santo-josemaria-escriva (3)Obra Cultural

Era el miércoles 10 de noviembre de 1976. El aula de las audiencias del Vaticano estaba abarrotada de peregrinos y visitantes de Italia y de países de lengua francesa, inglesa, alemana y española. Estaban presentes varios cardenales y obispos. Al principio de la audiencia Pablo VI dirigió un saludo fraterno a los obispos presentes. Hablando al Obispo de Barbastro, monseñor Ambrosio Echevarría, el Papa dijo: «Saludamos al Excmo. Sr. Obispo de Barbastro, diócesis pequeña de nuestra amadísima España, pero importante, porque en ella nació monseñor Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, queridísimo hijo de la Iglesia».

Un libro famoso en todo el mundo.

Muchos conocieron por primera vez monseñor Escrivá de Balaguer cuando leyeron un libro que hoyes famoso en todo el mundo: Camino. Se, trata de un libro de espiritualidad cristiana que el autor escribió para ayudarse en la labor de dirección espiritual y de formación de jóvenes universitarios y obreros el año 1934, y que, desde entonces, por la providencia de Dios, ha visto sus ediciones multiplicarse en casi todas las lenguas conocidas del mundo, de modo que actualmente el número de ejemplares impresos alcanza la cifra de más de dos millones y medio.

A través de la lectura de Camino, son muchos los que han encontrado la luz de la fe, o han profundizado en caminos de vida interior. El estilo del libro es personal y directo. Un alemán, encargado de un taller mecánico, escribía a un amigo suyo que le había recomendado el libro: «Voy leyendo Der Weg ya: por segunda vez y creo que serán muchas, muchas, muchas las veces que lo leeré… Algunas veces me pregunto de dónde, y de qué me conoce el autor para hablarme tan personalmente a mí». Otro escribía: «¿Tienes un problema? Lo abres, lees… y tienes la solución adecuada».

Un sacerdote cien por cien.

El 26 de junio de 1975 fallecía en Roma monseñor Escrivá de Balaguer, a los 73 años de edad y cincuenta de sacerdocio. El eco que su muerte provocó en todo el mundo y en los ambientes más diversos, subraya la trascendencia de su vida. Muchos periodistas y comentaristas destacaron en sus escritos la gran personalidad del Fundador del Opus Dei; otros alabaron sus libros, conocidos en todo el mundo: Camino, Es Cristo que pasa, El Santo Rosa-rio, Conversaciones, etc.; y otros dieron mucho relieve al hecho de que la Obra de Dios (Opus Dei) que él fundó estaba esparcida por todo el mundo y contaba al tiempo de su muerte con más de sesenta mil personas en ochenta nacionalidades distintas.

A través de la prensa, la radio, y sobre todo la TV -que ha retransmitido varias películas tomadas en -Europa y América de las catequesis multitudinarias de Don Josemaría en los últimos años de su vida- son legión los que han conocido la figura y las obras apostólicas de este sacerdote español y romano. Algunas de esas obras son de tal envergadura que una sola de ellas llenaría sobradamente una vida, por ejemplo, la Universidad de Navarra y el Centro Elis en el barrio romano del Tiburtino. Desde su muerte, son también muchas las personas que rezan a monseñor Escrivá de Balaguer y han experimentado ya el poder de su intercesión ante la Trinidad Santísima.

Los millares de personas que conocieron y trataron a Don Josemaría en vida, destacan en sus testimonios la impresión de naturalidad y normalidad que siempre dio, además de la alegría que transpiraban sus palabras y su actuación sacerdotal. Lo sobrenaturalizaba todo -hasta las contrariedades más grandes-y enseñaba a sobrenaturalizarlo todo a los que le rodeaban. A sus hijos del Opus Dei, ciudadanos y cristianos corrientes en medio del mundo, les enseñó a tener la «rareza de no ser raros», y en una ocasión comentaba: «Para mí, es tan maravilloso que el sol salga y se ponga todos los días, como que se detenga».

