Cosicas 31

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la Iglesia

Mossèn Manel

* «Antes de la segunda venida de Cristo se producirá la conversión de los judíos» (Romanos 11, 25-27).

* «Es triste, muy triste la devastación y estragos causados por Satanás en hombres, mujeres y niños» (Cardenal Manning).

* Debemos estar al quite porque este mundo nos materializa y nos humaniza lo vemos todo con naturalidad y debemos ver todo sobrenatural.

* «La sociedad posmoderna es la sociedad del diálogo inalcanzable, sociedad parlanchina y vocinglera de sordos autodeterminados» (Juan Fernando Segovia).

* En la plaza del Vaticano se acercó un joven. Hablamos. No va a las Sinagoga y no cree en Jesús. Recemos por la conversión de los judíos que será la conversión del mundo entero.

* La verdad no son imaginaciones, cosas ficticias. La verdad nos hace experimentar lo que decía el músico César Frank, ponderando una melodía suya: «No la he hecho ni escrito. La he encontrado» Mossèn José Ricard).

* «Chesterton se convierte en el jefe del movimiento denominado «Distributismo» que enfrentado tanto al socialismo como el capitalismo salvaje, adelante la idea de que la propiedad privada debería dividirse en entidades lo más pequeñas posible, y luego redistribuirla en la sociedad» (Jon Antoine Marie O.I.L).

Historia sencilla de la Iglesia (14)

PERSECUCIÓN DE LOS CRISTIANOS

Recapitulada por el P. Cano

– PERSECUCIONES DE NERÓN Y DOMICIANO

La Iglesia, que había tenido que enfrentarse y vencer a sus primeros enemigos, tuvo que enfrentarse también contra el Imperio Romano. Las persecuciones romanas duraron más de dos siglos y medio: ciento treinta y cinco años de persecución sangrienta y unos ciento veinte años de relativa tranquilidad.

La primera persecución la promovió Nerón (64-68). Se tomó como pretexto el incendio de Roma, provocado por Nerón el 18 de julio del año 64. Ardieron diez de los catorce barrios de Roma. Se les echó la culpa a los cristianos, a quienes persiguieron y martirizaron arrojándolos a las fieras o al río Tíber; otros cristianos fueron decapitados o quemados vivos. Fueron tres años de gran mortandad. Entre los mártires más ilustres sobresalen San Pedro, San Pablo y la matrona romana Pomponia Graecina.

Muerto Nerón, la Iglesia gozó de relativa paz durante veintisiete años. Los emperadores Galba, Vespasiano y Tito dejaron en paz a los cristianos.

Domiciano (81-96) renovó la persecución. Se empeñó en ser adorado personalmente como dios. La negativa de los cristianos a adorarle fue la causa de la persecución que superó en crueldad a Nerón y derramó mucha sangre en Roma y en otras regiones del Imperio. En Palestina se dio la orden de exterminar a todos »los parientes del Señor”.

Los mártires más conocidos de la persecución de Domiciano fueron el cónsul M. Acilius Glabrio y Flavio Clemente, cónsul y primo hermano del Emperador y su esposa Flavia Domitila. En esta persecución sufrió San Juan Evangelista el martirio del aceite hirviendo, del que salió ileso milagrosamente.

– PERSECUCIONES ESPORÁDICAS

La posición que tomó Trajano (98-117) frente a los cristianos fue benevolente. Mandó que no se buscase a los cristianos, y que sólo fueran castigados en caso de ser acusados de algún delito que se probase en juicio. No obstante, en su tiempo hubo varios mártires ilustres: San Clemente Romano, San Simeón de Jerusalén, anciano de ciento veinte años, San Ignacio, obispo de Antioquía, famoso por su martirio y por las cartas escritas cuando era conducido a Roma, y los santos Néreo y Aquiles.

Durante el reinado de Adriano (117-138) se siguió la misma política de Trajano.

Antonino Pío (138-161) fue muy benévolo para los cristianos.

Se le atribuyen a Marco Aurelio (161-180) algunas disposiciones favorables a los cristianos; sin embargo, hubo más mártires durante su gobierno que en los reinados de Antonino Pío y Adriano.

El Emperador Cómodo (180-192) no urgió las leyes contra los cristianos.

– PERSECUCIONES MENORES

Al principio de su reinado, Septimio Severo (193-211) mantuvo la paz con los cristianos, pero el año 200 cambió de política de modo radical. Tal vez porque se asustó del gran número de cristianos que había bajo sus dominios. Al terminar el reinado de Severo, cesaron las persecuciones.

El Emperador Caracalla (211-217) continuó con una cierta tolerancia con los cristianos; sin embargo, en África prosiguió la persecución, promovida por el procónsul Scapula.

Severo Alejandro (222-235), influenciado por su madre Julia Mammaea, dejó en paz a los cristianos; el Cristianismo se fue introduciendo en la corte del emperador.

Máximo de Tracia (235-238) orientó su persecución contra las cabezas dirigentes de la Iglesia, obispos y presbíteros.

– PERSECUCIONES DE DECIO Y VALERIANO

La nueva era de persecuciones se caracteriza por ser una batalla constante contra el Cristianismo, con la intención de destruirlo, por creer los Emperadores que era un peligro para el Estado.

