Habla María Benedicta Daiber (3)

Domingo de Ramos, 3 de abril 1977

Jesús - Siempre perdonaSolamente Dios conoce realmente la infinita distancia entre El, El que es, y la nada de la criatura. Es Dios quien se ha inclinado a mí para sacarme de la nada y redimirme del pecado. Todo es obra suya. El pecado destruyó desde los comienzos la armonía de la naturaleza humana, y con nuestros pecados personales la seguimos destruyendo. La consecuencia es el dolor y la muerte. Pero Cristo viene y toma sobre sí el dolor y la muerte, y convierte así, lo que es consecuencia del pecado, en el camino para el reencuentro con Dios; en medio de salvación, de santificación, de verdadera liberación… La humillación de Cristo, la obediencia de Cristo, el dolor físico, moral y espiritual de Cristo, nos redimen y santifican, y redimen nuestros propios sufrimientos haciéndolos divinamente fecundos. Lo que importa es entrar de lleno por este camino; dejamos invadir por Cristo con su Cruz, su santidad, su amor, su sacrificio; que El solo quede en nosotros. En la medida que esto se realiza, somos verdaderamente libres.

Y toda la dignidad humana está ahí, está en esto, en transformarnos en Cristo, en ser y vivir como hijos de Dios. Y esta dignidad no nos la puede arrebatar ninguna “humillación”, ni insulto, ni malos tratos, ni injusticias o lo que sea, sino sola y exclusivamente el pecado. Este sí que degrada. Lo demás, no. Tal como a Cristo ni todas las injurias y humillaciones de la Pasión le pudieron arrebatar ni menguar un ápice su incomparable dignidad de Hijo de Dios hecho Hombre, tampoco a nosotros nada ni nadie, si no es el pecado, puede realmente degradamos. Esta incomparable dignidad que nos da la gracia santificante, que nos hace hijos de Dios, está por encima de cuanto puedan hacer contra nosotros los hombres.

A la conciencia profunda de mi nada y mi pecado pasado, se une el santo orgullo de hija de Dios, redimida por Cristo pero, al mismo tiempo, el santo y profundísimo temor y temblor de quien sabe que puede perderlo, si Dios no me preservara de caer por puro y gratuito amor. Solamente Dios puede salvarme, es El quien viene a mí; por mí misma estoy fuera de todo perdón.

Hemos leído 102

Pablo

El trabajo espiritual

Santa Cándida de RomaEl estado de gracia es la vida de Cristo en el alma hasta poder decir con san Pablo: «No soy yo quien vivo, sino Cristo quien vive en mí» (Gal 2, 20). Quien comete un pecado mortal expulsa a Jesús de su alma. Quien peca venialmente no le expulsa, pero le aflige voluntariamente. Si amamos a Jesús nos esforzaremos en hacer pasar a nuestras almas sus modos de pensar, de sentir, de querer y de obrar. «A los principiantes, a los que ya van progresando y a los perfectos, lo que más les mueve a hacer esfuerzos es el amor a Jesús». El trabajo espiritual consiste en mirar incesantemente a Jesús para imitarle hasta que Él quede reproducido en nosotros. (P. Ramón Olmos mCR. – AVE MARÍA)

Pudor y castidad  (98)

Los valores del celibato evangélico son inmensos. La virginidad es un misterio de gracia, una forma de vida que no viene del Génesis, sino del Evangelio, como ya indiqué; es una situación que en la vida temporal anticipa la vida celestial, y que implica dedicación a Cristo, consagración a la Iglesia, pobreza y renuncia, contemplación y apostolado. (José María Iraburu)

El padre Solá habla del demonio (14)

Ahí se ve un hombre frío, un hombre calculador, un hombre de talento, un hombre que piensa, un hombre que planea, y éste hace un plan para toda la humanidad, o para una nación, o para una sociedad, para un grupo, lo que sea, pero generalmente en orden internacional, y así se explica que se empiece en un sitio una cosa cualquiera y al instante, al cabo de una semana, dos semanas, ya está por todo el mundo. ¿Cómo es posible que haya estos planes tan perfectos? Tienen, por ejemplo, el plan del comunismo. Si miramos el comunismo fríamente es un sistema tal que nadie lo aceptaría. Un plan tan titánico y tiránico como era, y sin embargo quién se quejó de la acción de Lenin, de la acción de Stalin y de esos grandes tiranos. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Absoluto silencio

