13351938-mapa-de-espana (2)Marcelino Menéndez y Pelayo
Cultura Española, Madrid, 1941

No era la de Menéndez y Pelayo madera de cortesano, ni estaba templado su ingenio para degradarse en tareas de adulación; por eso, de las palabras que anteceden hay que recoger el amor de que están redundadas, respetuoso y encendido a un tiempo, al Trono y a la Reina.

En las páginas que siguen ha de descubrir el lector en más de una ocasión el amor a la institución monárquica, inspirando, a veces, elogios entusiastas de los reyes; y otras, agrias censuras que su juicio sereno deja caer sobre algunas cabezas coronadas; que la fe monárquica, cuando es robusta, no tiene por qué fingir ceguedades, ni tender velos sobre los errores; porque poniendo a la luz los que una vez se produjeron es como se aprenderá a evitar el peligro de caer de nuevo en ellos, llegada la ocasión.

Ni sería difícil encontrar más explícitos testimonios de este sentir de Menéndez y Pelayo; bastaría espigar, por ejemplo, en el discurso que pronunció en Santander en la ceremonia de inauguración del monumento a Pereda (1) o en la oración con que en nombre del Cuerpo de archiveros celebró el suceso de la coronación de don Alfonso XIII. (2).

«Menéndez y Pelayo fue monárquico -escribió un día don Ángel Herrera-. Su monarquía ideal no fue la de los Austrias ni la de los Borbones. Dos siglos de absolutismo glorioso, pero exótico, y otros dos de absolutismo inepto, decía él, habían borrado la noticia de nuestra constitución histórica. Su admiración y su simpatía se iban a los Reyes Católicos. Era partidario de una Monarquía templada, la más conforme con el espíritu del Evangelio y la más conforme con la tradición nacional» (3).

Sin duda sentía Menéndez y Pelaya esta gran verdad que, venciendo a la ausencia de emoción, se escapa para rematar el párrafo transcrito. Pero, además, para quien por voluntad de Dios, encarnaba lo que los tiempos, los hombres y las cosas permitían encarnar de aquel ideal que el historiador imaginaba, guardaba Menéndez y Pelayo una adhesión constante y una lealtad sin límites.

(1) Discurso leído por el Excmo. Sr. D. Marcelino Menéndez y Pelayo, delegado regio en el acto de la inauguración del monumento a D. José María Pereda, 23 de enero de 1911 (Madrid, 1911).

(2) Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Discursos leídos el día 24 de mayo de 1902, (Madrid, 1902), páginas 127 a 134.

(3) Almanaque de los Amigos de Menéndez y Pelayo para el año escolar 1932-1933. (Madrid, 1932, página 77.)