hitoIsabel

Los musulmanes y la Virgen María

La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma, como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica, mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. (Declaración sobres las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas 3)

La mujer

Edith Stein

¿Por qué también se habla tan frecuentemente de la vocación de la mujer, pero rara vez de la vocación del hombre? ¿No hay en el hombre algo análogo como en la mujer, un paralelo y tal vez una antítesis entre disposición individual y masculina? ¿No es válido para el hombre que su naturaleza es o debe ser un factor determinante para la selección y formación de su vocación? Además, ¿no existe también en él la oposición entre la naturaleza degenerada por la caída y una naturaleza que se debe restablecer en su pureza?

Sería muy de agradecer que todas estas preguntas se consideraran seriamente. Pues sería una colaboración muy saludable de los sexos en la vida profesional y esto sólo sería posible si ambos fueran conscientes de sus cualidades particulares y sacasen las consecuencias prácticas. Dios hizo a la humanidad como hombre y mujer, y a ambos conformes a su imagen. Solamente las cualidades particulares masculinas y femeninas, previamente desarrolladas, pueden permitir alcanzar la más elevada semejanza y la más intensa penetración de toda la vida terrena por la vida divina.

El hombre nuevo democrático

Este mito de la perfectibilidad humana es el motor (con carburante adulterado) de todas las utopías, que resucitaron el sueño de una Edad de Oro, despojada de la grandeza con que se revestía en las viejas mitologías paganas y acondicionada a la vulgaridad con olor a berza cocida y estufa mal purgada de las ideologías, que han ido evolucionando desde las orgullosas proclamas del racionalismo más infatuado al vómito balbuciente y sentimental de la razón hecha trizas (según aquel infalible principio mecánico y biológico que nos enseña que todo lo que sube baja). Sobre los quiméricos “hombres nuevos” soñados por el comunismo, el fascismo o el nazismo nada diremos, pues ya han sido sobradamente diseccionados y hasta vulgarizados por el cine de Hollywood y los tertulianos más analfabetos. (Juan Manuel de Prada – VERBO)

Carta abierta a un capitán de navío

Querido Camilo:

Empieza esta carta y no sé si seré capaz de acabarla; qué difícil expresar lo que en estos momentos siento, voy a intentarlo.

Sé que estás triste estos días por tu pase a la escala de Tierra (llámese escala de Mar sin número, según el Diario Oficial) y también por el de varios de tus compañeros de promoción a los que queremos mucho y les ha ocurrido lo mismo que a ti. Vaya para ellos mi cariño y mi recuerdo más sincero, también a ellos les dedico estas líneas.

Sé qué grande es tu pena, no ya por unos galones de almirante. ¡Qué son al lado de tanto desastre de España! Nada. Sé que tu tristeza es porque durante estos cuatro últimos años has pedido todos los mandos a flote que han salido, las comandancias de Marina de San Sebastián y de Bilbao cada vez que han quedado vacantes, y todo te lo han negado. Sé que tu tristeza es pensar que no puedes surcar las aguas de España, que no puedes ver desde tu puesto de mando esa puesta de sol maravillosa que te hace estar más cerca de Dios, que no puedes tener esa dotación a la que has querido siempre y con la que te has volcado; por qué no decirlo yo. Que el salitre y el viento de la mar ya no curtirán tu piel, ni sentirás la emoción en los días de temporal de llegar a puerto seguro, ni en las noches claras verás correr una estrella fugaz a la que sé seguro la petición que le harías.

Estás como un niño al que le han quitado el juguete que más quería sin saber por qué, sin explicaciones. Quizá tu pecado sea amar demasiado a España. ¡Qué pena, Dios mío!

Pero yo sé que eres fuerte como una roca y que sabrás reaccionar y sobreponerte, estoy segura. En los momentos bajos piensa que en el cuartel de San Fernando tienes un marinero a tus órdenes que está cumpliendo el sagrado deber de la Patria, es nuestro hijo Pedro, a él le mando un abrazo muy fuerte. Que nuestro hijo mayor Camilo ganó la Cruz del Mérito Naval sirviendo como marinero en la Armada.

