Hispanoamérica. La verdad 144

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (20)

El ideal del reinado “colonial” de Jesucristo, sublimente realizado en la América hispana, fue el ambiente propicio en que la epopeya misionera halló su fecunda expansión (4)

Real y Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino

Y aquel Reinado “colonial” de Jesucristo favorecido por la Madre Patria en sus dominios, no ha sido estéril. Hoy las naciones hijas de aquella época, después de formas postizas de Constitución y Gobierno, que no les cuadran en modo alguno, no sólo por no ser las de su tradición histórica, sino por oponerse algunas de ellas a los principios cristianos, parece se quieren acercar de nuevo a Cristo Rey, fuente de todo bien para la sociedad. Ejemplo tenemos en la Argentina, de quien Su Santidad alababa en 1948 el puesto que su Constitución ha reservado al Rey de las Naciones, “de acuerdo con las mejores tradiciones de sus antepasados”.

“En la cúspide misma de una brillantísima carrera, enriquecida por el trabajo, la experiencia y los abundantes méritos al servicio de su Patria, la Divina Providencia y la honrosa confianza del excelentísimo señor Presidente de la República Argentina han conducido a vuestra excelencia a esta Eterna Ciudad, en el corazón del mundo católico, para ser embajador extraordinario y plenipotenciario de una nación que—como con religiosa satisfacción y patriótico orgullo Su Excelencia acaba de poner de relieve—proclama a Dios “fuente de toda razón y justicia” en el preámbulo mismo de su Constitución y reconoce a la religión católica, apostólica y romana un puesto de honor, de acuerdo con las mejores tradiciones de sus antepasados europeos, de la católica y fecunda Madre Patria española”.

(Discurso al general Nicolás C. Accame, nuevo embajador de Argentina ante la Santa Sede, 6-II-1948.)

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Después de recorrer, los abundantes documentos de Pío XII que encomian con entusiasmo los frutos cosechados por España católica en América durante los tres siglos de epopeya, no carecerá de interés echar una mirada retrospectiva al conjunto de la labor.

He aquí cómo presentaba esta visión sintética Monseñor Cicognani, Nuncio de Su Santidad en España, en un autorizado discurso que pronunció el 11 de octubre de 1943, al inaugurarse en Navarra un seminario dominico de vocaciones para América:

“Este seminario es un documento más, un nuevo eslabón que une a la gloriosa Orden dominica con la América española. Desde el P. Deza que alentaba los proyectos de Colón, hasta los primeros misioneros, que inmediatamente después del descubrimiento afrontaron la travesía del océano y las siguientes dificultades de abrir la primera senda del Evangelio en aquellas inexploradas y vastísimas regiones; desde los cuidados amorosamente maternales que desplegaron en favor de los indios, hasta los estudios del Padre Vitoria, que trazó las aspiraciones y asentó los principios jurídicos de aquella colonización, la historia de la evangelización de América es un cántico y una exaltación de la obra generosa y abnegada de los dominicos españoles.

Y fueron aquellos afanes y fatigas apostólicas de los hijos de Santo Domingo, y fueron aquellos principios jurídicos establecidos por el gran teólogo dominicano, los que contribuyeron a formar América e hicieron de un mundo informe sentado en las tinieblas de la muerte, un conjunto de naciones prósperas, abiertas a la luz de la fe, de la cultura y del legítimo progreso humano, verdadera esperanza del mundo por el vigor virginal de su juventud”.

“Y nos fueron estos ideales (religioso, de humana fraternidad y cultural) fruto de las circunstancias o derivación fortuita de la marcha de los acontecimientos, ¡no! Desde el principio de la asombrosa hazaña del descubrimiento y de la conquista, ellos fueron el motor del gigantesco esfuerzo español: consignados están claramente en un testamento célebre, programa incomparable de colonización cristiana, y elaborados y desarrollados en todo un conjunto de leyes que, cuanto más se estudian y conocen, más a las claras demuestran cuán ardientes y operantes fueron aquellos ideales en el corazón de los reyes, de los conquistadores y de los misioneros españoles. Cada legajo que se desempolva en el grandioso Archivo de Indias es una nueva apología de la labor cristianamente civilizadora de España en América.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mostacicas 145

Don Manuel

San Martín de Tours* Dios quiere que le amemos libremente.

