La mies es abundante y los obreros pocos

Los procedimientos para triunfar en este ambicioso propósito, no solamente son hoy día posibles, sino fáciles. La idea queda aquí, en espera del coloso que la recoja y la ponga en práctica. Ya han pasado aquellos tiempos en que los ricos repartían los bienes entre los pobres sin lograr otro objetivo que el hacerse con un pobre más. La caridad moderna hay que entenderla en otro sentido. Desprendimiento interior de los bienes materiales, vida íntima de austeridad al máximo, -pero uso a la vez de la riqueza para poner en movimiento una máquina de producción de bienes; y con la rentabilidad de esta máquina ir consiguiendo la puesta en marcha de otras muchas más, en crecimiento sucesivo, hasta lograr los puestos de trabajo que el aumento de población requiere en el mundo entero, elevando así el nivel de vida de las clases más necesitadas y haciendo posible la formación integral del hombre, al elevar también su nivel cultural, espiritual y religioso.

El no enfrentar a la riqueza con la santificación personal ha entrado últimamente en la idea de las organizaciones religiosas más modernas. Pero éstas actúan dentro de una concepción capitalista, centradas en el egoísmo, manteniendo el “statuo quo” de las empresas que han incorporado a su organización y sin que se note externamente, en su proyección hacia los operarios, empleados y colaboradores el paso del capital a otras manos de diferente ideología y más generosa concepción de vida. Ni la participación en beneficios, para arrancar al capital de su inmóvil estanque, a fin de que las aguas bajen a alimentar a todas las células de aquella organización productiva; ni las generosas fórmulas que recomiendan los pontífices para desproletarizar al país, se han puesto de manifiesto hasta ahora en estas empresas que pasaron a manos de la más moderna organización religiosa. Quizás porque su objetivo lo han centrado en la conquista individual del hombre y con la incorporación de empresas no pretenden otra cosa que una acumulación de fuerzas para reforzar su poder. Pero el pensar en la Empresa como medio para ese fin del apostolado individual es, a mi entender, un objetivo más eficaz y más acorde con las necesidades propias de los tiempos actuales.

Francisco Sánchez-Ventura y Pascual (Los empresarios de Cristo)