Como el conocimiento de Dios es en silencio divino, «habla lo más hermosamente de Dios aquel que gracias a la plenitud de su riqueza interior es capaz de guardar el más profundo silencio sobre Él» (Maestro Eckhart). Cuando el Señor viene a nosotros es preciso callarnos. En la oración el alma habla y cuando reza habita en las palabras, pero cuando el Espíritu viene es preciso callar, mantenerse en absoluto silencio. Esta «no-oración» es más excelente que la oración, porque los movimientos de la lengua y del corazón en la plegaria son como unas llaves, pero lo que viene después de ellos es el ingreso en la casa del tesoro. (TRINIDAD Y LIBERACIÓN)

El testamento de Isabel la Católica

La reina Isabel ve que su vida se va acabando, y se siente inquieta por la suerte de los indios, de modo que mes y medio después de hacer su Testamento, días antes de morir, “entre los días 12 de octubre y 25 de noviembre de 1504”, le añade un codicilo en el que expresa su última y más ardiente voluntad (cf. L. Suárez, Isabel I, 414): “Por cuanto, al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas y Tierra Firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro VI, de buena memoria, que nos hizo dicha concesión, de procurar inducir y traer los pueblos de ellas y convertirlos a nuestra Santa Fe católica, y enviar a las dichas islas y Tierra Firme prelados y religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas en la Fe católica y enseñarles y doctrinar buenas costumbres y poner en ello la diligencia debida, según más largamente en las cartas de dicha concesión se contiene. (José María Iraburu)

Obedecer siempre

Ya sabemos que, si el superior, mandara alguna cosa contraria a la Ley de Dios, tenemos la obligación de no obedecerle. Pero en todo lo que mande legítimamente, debemos obedecer siempre. San Francisco de Sales, nos dice que la obediencia «se somete amorosamente a todo lo que se le mande, con entera sencillez, sin mirar jamás si lo que se le manda está bien o mal mandado, con tal que, quien manda, tenga potestad de mandar y mire lo mandado para unirnos con Dios. (Julián Jarabo Ruiz – AVE MARÍA)

Genocidio

Ante todo, hay que definir qué es un genocidio. Se trata de la planificación o/y de la puesta en práctica o/y de la colaboración, tanto dentro de la planificación como de la realización de la planificación, o/y del exterminio parcial o total de un grupo humano de tipo étnico, racial, político o religioso. Que hubo una voluntad de exterminar a la Vendée es una evidencia: tenemos las leyes, las órdenes y su aplicación. La realización es también evidente: tenemos los informes preparados por los verdugos y los que fueron preparados por las víctimas. Y lo que es más importante: los vendeanos constituyen un grupo que se puede definir como político y religioso. Este crimen es imprescriptible, y por lo tanto retroactivo. (Dr. Reynald Secher – AVE MARÍA)

Miguicas 155

Padre Martínez m.C.R.

San Francisco de Borja* Los que dicen que no nacemos ni hombres ni mujeres, no están locos están endemoniados.

* Los democratistas de las libertades han reducido al hombre y a la mujer a genitales ¡Quién lo iba a decir!

* Los endemoniados que asesinan niños y niñas en el vientre de sus madres, son los mismos que proclaman el libertinaje sexual.

* Los que ya somos «perfectos» nunca lo seremos; porque no podemos corregir nuestros defectos, si antes no los reconocemos.

* El cardenal Sarah, ha dicho que la ausencia de Dios es consecuencia de la ausencia Iglesia. Señores clérigos, una sonata dura bastantes años.

* En la carta llamada de Bernabé leemos: «Conserva la doctrina recibida, sin añadirle ni quitarle nada». Los que añaden o quitan son endemoniados.

