MARIA NIÑAIldefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

¿En qué consiste? -La Fe esencialmente consiste en creer una cosa sólo porque Dios nos la ha revelado. -Comprende la importancia y el mérito de esta definición. -No hay que creed: porque lo entendamos o lo demostremos con evidencia, como sucede con las verdades humanas…, sino que hemos de someter nuestro juicio… y nuestro parecer… y nuestros sentidos… y nuestra razón misma…, a la palabra de Dios. -Él lo dice y ya basta para que creamos sin buscar ni desear más razón que esa. -¡Qué humildad!… ¡Qué sumisión!…, ¡Qué confianza en Dios supone el acto de fe! -Por eso tanto agrada al Señor…, por eso también tanto le ofende el pecado de incredulidad.

Piensa la injuria que se hace a una persona cuando dice algo y no se la cree… Sencillamente estamos dudando entonces de su veracidad y juzgamos o que nos engaña con malicia o al menos se engaña y se equivoca en lo que dice. -Es decir, que cuando no creemos a alguien, es porque le tenemos por ignorante y no sabe lo que dice…, o por mentiroso, que trata de engañarnos.

Aplica esta regla al acto de fe divina, y comprende la enormidad del pecado y de la ofensa que para Dios supone el que el hombre tenga a Dios por ignorante o por mentiroso, y por eso no le crea. -¡Qué horrible desvergüenza!… ¡Qué espantoso atrevimiento! -La fe, por tanto, es una virtud sobrenatural, infundida por Dios en el alma…, cuyo objeto es el mismo Dios. -Por eso se la llama virtud teologal, que nos da a conocer a Dios, no por medios humanos… ni con las luces de la razón, sino por la influencia de la divina gracia. -¿Qué extraño, siendo esto la fe, que se encontrara en grado tan heroico en la Santísima Virgen?… -Dios tuvo complacencia especial en infundir esta hermosísima virtud en su Madre Santísima… para que nos sirviera de modelo. -Ma­ría cree siempre… con sencillez… con confianza…, sin vacilaciones ni dudas, en la palabra de Dios.

Un caso de fe. -Es fácil encontrar ejemplos de éstos en la vida de Ma­ría. -Recuerda uno de ellos: el Ángel de la Anunciación pone a prueba su fe… la dice de parte de Dios que concebirá y dará a luz un hijo… Ella, la Virgen, ¿podía ser Madre? -Naturalmente esto es imposible… Sin embargo, no duda…. no vacila… En cuanto conoce la voluntad de Dios, cree en Él y acepta todo lo que el Ángel la dice. -Compara esta fe suya con la incredulidad de Zacarías… días antes que a Ella, se aparece el mismo ángel a Zacarías y le anuncia el nacimiento del Precursor. -Zacarías, duda…, no cree con firmeza al Ángel… y Dios le castiga…, le deja mudo. -Zacarías no tenía más razón para dudar, que su ancianidad… Ma­ría tenía la de su virginidad. -A Zacarías se le anuncia un hijo que será el Precursor del Mesías… A Ma­ría el mismo Mesías… y, sin embargo, Zacarías duda… y Ma­ría cree.

Recuerda el caso maravilloso de la fe de Abraham. -Dios le dice que será padre de una gran descendencia… y para eso le anuncia un hijo, Isaac…, pero a la vez le manda que le sacrifique aquel hijo único que tiene… ¿Cómo se va a multiplicar su descendencia de este modo?.. Abraham, no obstante, cree sin vacilar la palabra de Dios…, se dispone al sacrificio… y merece, por ello, ser llamado «Padre de los creyentes».

Imagen es ésta de la fe de Ma­ría… Dios la ha inspirado su voto…, único… desconocido hasta entonces, de la virginidad. -Sabe que esto significa renunciar a la posibilidad de ser Madre del Mesías, que era el anhelo santo de todas las mujeres judías… Ma­ría, por agradar a Dios, renuncia generosamente y se hace Virgen..; Pero ahora el Ángel, la anuncia su gloriosa maternidad, y Ma­ría… sin dudar ni vacilar…, pregunta si es esa la voluntad de Dios, y en cuanto la conoce, la abraza y cree firmemente todo lo que se la dice. -Ella no sabe cómo puede ser eso…, su razón choca con la unión de la virginidad y la maternidad…, pero somete su criterio…, su parecer…, su razón misma… y cree con firmeza y sencillez ¡Qué fe más grande la de Ma­ría!

Consecuencias. -Si tuvierais fe, dice Cristo, traspasaríais los montes… La fe es la que hace los milagros. -En el Evangelio, el Señor parece que se recrea en hacernos ver que era la fe la que obraba los prodigios. -Así dice: «Vete, tu fe te ha salvado.» y otras veces: «Sea como tú has creído,» En Ma­ría, obró el milagro de las milagros…; su fe atrajo al Hijo de Dios, de los Cielos a su purísimo seno… Así lo dice Santa Isabel cuando la Visitación: «Bienaventurada Tú, porque has creído…» Así también sucederá en ti. -Una fe de esta clase, será en ti la fuente de las grandes bendiciones… y de las gracias extraordinarias del Señor. -Él las derrama abundantísimamente en el que de este modo en Él cree y en Él confía. -Pero comprende bien el valor de la fe de la Virgen y compárala con la tuya… ¿También imitas en esto a tu Madre?… ¿Es sencilla tu fe y crees firmemente no ya sólo los dogmas y verdades reveladas, sino todo lo que el Señor, de una o de otra manera, te dice?… ¿O eres de los que creen que es cosa de Dios, lo que les agrada… y desechan lo que les disgusta?

Dios te hablará, además, directamente a tu alma por medio de sus inspiraciones, y también te hablará por medio de tus Superiores y representantes suyos… ¿Los oyes y los crees? Y si los crees, ¿sabes someter tu voluntad y tu parecer propio al suyo…, aunque no entiendas el cómo ha de ser…; ni el por qué de lo que te dicen? -¿Imitas a tu Madre en esta sumisión a lo que te dicen de parte de Dios y la acepta… aunque te cueste…, aunque te humille? -Termina pidiendo a la Santísima Virgen una fe semejante a la suya, y una docilidad grande, cuando oigas la voz de Dios que te llama, para que le creas y le sigas en todo momento… sin vacilar ni un instante.