Aquí te quedan muchos compañeros y amigos que se han volcado en cariño y atenciones para hacerte olvidar un poco este mal trago; a ellos mil gracias más sinceras y que Dios se lo pague. Y después de Dios, la Patria, la Justicia, te queda la familia, una cosa muy sagrada aunque ahora traten también de destruirla, pero jamás lo conseguirán, pues muchísimos nos opondremos.

En fin Camilo, que llego a la conclusión de que lo que jamás han podido olvidar es que hayas defendido y sigas defendiendo de palabra y por escrito que “por encima de la disciplina está el honor”.

Con un abrazo muy fuerte se despide tu mujer que te quiere y te admira cada día más. (Lourdes Glez.-Palenzuela de Menéndez Vives).

Homosexualidad y esperanza

Terapeutas Católicos trabajando con individuos católicos debieran sentirse autorizados para usar las riquezas de la espiritualidad Católica en el proceso curativo. Aquellos con heridas causadas por el padre pueden ser animados a desarrollar su relación con Dios como padre amante. Y los que fueron rechazados o puestos en ridículo por sus iguales cuando jóvenes, pueden meditar considerando a Jesús como hermano, amigo y protector. Los que se sienten ignorados por sus madres pueden buscar el apoyo de María. (Asociación Médica Católica – AMCA)

Evangelización nueva en ardor

El día 9 de mayo de 1988, dirigiéndose a todos los uruguayos, repetía lo que había dicho el 9 de marzo de 1983 al CELAM: que la “nueva evangelización” debía ser: “Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”.

“Será nueva en su ardor si a medida que se va obrando corroboráis más y más la unión con Cristo, primer evangelizador»”. Es decir, que ha de fundamentarse en la santidad personal. Y añadía que debía irradiar y comunicarse a los demás: “Sentir ardor apostólico significa tener hambre de contagiar a otros la alegría de la fe”.

“La evangelización será nueva en sus métodos si cada uno de miembros de la Iglesia se hace protagonista de la difusión del mensaje de Cristo”. (Estanislao Cantero – Verbo)

Amor – odio

Ya escribió el buen católico Paul Bourget: “El placer, cuando no es más que físico, está siempre a punto de ser feroz”. Si Pierre Loti no fuera un autor tan inmoral recomendaría que se leyese el Roman d’un Spahi donde queda escenificado el amor-odio que hoy ha invadido la sociedad, pero que se camufla bajo el nombre de amor.

Pero la reforma de ésta sociedad, de las costumbres, escribe Torras y Bages, no se va a conseguir con leyes como se intentó en Roma y quieren algunos racionalistas. Las leyes no tienen fuerza para llegar al corazón del hombre dónde ha de crearse el equilibrio entre el espíritu y la carne. Las leyes pueden llegar a reprimir las manifestaciones de la lujuria, pero no pueden evitarla. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Persona humana

La Iglesia las fija sumariamente así: “El comunismo despoja al hombre de su libertad, principio espiritual de su conducta moral; quita toda dignidad a la persona humana y todo freno moral contra el asalto de los estímulos ciegos” (Pío X, “Divini Redemptoris”, 10). La persona es también sujeto de derechos San Juan XXIII lo especificó en la “Pacem in Terris”, de esta manera: “En toda convivencia bien organizada y fecunda hay que colocar como fundamento el principio de que todo ser humano es persona, es decir, una naturaleza dotada de inteligencia y de voluntad libre y que por lo tanto de esa misma naturaleza nacen directamente al mismo tiempo derechos y deberes que, al ser universales e inviolables, son también absolutamente inalienables”. También exige la dignidad de la persona humana que participe en la vida pública. Lo recordaba así Pío XII: “El hombre en cuanto tal, lejos de ser tenido como objeto y elemento pasivo, debe por el contrario ser considerado como sujeto, fundamento y fin de la vida social” (24-XII-1944 ). (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)