trinidadObra Cultural

La palabra «Trinidad» no es bíblica. -Es cierto que la palabra Trinidad no está en la Biblia. Pero sí aparecen las tres Personas como sujetos distintos que poseen la misma deidad. En Mateo (28,19) Jesús ordena a sus discípulos bautizar a todos los hombres «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». San Pablo nos ofrece muchas fórmulas «ternarias», en lasque pone en pie de igualdad a las tres Personas. Por vía de ejemplo valgan estas dos: «Por Él (Cristo) tenemos los unos y los otros el poder de acercarnos al Padre en un mismo Espíritu» (Ef. 2,18). «La gracia del Señor Jesucristo y la caridad del Padre y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Coro 13, 13). A san Pablo no le preocupa decirnos quién es Dios «en sí mismo», sino quién quiere ser «para nosotros». El Apóstol nos presenta a la Santísima Trinidad autodonándose a los hombres: todo nos viene del Padre, por Jesucristo, que es el Mediador en la comunicación de la vida divina, en Ia presencia en nosotros del Espíritu Santo, que es el que interioriza, a través de los sacramentos, la vida divina en el hombre. Pero, a su vez, todos estamos de camino hacia el Padre, que aparece como término de nuestro peregrinaje por la vida. Jesucristo es el camino que nos conduce al Padre y el Espíritu Santo, la fuerza que nos impulsa a caminar, por Cristo, hasta el Padre.

San Juan recoge las palabras de Jesús, en las que se manifiesta igual al Padre y un solo Dios con Él: «Yo y el Padre somos una misma cosa» (Jn 10, 30).

Resultaba difícil comprender que un hombre -Jesús- fuera Dios. Y más aún que el único Dios existiera en tres Personas distintas. Por eso, muy pronto comenzaron a aparecer falsas interpretaciones de la figura de Cristo. En los siglos II-III pulularon errores que destruían el Misterio trinitario. Unos, por salvar la unidad de Dios frente al politeísmo pagano, sostuvieron que Jesucristo era un simple hombre investido de una fuerza divina, que le hizo aparecer como un gran profeta. Otros multiplicaron la divinidad en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, haciendo tres Dioses distintos.

La intervención de la Iglesia. -La Iglesia, que ha recibido de Cristo el don del Espíritu Santo para interpretar correctamente la palabra de Dios, intervino oficialmente por medio del papa san Dionisia, en el siglo III (hacia el año 260) para condenar ambos extremos: «Ni se debe dividir en tres divinidades la admirable y divina unidad, ni se debe atentar contra la divinidad y la soberana grandeza del Señor usando la expresión hacer, sino que hay que creer en Dios Padre omnipotente y en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo… De esta manera la Trinidad divina y la Santa Monarquía serán mantenidas íntegras» (La fe católica, n. 207).

La primera fórmula de fe trinitaria. -Más tarde, para expresar en una sola palabra el contenido de este adorable misterio de un único Dios que subsiste en tres Personas distintas, se acuñó el término Trinidad, que es lo mismo que Tri-unidad o Uno-Trino. Dios es Uno-Trino. En el siglo V, san Agustín comenzó a utilizar la expresión «Dios-Trinidad». Expresión que hoyes bastante común entre los teólogos modernos.

Nuestro Dios vive con nosotros. -Creo que la inmensa mayoría de los cristianos, al menos de los que nos esforzamos en vivir consciente y consecuentemente nuestra vida cristiana, estamos convencidos de que Dios está cerca de nosotros. Pero a pesar de todo, no acabamos de convencernos de que esa cercanía es el encuentro de todas las horas y el encuentro que debe marcarla pauta de nuestra vida. De lo que ya no estoy muy seguro es de cuál será el concepto de ese Dios que sabemos que vive cercano a nosotros. Para muchos el encuentro con Dios es en Cristo. Para menos su encuentro es con el Padre. Para pocos su encuentro esencial es con el Espíritu Santo. Pero cuando se anuncia que nuestro encuentro es con la Trinidad, la mayoría se extrañan y otros toman el anuncio con indiferencia, porque les parece demasiado raro que nuestro encuentro sea con la Trinidad.

