas sin hogar» (Fides).
La importancia de la agricultura colonial fue advertida por la Corona, que desde el primer momento intentó no trasladar a América el modelo feudal especialmente en lo referente a la distribución de tierras. El deseo de la Corona se reflejó en las instrucciones de Carlos I a Hernán Cortés, en 1523.
Una Epopeya misionera
Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R
IV
FORMAS MAS EFICACES DE HACER RAZA Y TRABAJAR POR LA HISPANIDAD (6)
Ni es ajeno al oficio sacerdotal el de buen patriota que quiere para su pueblo la bendición de Dios de pinguedine terrae ¿No fueron los misioneros los que trajeron de España acá aperos y semillas y abrieron escuelas de artes y oficios? No había en América más que una espiga de trigo que tenían en su jardín los dominicos de La Española; cuando el Obispo Quevedo se queja a Las Casas de que no hay pan, contesta indignado el celoso misionero: “¿Qué son estos granos del huerto de los frailes?” Y en América hubo pan: al mísero cazabe sustituyó el pan candeal, el de los pueblos civilizados; este pan de Melquisedec y del Tabernáculo mosaico y de los altares cristianos en que Dios ha querido fundar el sacrificio, que es la salvación del mundo.
Pan copioso debemos pedirle a Dios y a nuestro mutuo esfuerzo, y con él toda bendición de la tierra.
Hace pocas semanas que la Unión Ibero-Americana circulaba en España una comunicación en que se quejaba de la decadencia del comercio español con las Américas, de la competencia ruinosa de otras naciones, de los errores cometidos por los exportadores nacionales, de lo difícil que será recobrar para España lo que por su culpa se perdió, e invitaba a las entidades del comercio español a una conferencia para el presente otoño. Señores: si cupiese en los ámbitos de mi jurisdicción, yo diría a la Unión Ibero-Americana: os envío mi bendición de Obispo español y quisiera que ella fuese prenda de todas las bendiciones del Cielo, para España y para América, en Orden a la conquista legítima de los bienes de la tierra. Y ojalá que al conjuro de esta bendición surgieran de nuestros arsenales las escuadras pacíficas de los transatlánticos y de los zepelines que, en su ir y venir de un mundo a otro, ataran las naciones de la hispanidad con el hilo de oro de la abundancia, y, al par que variaran en los puertos de ambos mundos los tesoros de sus entrañas, estrecharan cada día más los lazos espirituales que unen los pueblos de la raza. Que también en los banquetes, en que se refocilan los cuerpos, se comunican los espíritus y se fundan amistades duraderas.
Yo quería hablaros de las características de esta colaboración de España y América en la obra de hispanidad: del espíritu de continuidad histórica, porque la historia es la luz que ilumina el porvenir de los pueblos, y si rechazan sus lecciones, dejarán de influir en lo futuro, pues, como dice Menéndez Pelayo, ni un solo pensamiento original son capaces de producir los que han olvidado su historia; de este otro espíritu de disciplina, sin el que no se concibe una sociedad bien organizada, ni el progreso de un pueblo; porque la disciplina de reyes, hidalgos y misioneros, cualesquiera que sean las fábulas sobre nuestra colonización, supo imprimir el sello intelectual y moral de sus almas bien formadas, y de este otro, espíritu de perseverancia tenaz, sin el que sucumben y fracasan las empresas mejor concebidas y empezadas y que, en una elocuente parrafada, negaba nuestro Costa al genio español.
Pero prefiero hablaros, para terminar de lo que es todo esto junto, historia, disciplina de cuerpo y alma, perseverancia secular, que es la razón capital de la intervención de España en América y, por lo mismo, la razón de la historia hispanoamericana y que no podemos repudiar si queremos hacer hispanidad verdadera. Es el catolicismo, confesado y abrazado a todas sus esencias doctrinales y aplicado al hecho de las vidas en todas sus consecuencias de orden moral y práctico.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados». Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?«
Don Manuel
* El pueblo elegido por Dios fue constituido como «un reino de sacerdotes y una nación»: sacerdocio ministerial y sacerdocio común.
* «No os dirijáis hacía un fin rastrero en el que podéis encontrar placer sino hacia un ideal noble que proporciona alegría» (Armonía Cartujana).
* «Los sacerdotes somos relicarios de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios; a los cuales hombres conviene la santidad» (San Juan de Ávila).
* Los cuerpos de los que murieron en pecado mortal resucitarán en incorruptibilidad e inmortalidad que son condiciones indispensables para que el cuerpo sufra el castigo eterno del infierno.
* San Juan Pablo II en el discurso del 8 de abril de 1987 en la segunda de sus visitas a la Argentina dijo: «Toda la cultura que España promocionó en América estuvo impregnada de principios y sentimientos cristianos».
* A nuestras democracias, les suelen faltar el sentido de la verdad y un mínimo de sentido ético. Todos buscan ser elegidos, pero no siempre con la verdad por delante. Todos dicen buscar el bien común, pero ese «bien» no siempre concuerda con el bien moral objetivo.