* Los herejes que no se arrepientan, ni confiesen, van al infierno.

* Creo que ya lo he dicho: «La democracia es ateísmo del Estado».

* La democracia, la partitocracia, la timocracia… todo es lo mismo.

* De todo el Universo creado por Dios, solo ama y es libre el hombre.

* Pienses lo que pienses. Digas lo que digas. Dios nos habla mediante la Iglesia Católica.

* Si el hombre moderno es ley para sí mismo por qué está quejándose continuamente.

 

Sociedad Cristiana

Jesucristo y las almas del purgatorio

León XIII, el 1 de Noviembre de 1885, escribió, en la encíclica «Inmortale Dei»:
«Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En esa época la influencia de la sabiduría cristiana y su virtud divina penetraban las leyes, las instituciones, las costumbres de los pueblos, todas las categorías y todas las relaciones de la sociedad civil. Entonces la religión instituida por Jesucristo, sólidamente establecida en el grado de dignidad que le es debido, era floreciente en todas partes, gracias al favor de los príncipes y a la protección legítima de los magistrados. Entonces el Sacerdocio y el Imperio estaban ligados entre sí por una feliz concordia y por la permuta amistosa de buenos oficios. Organizada así, la sociedad civil dio frutos superiores a toda expectativa, cuya memoria subsiste y subsistirá, consignada como está en innumerables documentos que ningún artificio de los adversarios podrá corromper u obscurecer.

(EL PAN DE LOS POBRES)

La Iglesia reconoció a Franco (36)

Arzobispo José María García Lahiguera

Monseñor D. José María García Lahiguera
Arzobispo de Valencia

«Franco era un hombre pendiente siempre de Dios. Pendiente siempre de la fe que anidaba en su alma, en la que nunca Jamás hubo crisis. Con referencia a las crisis, que tenía que contemplar en este tiempo -y que todos lamentamos- siempre se expresaba con acertado diagnóstico, como de médico espiritual, diciendo: «Eso, eso, es crisis de fe» ¡Qué verdad, qué verdad…! Era un hombre de fe… Era siempre optimista… España era para él el contenido de una tradición de fe… Tenía siempre fe en Dios. Cómo me gozaba yo cuando en cualquier conversación salían las frases: «Si Dios quiere’: «No sé lo que haría Dios en este caso”: «Probablemente Dios decidirá…”. Siempre Dios. ¿Recordáis los mensajes de fin de año? -este año ya no lo oiremos-. Siempre al final o en medio, cuando ocurría la ocasión oportunísima -era acertado en todo- salía a relucir su fe en Dios. Era un hombre de fe. Pero no de fe de relumbrón. Fe que basaba en obras… En resumen, en mi concepto, tiene estas tres virtudes: ser hombre de fe, entregado a obras de caridad, en favor de todos, pues a todos amaba. Hombre de humildad. A esa fe y a esa humildad le llevaba un gran deseo. El hombre que es de fe, aunque esté levantado sobre el pedestal del triunfo, todo lo ve venido de Dios…”.

Producciones Armada
Tenerife

Dominicas 137

El Párroco

Sacerdote celebrando Santa Misa y soldado acólito* Cuando las palabras que se dicen no corresponden a los actos que se hacen, se pierde la credibilidad y autoridad.

* No perdamos el tiempo en conocer cosas que no nos lleven al amor. El conocimiento que no nos lleva a Dios, no sirve para nada.

* Doctrina de la Iglesia y democracia son incompatibles; opuestas radicalmente por muchos malabarismo que hagan eclesiásticos y seglares.

* Un hombre sin esperanza teologal, sin ordenar su vida para la eterna felicidad del Cielo, es un hombre a la deriva, hacía lo profundo de la tierra.

* Uno de los errores que más se difunden por todos los medios es llamar «cultura» a la contracultura «¿cultura de la muerte?» O asesinatos de inocentes.

* Para confesarse bien son necesarias cinco cosas: Examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Para confesarnos bien debemos decir al confesor todos los pecados específicamente distintos y la cantidad exacta o aproximada de cada uno de ellos.