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Jesús, en ti confió

“Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma*: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero. Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 47 y 48.

Protectores de los indios

“Con qué fuerza resuena en los espíritus la palabra señera de ay Antonio de Montesinos, cuando en la primera homilía documentada, la de Adviento de 1511 -al principio de la evangelización- alza su voz en estos mismos lugares, y denunciando valientemente la opresión y abusos cometidos contra inocentes, grita: “Todos estáis en pecado mortal… Estos, ¿no son hombres?, ¿no tienen ánimas racionales?, ¿no sois obligados a amarlos como a vosotros mismos?” Era la misma voz de los Obispos, cuando asumieron en todo el Nuevo Mundo el título de “protectores de los indios”. Además, con la ayuda y enseñanza al indígena, el mensajero del Evangelio se convierte -por encima del pecado presente aun entre cristianos- en solidaridad con los débiles. Con razón podrá decir un cronista que a los religiosos “no sólo se les debe la doctrina sobrenatural, sino que también… enseñaron las costumbres morales y políticas: en fin, todo aquello que es necesario para la vida humana”.” San Juan Pablo II, Ante el V centenario de la evangelización de América, p. 25.

Juramento militar en tiempos de Franco

“¡SOLDADOS! ¿JURÁIS A DIOS Y PROMETÉIS A ESPAÑA, BESANDO CON UNCIÓN SU BANDERA, RESPETAR Y OBEDECER SIEMPRE A VUESTROS JEFES, NO ABANDONARLOS NUNCA, Y DERRAMAR SI ES PRECISO EN DEFENSA DEL HONOR E INDEPENDENCIA DE LA PATRIA Y DEL ORDEN DENTRO DE ELLA, HASTA LA ÚLTIMA GOTA DE VUESTRA SANGRE? ¡SI JURAMOS¡ SI ASÍ LO HACÉIS, LA PATRIA OS LO AGRADECERÁ Y PREMIARÁ, Y SI NO, RECIBIRÉIS SU DESPRECIO Y SU CASTIGO, COMO INDIGNOS HIJOS DE ELLA.” Antonio Tejero Molina, Revista Empenta, nº 101, 4º Trimestre 2015, p. 29.

1848 realmente inquietante

“La fecha de 1848 es realmente inquietante. Por entonces se producen en Europa una serie de acontecimientos graves: la Dieta suiza vence a los cantones católicos y se promulga la Constitución Federal, el Rey de Nápoles otorga una Carta al país, Luis Felipe de Francia abdica y se proclama la República, el Piamonte obtiene un Estatuto Fundamental, se producen motines en Praga, Viena y Berlín, la corte austriaca huye de Innsbruck, estalla la revolución en Budapest, los Ducados de SchleswIg y Holstein se declaran independientes, los cartistas se manifiestan en Londres se sublevan los polacos de Posmania, aparece el Manifiesto Comunista, Pio IX huye de Roma, y abdica en Austria el Emperador. Bajo estos hechos que no son sino lo más saliente de un extenso y complejísimo tejido de acontecimientos, se oculta una urdimbre elemental, en cuyo descubrimiento se han afanado muchos historiadores.” Gonzalo Fernández de la Mora, Revista Razón Española, julio-agosto 2015, p. 6.

Verdadero equilibrio

“La soberanía social es la que debe servir de contrarresto: y cuando esa armonía se rompe entre las dos, cuando no cumple sus deberes la soberanía política e invade la soberanía social, y cuando la soberanía social, invade la política, entonces nacen las enfermedades y las grandes perturbaciones del Estado. En un Estado de verdadero equilibrio, cumplen todos sus deberes, y a las exigencias de la soberanía social corresponde los deberes de la soberanía política; pero cuando la soberanía política invade la soberanía social, entonces nace el absolutismo, y, desde la arbitrariedad y el despotismo, el Poder se desborda hasta la más terrible tiranía.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, pp. 47 y 48.

Monarquía mando único

“La penetrante lectura aristotélica de la monarquía como mando de uno, y distinta no sólo de la tiranía sino también de la soberanía, continuada como hemos visto por Santo Tomás de Aquino, y antes por otros autores como Cicerón, será distorsionada en la Edad moderna y contemporánea. En efecto, el pensamiento moderno, nacido con Marsilio de Padua y Maquiavelo, e impuesto sucesivamente con las doctrinas -que -aunque por caminos y con objetivos distintos – transformaron al rey en soberano [o, en el caso de Rousseau, en magistrado de la República], ha abandonado la definición/concepto de Aristóteles e impuesto en su lugar la búsqueda de una nueva definición de monarquía, que con frecuencia se ha revelado inadecuada para acoger el concepto. Pero no fue la única de las transformaciones que la política moderna introdujo en la monarquía, pues -igualmente una vez que el principio monárquico perdió su significado sustancial, para convertirse en una forma de organización del poder ejecutivo -esto es, de uno de los sectores del poder estatal, con arreglo al principio de división de poderes erigido en pieza clave del régimen constitucional-, su significación se relativizó grandemente. Hoy cabe decir que la doctrina tradicional de las formas de gobierno ha perdido parte de su interés. En primer lugar, los que gobiernan son siempre pocos, lo que devalúa la variable numérica. Pero es que, en segundo lugar, las aristocracias han desaparecido paralelamente a como las dinastías se están extinguiendo, si no están ya casi extinguidas. La monarquía, en tercer lugar, se acopla a la democracia hasta el punto de disolverse en ésta.” Miguel de Ayuso, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, pp. 389 y 390.

Las ideologías con invenciones

“Esta dimensión patética de la ideología, como encubridora e deseos e intereses, remite automáticamente a un sujeto social, el ideólogo. Fernández de la Mora dedica un buen número de páginas a hablar de él. La principal caracterización emotiva del ideólogo es su gran ansia de poder, en esto se diferencia del genuino intelectual. Su apariencia intelectual o su obra cultural está siempre al servicio de la satisfacción de ese fin que es la consecución del poder. El instinto primario de apetencia de poder es lo que guía todo su actuar. De hecho las ideologías son creaciones pseudointelectuales con las que se trata de satisfacer ese ansia. Son productos mentales que operan proyectando en esquemas pretendidamente científicos los deseos de su creador. Por eso las ideologías son partidistas porque no se trata de productos universales sino de construcciones ideales al servicio de un individuo o un grupo, los ideólogos, que pretenden capitalizarlas en busca del poder. El ansia de poder es el trascendental originario de todo ideólogo, lo que se traduce en una imbricación genética de la ideología con la pasionalidad humana” Carlos Goñi Apesteguía, Revista Razón Española, septiembre-octubre 2015, pp. 178 y 179.