P.albacenaRvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 176, septiembre de 1993

Hoy no quiero escribiros para meditar en el riguroso sentido de la palabra. Quiero haceros unas consideraciones que me sugieren los peregrinos del Año Compostelano.

Nuestra Asociación ha celebrado con júbilo el Año Santo Compostelano. Unos, hasta doce, peregrinaron en bicicleta. Otros, hasta cincuenta y cinco lo hicieron en autocar. Los más, hasta sesenta y tres lo han hecho a pie. Los chicos, los más, desde Arneguy junto á Valcarlos, desde aquel puente de tantas resonancias para los corazones patriotas españoles. Desde Ponferrada las chicas, que con entusiasmo nuevo realizaron toda la ruta gallega. Todos, unos y otros ha­béis dado mucha gloria a Dios, habéis dado un ejemplo imitable, y habéis conseguido muchas gracias para vuestras almas, para la Asociación, la Iglesia y la Patria.

A la altura de este cuarto Año Santo Compostelano que me ha tocado vivir con vosotros en la Asociación, se me ofrecen estas consideraciones que presento a vuestra estima.

En primer lugar el proceso de secularización o mundanización e indiferentismo que sacude a la Santa Iglesia, se percibe de una forma espectacular en el Camino de Santiago. Son mínimas las atenciones religiosas en él y no hay esfuerzo por parte de parroquias, sacerdotes o religiosos, de una manera tangible, en favor de los miles y miles de peregrinos. A la propaganda oficial de un “camino cultural europeo” no hay una fundamentación católica paralela que hable de la Cristiandad y de la creación de la comunidad cristiana de naciones que aglutinó la época más gloriosa de Europa, que fue la Edad Media. Ello es tanto más sorprendente y triste, por cuanto con notable afán la comunidad política en sus diferentes demarcaciones, ha procurado alojamientos, áreas de descanso, indicaciones, ayudas y otras atenciones cívicas, para los “ciudadanos” que seguían “la ruta cultura”. Lo religioso se ha ido oscureciendo para presentar externamente una dimensión “turística”, que nada tiene que ver con el verdadero Camino de Santiago.

La peregrinación es una oración permanente, un sacrificio permanente y un ejercicio constante de paciencia y caridad. En la peregrinación se cumplen todas las condiciones requeridas para que la oración sea escuchada. Desde la primera peregrinación pedimos al Señor que España se viera libre del comunismo, que nacieran de entre nosotros vocaciones sacerdotales y religiosas. A los veintidós años hemos visto el hundimiento de la tiranía comunista en todas las naciones de Europa. La respuesta del Cielo han sido nuestros nuevos cinco sacerdotes que simbolizan las muchas vocaciones que han surgido de nuestra Asociación. Si hubiéramos tenido más fe, la cosecha se hubiera multiplicado cien veces más.

Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. Citando recuerdo las docenas y docenas de jóvenes que peregrinaron conmigo en Años Santos anteriores. ¿Qué se hizo de ellos? Eran buenos, abandonaron la Asociación, so distanciaron de ella, algunos incluso, lo más penoso para ellos, han caído en un género da, enemistad, de crítica puritana que nos ha hecho mucho daño en algunos ambientes. Por eso, no puedo menos de dar muchas gracias a Dios por cuantos contra Viento y marea han seguido fieles durante tantos años, sin importarles las perezas y las consideraciones humanas. El tiempo y la adversidad dan la talla de los verdaderos amigos. La permanencia de los amigos, la constancia en los mismos ideales y trabajos es el tesoro que nos envía el Señor como una muestra de lo que es su caridad constante con nosotros, puesto que su amor misericordioso nos envuelva hasta el fin de nuestros días.

Tal vez os ofrezca alguna nueva consideración el mes que viene. En todo caso, la Asociación tiene el compromiso irrenunciable de peregrinar todos los Años Santos a la tumba del Apóstol que nos hizo cristianos.