Decio intentó en su corto reinado (249-251) devolver al Imperio Romano su antiguo esplendor y trató de restablecer el culto al Emperador como religión de Estado. Como el Cristianismo suponía un obstáculo para sus planes, decidió destruirlo. Para ello publicó un edicto de persecución general contra todos los cristianos.

El Emperador Valeriano (253-260) se mostró favorable al Cristianismo al principio de su reinado, pero en el año 257 publicó un edicto contra los clérigos al que siguió, poco después, otro contra todos los cristianos.

A la derrota de Valeriano el año 260 siguió un largo periodo de paz para la Iglesia, aunque nunca faltaron hostilidades. La Iglesia pudo ir penetrando hasta en los organismos políticos del Imperio Romano.

El nacimiento de la España moderna 33

«La evangelización de América ha sido la realización del plan de Dios«.

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA (XVI)

El plan de Dios

En definitiva, la evangelización de América ha sido la realización del plan de Dios, del cual se ha mostrado digna. Los pueblos de América, desconocidos para los europeos, eran conocidos por Dios desde toda la eternidad. Y envueltos por Él de esta paternidad que el Hijo reveló en la “plenitud del tiempo” (Gal 4, 1-9). Jamás la palabra de Pablo se aplicó mejor. Ellos que estaban “sometidos a los elementos del mundo (…), a dioses que en realidad no lo eran”, se vieron “conferir la adopción final”, como “hijos y herederos, por lo tanto, de Dios”.

Miguicas 279

Padre Martínez m.C.R.

* León XIII afirma que no sólo la Ley Natural sino la Ley de Cristo es la suprema ley del orden político.

* Vamos a pedirle al Señor que seamos ricos, que nos haga ricos de su amor. Lo repartiremos al prójimo como un beso de Dios.

* Te encuentras con personas que identifican lo mental con los real. Otros con la imaginación «la loca de la casa», que decía Santa Teresa de Jesús.

* El acto de fe supone primero ilustrar el entendimiento. Es necesario tener ideas, aprender, estudiar y leer. Es necesario conocer la Doctrina Católica.

* El Señor no nos ha llamado a una vida vulgar. Nos dijo: «Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto». Lo seremos bajo la protección de María Santísima, nuestra Madre.

* ¿Persecución del catalán y vascuence? Se publicaron libros en catalán desde 1942, y en 1974 el Instituto Nacional del Libro Español registraba 5.878 títulos publicado en catalán solo ese año.

* Una vez más Religión en Libertad da en la diana. Para ser exactos, acierta Marcelo Gullo, autor de la Madre Patria «Hernán Cortés no conquistó México, lo liberó». En efecto lo liberó de la esclavitud a la que le tenían sometidos los jefes aztecas, que es, mismamente, lo que ahora reivindica, en su campaña antiespañola, ese enorme majadero llamado Andrés Manuel López Obrador, a la sazón presidente de México.

El octavo día 74 – EL “HUMO DE SATANÁS”. TENTACIONES SEGUNDA Y TERCERA (I)

«Lo que ha dicho el Papa sobre la infiltración diabólica en la Iglesia, como un ataque desde el interior a las raíces de la misma».

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Venimos comentando lo que ha dicho el Papa sobre la infiltración diabólica en la Iglesia, como un ataque desde el interior a las raíces de la misma. El lunes último explicamos una forma de la tentación: la que intenta vaciar la fe de su contenido revelado y confundirla con una corriente de opiniones y deseos del tiempo actual.

Otra forma, reflejo lógico de la anterior, es la que induce a prescindir de la constitución divina de la Iglesia, reinventando una nueva y (tercera tentación) reduciendo su misión a una acción temporal, que muchos vinculan a una política revolucionaria Insistamos hoy en esta doble tentación.

Según la fe, la Iglesia es mucho más que una asociación humana. En ella está presente y actúa Cristo resucitado. Cristo nos libera del poder del diablo, del pecado, de la muerte, incorporando a los hombres a su propia vida. Nos libera de nuestro propio egoísmo. Nos da la libertad real, aquella por la cual, según el viejo himno de la Iglesia, «servir a Dios es reinar», y que coincide con la sumisión filial a los mandatos del Señor. Todos somos miembros de la Iglesia, llamados a una participación activa, pero subordinados a lo que el Señor ha instituido bajo la dirección de sus vicarios. Esta sumisión filial es condición de vida, como lo es para un niño el seno de su madre.

La tentación del diablo, desde el principio de la historia, es proponer con engaño una libertad sin obediencia (1). Apoyándose en la verdad de que nosotros somos miembros con participación activa en la Iglesia, empuja, con más o menos disimulo, hacia unas actitudes que suponen que la Iglesia no es más que nosotros mismos y no es de verdad nuestra madre. Todo lo que en ella se produce resultaría, según eso, de la participación de sus miembros, como iguales: no hay más norma que la que acuerde cada grupo o federación de grupos. Incomoda y se rechaza una autoridad que promulgue para todos, en nombre de Cristo, la norma y la verdad de validez universal. La finalidad de muchas reacciones negativas que se dan en la Iglesia actual -dijo el Papa el 23 de junio- es «la disolución del magisterio eclesiástico».

Notas:

(1) Ver Génesis 3, 1-13.