Franco siendo condecorado Caballero de la Suprema Milicia de Jesucristo

Franco siendo condecorado Caballero de la Suprema Milicia de Jesucristo

Franco y la Iglesia Católica
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Separata de la obra “El legado de Franco”

I Vida y profesión de fe católica

“Franco es un buen católico” (Juan XXIII). La actuación de Franco en sus 39 años de mandato sólo se entiende partiendo de su vida cristiana personal. A la hora de morir dejó un mensaje póstumo, que comienza con estas palabras:

“Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir” (1).

Testimonio cuya sinceridad y verdad fue avalada en todas las Diócesis de la Iglesia en España. Se verifica patentemente en el tiempo de su jefatura (1936-1975). Se comprueba también su continuidad desde la infancia, junto a su madre, y desde la juventud: a los 18 años, siendo ya Teniente segundo en el Regimiento de Infantería de El Ferrol tras salir de la Academia Militar de Toledo, se inscribe como miembro de la Adoración Nocturna; luego, en momentos difíciles de la guerra y de su gestión como Jefe de Estado, proseguirá en su costumbre de orar largamente ante el Santísimo Sacramento. En los primeros meses de la guerra, octubre y diciembre de 1936, el Cardenal Gomá, Arzobispo Primado de España, en sus informes secretos a la Santa Sede asegura que entre los directores del Alzamiento quien tenía mejores antecedentes en cuanto a espíritu religioso era el “Generalísimo Franco, católico práctico de toda su vida”… “Me consta reza todos los días el santo rosario”… con “manifestaciones de catolicismo acendrado”… “Tiene arraigados sentimientos religiosos, cumple como buen cristiano con los preceptos de la Santa Iglesia…”.

Según asumía cargos de responsabilidad, el cristiano Franco se fue perfeccionando en instrucción y práctica. Los testimonios del tiempo de su gestión pública son innumerables, recopilados en gran parte por el P. Manuel Garrido, benedictino, con reconocimiento constante de su fervor cristiano y de la ejemplaridad de su vida privada hasta la muerte. Provienen de los Papas (Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI), de los Nuncios Apostólicos (Cicognani, Antoniutti, Riberi, Dadaglio), de los Obispos españoles y otros extranjeros y de toda clase de personas que convivieron, colaboraron o le trataron. A la hora de su muerte todos los Obispos diocesanos loaron la ejemplaridad de vida, el amor a la Iglesia, la inspiración cristiana de su servicio a España: y lo publicaron en sus Boletines Oficiales. Al terminar la guerra en 1939, Pío XII había señalado como una garantía de esperanza para el rumbo católico de España “los cristianos sentimientos de que ha dado pruebas inequívocas el Jefe del Estado” y tantos colaboradores. El mismo Papa en 1953 inscribió a Franco entre los poquísimos miembros de la Suprema Orden de los Caballeros de la Milicia de Jesucristo, la cual -además del reconocimiento de servicios meritorios a la Iglesia-supone religiosidad probada y vida ejemplar, y exige la Profesión de fe. Su religiosidad era, pues, eclesial y católica.

(1) Se conserva el texto manuscrito de este mensaje, redactado a solas por él. N. del E.