papaPapa Francisco

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad.

Cardenal Müller

Para un espíritu leal y animado por el amor a la Iglesia, disentir de la enseñanza de la Iglesia ciertamente representa una prueba difícil. Puede ser una invitación a sufrir en el silencio y la oración, con la certeza de que si la verdad está verdaderamente en peligro, terminará necesariamente imponiéndose.

Cardenal Gualtiero Bassetti

Para las familias, el Año de la Misericordia es especialmente un año de reconciliación, porque no puede haber  experiencia de misericordia, es decir,  de ser reconciliados con Dios, si no nos reconciliamos con los que están cerca  de nosotros. Yo estoy planteando a las  familias de mi diócesis que reanuden el diálogo, que hablen de los problemas que tienen y que no se cierren. En el fondo, el Papa ha dado una pauta formidable para que se practique la misericordia en el interior de las familias.

Cardenal Brandmüller

Es interesante observar que la contestación al precepto del celibato surge siempre en concomitancia con señales de decadencia en la iglesia, mientras en tiempos de renovada fe y de florecer cultural se nota una observancia reforzada del celibato.

Cardenal Langlois

No valen medias tintas, necesitamos de hombres y mujeres que estén convencidos y se sientan verdaderamente llamados a construir la Iglesia, para así avanzar en la evangelización en el país.

Arzobispo Juan José Omella

La Iglesia, a través de los siglos, se ha edificado y se ha mantenido gracias a la Eucaristía. Ella es “fuente, a la vez que culminación, de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium 11). “Mediante ella vive, se edifica y crece sin cesar la Iglesia de Dios” (LG 26), tal como indica el Concilio Vaticano II. Ese misterio asombroso e impresionante es cantado, proclamado y adorado por todas las comunidades cristianas: “Cantemos al Amor de los Amores, cantemos al Señor. Dios está aquí”.