El octavo día 77 – SANTA MARÍA (I)

La Asunción de Santa María a los Cielos

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Mañana se celebra en todo el mundo la fiesta de la Asunción, la más antigua y universal en honor de nuestra Señora. De los cientos de miles de iglesias católicas, la mayor parte están dedicadas a Santa María; y casi todas festejan a su titular el día 15 de agosto.

Sería bueno que recobrásemos la admiración ante un hecho incomparable: hace veinte siglos una joven, modestamente situada en un rincón de Palestina, se atrevió a decir: «Me llamarán dichosa (me felicitarán) todas las generaciones» (1). Increíble: porque lo ordinario es que, precisamente al paso de las generaciones, se desvanezcan las aclamaciones entusiastas. Sin embargo, toda la trompetería de la fama mundana, todo el sensacionalismo artificial de las modas pasajeras, apenas son más que un charco de ranas al lado de la corriente -secular, honda, limpia- de amor y esperanza que María sigue suscitando en millones de personas de todas las edades.

A veces perdura en los pueblos el culto a los hombres del pasado; pero no es más que un culto recuerdo. El culto de María, en la órbita del culto a nuestro Señor Jesucristo, se dirige a alguien viviente, que nos acompaña sin barreras de tiempo: es un culto que importa una memoria de las manifestaciones históricas de esa persona y, a la vez, una adhesión a su presencia invisible, en la que tocamos la realización y como una prenda de la vida futura que esperamos.

La fiesta de la Asunción canta la plenitud feliz a la que ha llegado Santa María. Según palabras del Concilio Vaticano II, «terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste, y ensalzada como reina del universo» (2). Es la única persona que está ya asociada del todo a la resurrección y al señorío universal de Cristo, por encima de todas las formas del dolor y de la muerte.

¿Qué significa esto para nosotros? Más que un objeto de admiración, más que un símbolo de aspiraciones irrealizables: ¡es nuestro ideal realizado y asequible! María es ya lo que nosotros queremos y podemos llegar a ser, aunque en grado inferior. Dice también el Concilio: «La Madre de Jesús…, glorificada en los cielos en cuerpo y alma, es imagen y principio de la Iglesia» del futuro; «así, en la tierra precede con su luz al pueblo de Dios, que aún peregrina, como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor» (3).

NOTAS:

(1) Lc. 1, 48.

(2) LG., 59.

(3) LG., 68. Cfr. Id., 65: «Mientras la Iglesia ha alcanzado en la santísima Virgen la perfección, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga, los fieles luchan todavía por crecer en santidad …»

Semillicas 284

Nuestra Señora de la Salud

Padre Cano, m.C.R.

* San Juan Pablo II, dijo: «La juventud tiene que hacer la evangelización de Europa».

* «Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies» (1ª Corintios 15, 25).

* «No esparzas rumores infundados» (Éxodo 22, 30). «No aceptes soborno, porque el soborno ciega al perspicaz y falsea la causa del inocente.» (Éxodo 23, 8).

* Se ha escrito mucho de la burguesía capitalista. Del capitalismo salvaje muy poco. San Juan Pablo II lo condenó, pero los medios de comunicación no se enteraron.

* Todos los grandes progresos científicos se han conseguido analizando la realidad de las cosas. Una persona cumple con su deber cuando conoce la Verdad y vive en la realidad.

* La verdad es la adecuación de la mente con la cosa. El entendimiento tiene que acoplarse a la realidad. Y eso es la verdad: la adecuación a la realidad de las cosas.

* Todos los grandes progresos científicos, biológicos, químicos, físicos, han sido a base de estudio serio de la realidad. La verdad es la realidad que comporta nuestro entendimiento.

* «Madre mía, que quien me mire te vea» «Si se pudiera ser santa sin ir en compañía de la Santísima Virgen, preferiría tener menos santidad, pero ir muy unida a Ella» (Teresita de la Virgen María).

* Un joven de los que corren por el mundo con sus aparatos de comunicación, ha dicho que él es libre para hacer y decir lo que le da la gana. Pues no. Ni tan siquiera puede pensar que dos y dos son cinco.