Un Gobierno en ivernación y la rebelión de los pensionistas

Antonio Gibello

eSPAÑAY posiblemente sea verdad dada la inflacionaria estructura del «pesebre político partidista» en el que pacen los más de quinientos mil «enchufados» que forman los diecinueve gobiernos autonómicos y sus respectivos parlamentos, más las asociaciones políticas y sindicales que, lejos de financiarse con las cuotas de sus miembros, esquilman las rentas de trabajo de todos y cada uno de los ciudadanos, pertenezcan o no a tales organizaciones.

(AFÁN)

La fiesta de la Hispanidad (3)

Javier Barraycoa

Cardenal Don Isidro Gomá y TomásY sigue Gomá comparando la labor de España con la labor de Roma: «Esto es la suma de la civilización, y esto es lo que hizo España en estas Indias. Hizo más que Roma al conquistar su vasto imperio; porque Roma hizo pueblos esclavos, y España les dio la verdadera libertad. Roma dividió el mundo en romanos y bárbaros; España hizo surgir un mundo de hombres a quienes nuestros Reyes llamaron hijos y hermanos. Roma levantó un Panteón para honrar a los ídolos del Imperio; España hizo del panteón horrible de esta América un templo al único Dios verdadero» (11).

(11). Si Roma fue el pueblo de las construcciones ingentes, obra de romanos hicieron los españoles en rutas y puentes que, al decir de un inglés hablando de las rutas andinas, compiten con las modernas de San Gotardo; y si Roma pudo concentrar en sus códigos la luz del derecho natural, (205) España dictó este Cuerpo de las seis mil leyes de Indias, monumento de justicia cristiana, en que compite la grandeza del genio con el corazón inmenso del legislador.

Casi cada frase de Gomá merece un tiempo para ser meditada, lo cual no le quieta que sepa reconocer las miserias propias que se suceden en España: «Yo no hablaría con la lealtad que os he prometido si no resolviera otra objeción. ¿Por qué, diréis, nos habla España de unificación en la hispanidad, cuando los hijos de España desgarran su propia unidad? Aludo, claro, al fenómeno de los regionalismos más o menos separatistas, que se han agudizado con nuestro cambio de régimen político y que pudiera dañar el mismo corazón de la hispanidad» (12).

(12). Pero éste es pleito doméstico; pleito que tiene su natural razón de ser en lo que se ha llamado hecho diferencial, no de las razas hispanas, que no hay más que una, producto de veinte siglos de historia en que se han fundido todas las diferencias étnicas, de sangre y de espíritu, de los pueblos invasores, sino de cultura, de temperamento, de atavismos históricos; pero que se han agudizado por desaciertos políticos pasados y presentes y tal vez por la acción clandestina de fuerzas internacionales ocultas, que tratan para sus fines de balcanizar a España, rompiendo a la vez el molde político y religioso en que se vació nuestra unidad nacional.

De ahí que España deba ser la primera en aprender del ideal de Hispanidad: «La raza, la hispanidad, es algo espiritual que trasciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera del catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas» (13).

(13). Entendida así la hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y de la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la hispanidad”… «En el Cielo, dice el Apocalipsis, gentes de toda nación y raza bendicen a Dios con este himno: “Nos redimiste, Señor, con tu sangre, de toda nación, y has hecho de todos un solo reino”. Alejando toda profanidad en la aplicación, ¿por qué todas las gentes de Hispanoamérica no podrían bendecir a la Madre España y decirla: “Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos? Somos la hispanidad, señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la historia”.

La hispanidad -insiste literalmente Gomá- es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad. Y para reafirmarlo y poner su esperanza en la resurrección del alama Hispana, por un lado, cita al ecuatoriano Montalvo: «¡España! Lo que hay de puro en nuestra sangre, de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti te lo debemos. El pensar grande, el sentir animoso, el obrar a lo justo, en nosotros son de España, gotas purpurinas son de España. Yo, que adoro a Jesucristo; yo, que hablo la lengua de Castilla; yo, que abrigo las afecciones de mi padre y sigo sus costumbres, ¿cómo haría para aborrecerla?» y por otro la filípica de Rubén Darío contra todo poder extranjerizante: «Tened cuidado: ¡Vive la América española! Y pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!”.