Ciencia y feManuel Mª Domenech Izquierdo

Segunda parte: Más allá de la ciencia

Para que este librito no resulte demasiado largo no se desarrollará esta segunda parte por completo. Quien esté interesado puede solicitarla. De ella entresacamos estos párrafos:

La entropía del universo

El Papa Pío XII, en un discurso a la Academia de Ciencias, del 22 de noviembre de 1951, decía:

“La ciencia moderna no sólo ha avanzado y profundizado nuestros conocimientos sobre la realidad y la amplitud del cosmos; ella nos ofrece también preciosas indicaciones acerca de.la dirección según la cual se realizan los procesos en la naturaleza. Mientras que hace, cien años, especialmente, después del descubrimiento de la ley de la conservación de la energía, se pensaba aún que los procesos fuesen reversibles, y, por tanto, según los principios de la estricta causalidad, o mejor, determinación de la naturaleza, se creía posible una continuada renovación y rejuvenecimiento del cosmos; con la ley de la entropía, descubierta por Rodolfo Clausius, se vino a saber que los procesos naturales espontáneos van siempre unidos a una disminución de la energía libre utilizable: lo que, en un sistema cerrado, debe conducir finalmente a la terminación de los procesos en la escala macroscópica. Este destino fatal, que solamente algunas hipótesis, a veces demasiado gratuitas, como la creación supletoria, se esfuerzan por ahorrar al Universo, brota de la experiencia positiva.

Si el científico dirige, por tanto, su mirada del estado presente del universo al porvenir, aunque lejanísimo, se ve obligado a constatar, tanto en el macrocosmos como en el microcosmos, el envejecimiento del mundo. En el curso de miles de millones de años, incluso cantidades aparentemente inagotables de núcleos atómicos pierden energía utilizable, y la materia se aproxima, hablando en sentido figurado, a un volcán apagado y hecho escoria. Y viene a la mente el pensar que, si el presente cosmos, hoy tan palpitante de ritmo de vida, no es capaz de dar razón de sí mismo, como se ha visto, mucho menos podrá hacerlo el cosmos sobre el que habrá pasado, a su modo, el aleteo de la muerte.

Nadie pasará por la universidad sin estudiar más o menos a fondo, según la carrera, el segundo principio de la termodinámica: “La entropía siempre crece”. Este capítulo pretende solamente que el universitario cristiano abra bien sus oídos y mire con simpatía todo lo referente a la entropía, porque por este principio, como dice Whittaker, se vislumbra al Creador: “Si, con métodos puramente científicos, investigamos la evolución del universo material en lo pasado, llegamos finalmente a un estado crítico de cosas más allá del cual las leves de la naturaleza, como las conocemos, no han podido regir: en otros términos, a una Creación. La física, la astronomía pueden conducirnos a través del pasado hasta el principio de las cosas y mostrarnos que debe haber habido ahí una Creación”.