La fuerza de este español universal, sacerdote cien por cien, que nunca habló de política y que siempre hablaba de Dios y sólo de Dios, radica en buena parte en la claridad de su mensaje, para el hombre de la calle. «A este cura sí que se le entiende, decía un obrero madrileño del barrio de Vallecas, habla igual que nosotros». Pero lo significativo es que los intelectuales y sabios que le conocieron subrayan lo mismo.

La fundación del Opus Dei.

El mensaje de este sacerdote, que el Espíritu Santo grabó indeleblemente en su alma para que lo pudiera transmitir al mundo, es el de buscar la santidad personal en medio del mundo mediante el cumplimiento amoroso de los deberes ordinarios: «Todos los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor. De todos, cualesquiera que sean sus condiciones personales, su posición social, su profesión u oficio. La vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con Él, para realizar -en el lugar donde estamos-su misión divina>).. A santificar los deberes profesionales, familiares y sociales del cristiano está dedicada la gran obra de la vida de Josemaría Escrivá de Balaguer.

El Opus Dei nació en Madrid el 2 de octubre de 1928. Don Josemaría tenía entonces sólo veintiséis años y era sacerdote desde el 28 de marzo de 1925. Desde la edad de quince años sentía barruntos de que Dios le pedía algo, que él no sabía qué era. Aquel 2 de octubre, fiesta de los Santos Ángeles Custodios, se encontraba pasando unos días de retiro espiritual en Madrid, en la residencia de los PP. Paúles, junto a la Basílica de la Medalla Milagrosa. Ese día se hizo luz clara en su inteligencia y las ansias de su corazón inquieto tuvieron cumplida respuesta: Dios depositó en, su mente y en su corazón la semilla del Opus Dei. Desde la habitación donde estaba meditando, Don Josemaría oía las campanas de la vecina iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, que repicaban en el campanario de esa parroquia en Cuatro Caminos.

Tres amores.

Se puede decir que tres amores resumen la honda espiritualidad del Fundador del Opus Dei: Jesús, María y el Papa. Hablando de la Virgen, él, que decía que sus hijas e hijos del Opus Dei no tenían por qué imitarle en nada puesto que era a Jesucristo a quien debían imitar, solía hacer una salvedad: si en algo podían imitarle era en su amor a la Santísima Virgen María. En toda la vida de monseñor Escrivá de Balaguer y en su Obra, puede verse la mano amorosa de Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Precisamente como muestra de gratitud por la solicitud maternal que ha manifestado siempre a sus hijos del Opus Dei, se le ha levantado un santuario en Torreciudad, junto a una antiquísima ermita de la Virgen. a-pocos kilómetros de Barbastro.

Monseñor Escrivá de Balaguer había ofrecido su vida por la Iglesia y por el Romano Pontífice, «para que Dios acortara el tiempo de la prueba». El Señor acogió su ofrecimiento, y el Padre -como le llamaban sus hijas y sus hijos, y otros muchos miles de personas de toda condición-entregó santamente su alma a Dios, en su habitación de trabajo, con la misma sencillez que caracterizó toda su existencia.

Beatificación y canonización

Fue beatificado en la Ciudad del Vaticano el 17 de mayo de 1992 por el papa San Juan Pablo II y canonizado en la Ciudad del Vaticano el 6 de octubre de 2002 por el papa San Juan Pablo II.

“MARÍA, MAESTRA DE ORACIÓN. -MIRA CÓMO PIDE A SU HIJO, EN CANA. Y CÓMO INSISTE, SIN DESANIMARSE, CON PERSEVERANCIA. -Y CÓMO LOGRA. -APRENDE», escribe monseñor Escrivá. Y esta vida de oración, de amor y de perseverancia con la Virgen, se logra con el rezo cada mañana y cada noche, de las TRES AVEMARÍAS.