Sin embargo, el Señor Jesús, supremo revelador, así nos lo dice: «Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos morada» (Jn 14, 23). Es verdad que sólo habla el texto del Padre y del Hijo, pero sabemos que a ellos se encuentra indefectiblemente unido el Espíritu de Amor. En resumidas cuentas, que nuestro Dios, no es un Dios abstracto, sino un Dios comunicativo, un Dios que por amor, ha querido arriesgarse a vivir en nuestros corazones.

Nuestro Dios Trinidad nos compromete. -Que Dios se nos ha manifestado como Trinidad a lo largo de la historia de la salvación, pese a las herejías antiguas y modernas, es un hecho que queda patente a todo lector bienintencionado de la Biblia y sobre todo del Nuevo Testamento. Pero es que esa revelación concreta de Dios, encierra en sí para todos nosotros una serie de enseñanzas que brevemente quiero departir con vosotros.

Dios es uno, no único. En Dios hay unidad, armonía, concordia, comunión; «koinonia». Pero no fría unicidad incomunicable, como a veces solemos concebir a Dios. Así se convierte para nosotros en modelo de vida. Si las Tres Personas viven en perfecta unión, aunque no en identidad, también nosotros -podemos vivir en unión y armonía, sin que eso implique la despersonalización de cada uno de los que compartimos la vida y la fe. Dios se nos ha revelado en Tres Personas. y nos afirma la palabra de Dios que las tres Personas son distintas aunque haya perfecta unión entre ellas. El Padre es el Padre y no es el Hijo ni el Espíritu Santo, aunque los tres compartan la misma divinidad. Se aman como son, no se excluyen, en ningún modo se complementan.

¡Qué lección tan estupenda para nosotros podemos encontrar en la vida trinitaria de Dios! Aceptar a la persona como es, servirla como es, quererla como es, ayudarla como es, comprometidos con cada persona, que debe ser sagrada para nosotros. Y esto es algo a lo que nos compromete el saber que estamos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Nuestro Dios Trinidad es amor. -Que Dios es amor es la afirmación más gozosa de la Sagrada Escritura y san Juan se encarga de recogerla y de transmitírnosla también con mucho gozo. Esta es una de las grandes aportaciones que el Señor Jesús nos vino a traer en el culmen de la revelación de Dios a los hombres: Dios es amor. La Sagrada Escritura abunda en esta afirmación y añade que el único camino para el encuentro con Dios es el amor. Un autor moderno dice: «Sigue las huellas del amor porque siguiendo las huellas del amor, si es verdadero amor, encontrarás a Dios». Y así lo creemos. Ante un mundo cuyas relaciones son cada día más frías, más legalistas y no digo más justas, pero sí más exigentes en lo que cada uno cree que es la justicia, Dios se nos revela como amor. Amor al hombre, a quien le sale al encuentro con deseo de salvarle, liberarle, pero al mismo tiempo respetándole, para que libremente acepte la salvación que se le ofrece. Dios quiere y ofrece. No atosiga. Ni apabulla.

Amor como esencia de la vivencia de la Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Las tres Personas de Dios viven en una íntima relación de amor. El Padre ama eternamente y por amor engendra al Hijo. Y el amor subsistente del Padre y del Hijo es el Espíritu Santo, que por otra parte ha sido derramado en nuestros corazones. Nada extraño que al comprender este misterio de amor, el hombre quede anonadado y desee lanzarse en ese piélago infinito de Amor.

«SE DEJA PRONTO DE REZAR EL PADRENUESTRO CUANDO NO LE ACOMPAÑA EL AVEMARÍA», dijo Bartmann. Por esto todo cristiano no olvida de rezar cada mañana y cada noche TRES AVEMARÍAS a la Santísima Virgen, por su salvación eterna. La Virgen nos hace entender que Dios es Padre, Amor, Eternidad.