Hispanoamérica. La verdad 213

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue elegida como la mejor de latinoamérica.

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

IV

FORMAS MAS EFICACES DE HACER RAZA Y TRABAJAR POR LA HISPANIDAD (5)

Aquí está España, que quiere rehabilitarse ante vosotros y que os pide en nombre de la vieja común historia, que unáis otra vez a ella vuestros destinos.

Libres de los prejuicios de la leyenda negra y rehechos nuestros valores espirituales, unámonos en la obra solidaria de la cultura, entendida la palabra en su sentido más amplio y profundo. Cultura es cultivo: como estamos obligados a cultivar la tierra para que nos dé el sustento de cada día, así tenemos la obligación moral de cultivar la vida humana, personal y socialmente, para lograr su máximo rendimiento y esplendor. Los pueblos sin cultura sucumben, porque son absorbidos o anulados en su personalidad histórica por los más cultos. La infiltración de la cultura de un pueblo en otro es el preludio de su conquista moral, especie de anexión de espíritus que importa como una servidumbre, que es desdoro para quien la presta.

Cierto que la cultura es patrimonio circulante, a cuya formación contribuyen y de que participan, a su vez, todos los pueblos. Pero hay pueblos parásitos: que viven; de la cultura ajena; y pueblos fabricantes y exportadores de su cultura específica. Estos son los que imponen al mundo la ley de su pensamiento, en el orden especulativo, y acaban por imponer las ventajas de sus inventos científicos y los productos de sus fábricas.

No seamos parásitos ni importadores de cultura extranjera. Tenemos alma y genio que no ceden a los de ningún pueblo, Tenemos una lengua, vehículo de las almas e instrumento de cultura, que dentro de poco será la más hablada de la tierra y en que se vacían, como en un solo troquel, el pensamiento y de corazón de una misma madre. Y, sobre todo, tenemos la misma formación espiritual, porque son idénticos los principios cristianos que informan el concepto y el régimen de la vida.

¿Cómo fomentar esta obra solidaria de cultura? Españolizando en América y americanizando en España; Cuando dos se aman, piensan igual y sus corazones laten al unísono. Amémonos, americanos, y transfundámonos mutuamente nuestro espíritu; nos será más fácil entendemos que con otros, porque tenemos el paso a nivel de una misma tradición y de una misma historia. La depuración de la lengua, el intercambio de libros y periódicos, la voz de España que se oiga en los Círculos y Ateneos de América y la voz de los americanos que resuene en España, para repetirnos nuestras viejas historias y proyectar, acá y allá, las luces nuevas del espíritu. Contacto de maestros y juventudes en Colegios y Universidades, con las debidas reservas para que no se deforme el criterio de nuestra cultura tradicional; coordinación de esfuerzos acá y allá, entre los enamorados del ideal hispanoamericano, para abrir nuevas rutas a nuestra actividad cultural y canalizar las energías hoy desperdigadas Un gran centro de cultura hispanoamericana en España, en comunicación con otros análogos en las naciones de habla española en América, podría ser el foco que recogiera e irradiara la luz homogénea del pensamiento de aquende los mares.

Y todo ello sin recelos, hermanos de América, sin recelos por nuestra aparente inferioridad; que todavía le queda cerebro y medula al genio español, que iluminó al mundo hace tres siglos, y menos por la autonomía de vuestro pensamiento y de vuestra cultura propia, porque España no aspira al predominio, sino a una convivencia y a una colaboración en que prospere y se abrillante el genio de la raza, que es el mismo para todos.

Si no desdijese de mis hábitos episcopales y de esta cruz pectoral, que recuerda lo espiritual y sobrenatural de mi misión, yo os diría, americanos, sin que nadie pueda recelar de propagandas ajenas a mi oficio: “Unámonos hasta para el fomento de nuestros intereses económicos”. ¿Por qué no? El hombre no vive de sólo pan, cierto; pero no vive sin pan, y tiene derecho a su conquista, hasta donde pueda convenirle para vivir prósperamente. La decadencia económica va casi siempre acompañada del decaimiento espiritual; la prosperidad colectiva, mientras se conserven en los pueblos las virtudes morales, es estímulo social del progreso.