Chispicas 245

Padre Martínez Cano, m.C.R.

Jesús desde la Cruz abraza a San Francisco de Asís* Las feministas homófobas están en las nubes. Las mujeres femeninas están en sus hogares. Con sus hijos y su marido.

* El posthumanismo está elaborando el hombre del futuro. Se perpetuará en la tierra. No hará caca ni pipí. Y más novedades.

* La democracia moderna es la religión de un mundo que quiere liberarse de Dios por medio de los partidos políticos. Es una bruja.

* Con nuestros ojos vemos el mundo material creado por Dios. Con la Gracia santificante podemos contemplar el mundo espiritual creado por Dios.

* Las almas humildes aceptan todos los dogmas sin ninguna dificultad. Las almas soberbias inventan lo de los «signos» y demás torpezas. Están endemoniados.

* El estado de derecho democrático se fundamenta en la ley. «No se puede nada contra la ley y con la ley todo se puede» (Danilo Castellano). Y la ley sólo se puede hacer por medios democráticos. Por los hombres.

* «La guerra civil, y lo explico aquí, fue un genocidio de católicos. Un genocidio. Porque fue a exterminar a los católicos por el hecho de ser católicos. Curas, monjas, frailes y como llamaban en Cataluña misaires, gente que iba a Misa» (Jiménez Losantos).

Para pensar 16

Pablo

Contra los herejes

Imagen de MaríaPreguntado San Francisco de Sales por un católico si podía decir mal de un hereje que esparcía sus venenosas doctrinas, le contestó: “Sí, podéis, con tal que no digáis de él cosa contraria a la verdad, y sólo por el conocimiento que tengáis de su mal modo de vivir; hablando de lo dudoso como dudoso, y según el grado mayor o menor de duda que sobre eso tengáis”. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

Mandato divino

Recoge espléndidamente la verdad, monseñor Antonio de Castro Mayer, obispo de Campos, Brasil, que en “Principios Directivos”, sintetiza así: “La indisolubilidad del vínculo conyugal es de mandato divino, fijado ya en los comienzos de la humanidad. De donde, cualquier divorcio, incluso de un matrimonio meramente civil, se opone a la ley de Dios. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)

Estado-nación

La soberanía nacional (devenida popular con el paso del sufragio restringido al universal) es inherente al Estado-nación plenamente moderno, edificado por los revolucionarios franceses al margen de la precedente historia de su país, como se apuntó más arriba. De ahí que pueda interpretarse como el derecho de una muchedumbre sublevada a construir una nación partiendo de postulados racionalistas y voluntaristas, pues tal fue lo que acaeció en aquella traumática explosión parisina. (Manuel Antonio Orodea – RAZÓN ESPAÑOLA)

El entusiasmo de España

Él, positivista entonces, aunque su sinceridad y buena fe le llevaron a morir abrazado a la cruz; él, positivista y ateo, decía: “No se puede afirmar en España que la Monarquía y el Catolicismo fueran contra natura; habría que averiguar de dónde sacaron ellos su fuerza, y habría que quemar todos los documentos históricos, unánimes en reconocer el entusiasmo del pueblo con los reyes y los sacerdotes, en que se veía a sí mismo representado”. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Modernismo

Tal acervo filosófico (rectius ideológico) ha servido de base para una teología (anti-teología por mejor decir). Es lo que se conoce como “modernismo”, que San Pío X denunció con gran precisión y valentía, condenando errores que venían de lejos aunque se reafirmaran con fuerza a principios del siglo XX. (Miguel Ayuso – VERBO)

Una iniquidad espantosa

En esos casos, resulta aplicable el número 1903 del Catecismo: “La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa” (PT 51). (Bruno Moreno Ramos – RAZÓN ESPAÑOLA)

Voluntad libre

A través del uso de la voluntad libre es su propio señor. Sus poderes intelectuales analíticos y críticos basados en su naturaleza racional y debidamente formada por la ley natural y la revelación, le permiten liberarse de las diferentes ideologías que conforman a la sociedad contemporánea. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

 

 

 

La Ley moral

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

La Ley moral NaturalLa Ley moral es el conjunto de preceptos contenidos en la Ley eterna, la Ley divino-positiva y la Ley natural.

La Ley moral es la norma objetiva de la moralidad de nuestros actos y, por tanto, obliga en conciencia.

La moral, es la ciencia teórico-práctica que enseña a portarnos bien en el cumplimiento de nuestros deberes.

La moral estudia los actos humanos en cuanto buenos o malos. Si estudia los actos humanos sólo a la luz de la razón, es moral natural o ética; si los estudia a la luz de la razón y de la fe, en orden al fin sobrenatural del hombre, es moral sobrenatural.

La moral no puede darse sin Dios o sin la Religión, porque el hombre ha sido creado por Dios y es el mismo Dios quien ha señalado al hombre los medios que ha de usar para alcanzar su fin.

La moral natural es buena, pero no basta, porque el fin del hombre no es meramente natural; se necesita, además, la moral sobrenatural, porque el fin del hombre es un fin sobrenatural que alcanza con el cumplimiento de los deberes que le enseñan la Religión y la Moral Católica.

