Arzobispo José María García Lahiguera

Monseñor D. José María García Lahiguera
Arzobispo de Valencia

“Franco era un hombre pendiente siempre de Dios. Pendiente siempre de la fe que anidaba en su alma, en la que nunca Jamás hubo crisis. Con referencia a las crisis, que tenía que contemplar en este tiempo -y que todos lamentamos- siempre se expresaba con acertado diagnóstico, como de médico espiritual, diciendo: “Eso, eso, es crisis de fe” ¡Qué verdad, qué verdad…! Era un hombre de fe… Era siempre optimista… España era para él el contenido de una tradición de fe… Tenía siempre fe en Dios. Cómo me gozaba yo cuando en cualquier conversación salían las frases: “Si Dios quiere’: “No sé lo que haría Dios en este caso”: “Probablemente Dios decidirá…”. Siempre Dios. ¿Recordáis los mensajes de fin de año? -este año ya no lo oiremos-. Siempre al final o en medio, cuando ocurría la ocasión oportunísima -era acertado en todo- salía a relucir su fe en Dios. Era un hombre de fe. Pero no de fe de relumbrón. Fe que basaba en obras… En resumen, en mi concepto, tiene estas tres virtudes: ser hombre de fe, entregado a obras de caridad, en favor de todos, pues a todos amaba. Hombre de humildad. A esa fe y a esa humildad le llevaba un gran deseo. El hombre que es de fe, aunque esté levantado sobre el pedestal del triunfo, todo lo ve venido de Dios…”.

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