Padre Manuel Martínez Cano mCR.

La Ley moral NaturalLa Ley moral es el conjunto de preceptos contenidos en la Ley eterna, la Ley divino-positiva y la Ley natural.

La Ley moral es la norma objetiva de la moralidad de nuestros actos y, por tanto, obliga en conciencia.

La moral, es la ciencia teórico-práctica que enseña a portarnos bien en el cumplimiento de nuestros deberes.

La moral estudia los actos humanos en cuanto buenos o malos. Si estudia los actos humanos sólo a la luz de la razón, es moral natural o ética; si los estudia a la luz de la razón y de la fe, en orden al fin sobrenatural del hombre, es moral sobrenatural.

La moral no puede darse sin Dios o sin la Religión, porque el hombre ha sido creado por Dios y es el mismo Dios quien ha señalado al hombre los medios que ha de usar para alcanzar su fin.

La moral natural es buena, pero no basta, porque el fin del hombre no es meramente natural; se necesita, además, la moral sobrenatural, porque el fin del hombre es un fin sobrenatural que alcanza con el cumplimiento de los deberes que le enseñan la Religión y la Moral Católica.

En nuestros tiempos se difunden muchos errores morales. La falsa “moral de actitudes” enseña que lo importante es la actitud que habitualmente mantiene la persona ante Dios.

Lo importante para los partidarios de esta falsa moral es la opción fundamental de amar a Dios. Los actos concretos no tienen importancia. Todo está bien. Nada es pecado. No hay distinción entre pecado mortal y venial.

El error fundamental de esta doctrina es olvidar que la libertad del hombre es una libertad limitada por el pecado original y los pecados personales. El hombre puede cometer pecados mortales no sólo porque directamente se opone a Dios, sino también por debilidad.

“Se deberá evitar reducir el pecado mortal a un acto de opción fundamental -como hoy se suele decir- contra Dios, entendiendo con ello un desprecio explícito y formal de Dios o del prójimo. Se comete, en efecto, un pecado mortal también cuando el hombre, sabiendo y queriendo, elige, por cualquier razón, algo gravemente desordenado” (San Juan Pablo II).

La falsa “moral de situación” enseña que la bondad o malicia de un acto humano no lo determina la Ley eterna universal e inmutable, sino que depende del estado anímico o de las circunstancias en que se encuentra la persona.

San Juan Pablo II ha salido también al paso de este error: “Existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto. Estos actos, si se realizan con el suficiente conocimiento y libertad, son siempre culpa grave”.

La “nueva moral” niega la Ley natural a la que califican de moral cerrada y le contrapone una moral abierta que depende de la psicología, la sociología, la biología, etc.

La “nueva moral” fabrica sus propias normas de moral, según las circunstancias de lugar y tiempo, y así, pecados contra el sexto o noveno mandamiento, no sólo no serían pecados, sino actos virtuosos; lo importante es “la realización del hombre”, su felicidad. Esta falsa moral ha sido condenada por la Iglesia.

Sólo hay una verdadera moral: la Moral Católica. Sólo la Moral Católica ofrece y garantiza al hombre la verdadera moralidad, porque la moral católica reconoce:

a) un Legislador Supremo, con autoridad soberana para imponer obligaciones y deberes a los hombres.

b) una sanción eficaz para premiar o castigar, especialmente en la otra vida, todos los actos humanos, incluso los actos internos.

c) y ofrece un auxilio eficaz, la gracia divina, para superar los obstáculos y vencer las tentaciones que se opongan al cumplimiento de la Ley de Dios.

La Moral Católica no es, como afirman sus enemigos, una moral meramente negativa, que sólo pretende evitar el pecado, sino que es una moral eminentemente positiva, porque tiene como fin la práctica integral de la virtud, que se fundamenta no sólo en lo estrictamente mandado, sino también en lo que está aconsejado como conveniente o necesario para la perfección, como veremos en las siguientes lecciones.

Sólo la Moral Católica tiene la fuerza necesaria para establecer y mantener el verdadero orden moral en los individuos, en las familias y en los pueblos.