En nuestros tiempos se difunden muchos errores morales. La falsa «moral de actitudes» enseña que lo importante es la actitud que habitualmente mantiene la persona ante Dios.

Lo importante para los partidarios de esta falsa moral es la opción fundamental de amar a Dios. Los actos concretos no tienen importancia. Todo está bien. Nada es pecado. No hay distinción entre pecado mortal y venial.

El error fundamental de esta doctrina es olvidar que la libertad del hombre es una libertad limitada por el pecado original y los pecados personales. El hombre puede cometer pecados mortales no sólo porque directamente se opone a Dios, sino también por debilidad.

«Se deberá evitar reducir el pecado mortal a un acto de opción fundamental -como hoy se suele decir- contra Dios, entendiendo con ello un desprecio explícito y formal de Dios o del prójimo. Se comete, en efecto, un pecado mortal también cuando el hombre, sabiendo y queriendo, elige, por cualquier razón, algo gravemente desordenado» (San Juan Pablo II).

La falsa «moral de situación» enseña que la bondad o malicia de un acto humano no lo determina la Ley eterna universal e inmutable, sino que depende del estado anímico o de las circunstancias en que se encuentra la persona.

San Juan Pablo II ha salido también al paso de este error: «Existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto. Estos actos, si se realizan con el suficiente conocimiento y libertad, son siempre culpa grave».

La «nueva moral» niega la Ley natural a la que califican de moral cerrada y le contrapone una moral abierta que depende de la psicología, la sociología, la biología, etc.

La «nueva moral» fabrica sus propias normas de moral, según las circunstancias de lugar y tiempo, y así, pecados contra el sexto o noveno mandamiento, no sólo no serían pecados, sino actos virtuosos; lo importante es «la realización del hombre», su felicidad. Esta falsa moral ha sido condenada por la Iglesia.

Sólo hay una verdadera moral: la Moral Católica. Sólo la Moral Católica ofrece y garantiza al hombre la verdadera moralidad, porque la moral católica reconoce:

a) un Legislador Supremo, con autoridad soberana para imponer obligaciones y deberes a los hombres.

b) una sanción eficaz para premiar o castigar, especialmente en la otra vida, todos los actos humanos, incluso los actos internos.

c) y ofrece un auxilio eficaz, la gracia divina, para superar los obstáculos y vencer las tentaciones que se opongan al cumplimiento de la Ley de Dios.

La Moral Católica no es, como afirman sus enemigos, una moral meramente negativa, que sólo pretende evitar el pecado, sino que es una moral eminentemente positiva, porque tiene como fin la práctica integral de la virtud, que se fundamenta no sólo en lo estrictamente mandado, sino también en lo que está aconsejado como conveniente o necesario para la perfección, como veremos en las siguientes lecciones.

Sólo la Moral Católica tiene la fuerza necesaria para establecer y mantener el verdadero orden moral en los individuos, en las familias y en los pueblos.

Empresa y santidad

La mies es abundante y los obreros pocos

Los procedimientos para triunfar en este ambicioso propósito, no solamente son hoy día posibles, sino fáciles. La idea queda aquí, en espera del coloso que la recoja y la ponga en práctica. Ya han pasado aquellos tiempos en que los ricos repartían los bienes entre los pobres sin lograr otro objetivo que el hacerse con un pobre más. La caridad moderna hay que entenderla en otro sentido. Desprendimiento interior de los bienes materiales, vida íntima de austeridad al máximo, -pero uso a la vez de la riqueza para poner en movimiento una máquina de producción de bienes; y con la rentabilidad de esta máquina ir consiguiendo la puesta en marcha de otras muchas más, en crecimiento sucesivo, hasta lograr los puestos de trabajo que el aumento de población requiere en el mundo entero, elevando así el nivel de vida de las clases más necesitadas y haciendo posible la formación integral del hombre, al elevar también su nivel cultural, espiritual y religioso.

El no enfrentar a la riqueza con la santificación personal ha entrado últimamente en la idea de las organizaciones religiosas más modernas. Pero éstas actúan dentro de una concepción capitalista, centradas en el egoísmo, manteniendo el “statuo quo” de las empresas que han incorporado a su organización y sin que se note externamente, en su proyección hacia los operarios, empleados y colaboradores el paso del capital a otras manos de diferente ideología y más generosa concepción de vida. Ni la participación en beneficios, para arrancar al capital de su inmóvil estanque, a fin de que las aguas bajen a alimentar a todas las células de aquella organización productiva; ni las generosas fórmulas que recomiendan los pontífices para desproletarizar al país, se han puesto de manifiesto hasta ahora en estas empresas que pasaron a manos de la más moderna organización religiosa. Quizás porque su objetivo lo han centrado en la conquista individual del hombre y con la incorporación de empresas no pretenden otra cosa que una acumulación de fuerzas para reforzar su poder. Pero el pensar en la Empresa como medio para ese fin del apostolado individual es, a mi entender, un objetivo más eficaz y más acorde con las necesidades propias de los tiempos actuales.

Francisco Sánchez-Ventura y Pascual (Los empresarios de Cristo)