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Montserrat

Vida gris y monótona

“¡Oh vida gris y monótona, cuántos tesoros encierras! Ninguna hora se parece a la otra, pues la tristeza y la monotonía desaparecen cuando miro todo con los ojos de la fe. La gracia que hay para mí en esta hora no se repetirá en la hora siguiente. Me será dada en la hora siguiente, pero no será ya la misma. El tiempo pasa y no vuelve nunca. Lo que contiene en sí, no cambiará jamás; lo sella con el sello para la eternidad.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 62.

Aspecto cultural de la Evangelización

“No menor interés por procurar la promoción humana en las tierras evangelizadas se nota en grandes figuras misioneras, como el padre Kino, fray Junípero Serra, el beato Roque González, Antonio Vieira, que tanto hicieron por elevar el nivel humano de sus nuevas comunidades cristianas. Al mismo tiempo se van iniciando amplias experiencias colectivas de crecimiento en humanidad y de implantación más profunda del cristianismo, en formas nuevas de vida y sociabilidad más dignas del hombre. Tales fueron los “pueblos hospitales” del obispo Vasco de Quiroga, las reducciones o colonias misioneras de los franciscanos, las extraordinarias reducciones de los Jesuitas en el Paraguay, y tantas otras obras de caridad y misericordia, de instrucción y cultura. . En ese aspecto cultural los evangelizadores hubieron de inventar métodos de catequesis que no existían, tuvieron que crear las “escuelas de la doctrina”, instruir a niños catequistas, para superar las barreras de las lenguas. Sobre todo hubo que preparar catecismos ilustrados que explicaran la fe, componer gramáticas y vocabularios, usar los recursos de la palabra y del testimonio, de las artes, danzas y música, de las representaciones teatrales y escenificaciones de la Pasión. En ese campo destacaron figuras de buenos pedagogos como fray Pedro de Gante y otro.” San Juan Pablo II, Ante el V centenario de la evangelización de América, pp. 35 y 36.

La revolución culturalista

“En 1989, se conmemoró el segundo centenario de la revolución francesa y, quizá también porque ese mismo año se desplomó el Imperio Soviético, una de sus secuelas, la conclusión general fue que esa revolución estaba definitivamente muerta. Pero la historia vuelve siempre y se estaba asentando simultáneamente la revolución culturalista de mayo de 1968 en el plano de las ideas-creencia colectivas, una revolución que difundió el nihilismo, aunque tanto los culturalistas como sus adversarios siguen hablando de la Ilustración. Ahora bien, sería más exacto decir que no fue esta última la causa de la revolución y sus secuelas, sino la revolución la causa de la Ilustración.” Dalmacio Negro Pavón, Revista Razón Española, julio-agosto 2015, p. 12.

Lo último es el Estado

“¿En virtud de qué derecho, el Estado, que es la persona colectiva más extensa, tiene derecho a crear y a dispensar la personalidad a las demás personas colectivas?¿ De dónde le ha venido a, él ese derecho? ¿De otro Estado? Sería absurdo. ¿De los individuos? Entre el Estado Nacional y ellos hay una jerarquía intermedia de Sociedades que han precedido como al Estado, que es su efecto. Antes le precedió la familia, y con las necesidades múltiples de la familia el municipio, y con las hermandades de comarcas la región, que por punto general fue Estado; y ahora él, último que llega, quiere crear los anillos anteriores, sin los cuales él no existiría. Es la cúpula y la techumbre social, pero dice que él tiene derecho a hacer los muros y los cimientos del edificio, cuando, claro es que, si los muros y cimientos no preexistieran, la cúpula y la techumbre estarían en el aire; lo cual quiere decir que el Estado estaría en el suelo, como los escombros.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, p. 50.

El sentido de la monarquía

“Indaguemos finalmente la entraña de la monarquía. En su origen se halla el hecho de que el mando es personal. Y el mando personal requiere de algunas características que lo sitúen fuera de la discusión, para darle estabilidad, para darle continuidad. Más aún, la monarquía, en el fondo, no se comprende sin una cierta participación sacral. La monarquía parte, pues, de una concepción familiarista y sagrada. En primer lugar, la monarquía -fundada en que el individuo es el sujeto natural de las acciones y el sujeto también de la responsabilidad- supone el gobierno de uno. Un automatismo democrático puede ser bueno para sociedades cuya finalidad es administrativa o económica y para agrupaciones convencionales: los gobiernos municipales y las administraciones regionales o gremiales. Pero a las tres comunidades básicas y fundamentales (la familia, la comunidad política y la Iglesia) otorgó Dios una constitución monárquica: personal en la primera, hereditaria en la segunda y electiva en la tercera). En cuanto a la autoridad política, «si no se hace íntegramente personal, no puede ser enérgica, ni efectiva, ni lograr la vinculación y entera responsabilidad que requiere un poder llamado a entender hasta sobre la vida o muerte de los hombres». Mientras que la democracia «diluye las responsabilidades en un poder amorfo y difuso que, si por azar logra el éxito, no engendra en cambio una adhesión y una lealtad estables; y, si cae en la corrupción, nadie puede esperar de él una acción enérgica y decisiva de corrección y reforma».”Miguel de Ayuso, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, pp. 399 y 400.

Dogmatización de las ideologías

“El carácter prejudicial de las ideologías es, además, uno de los grandes factores que fomentan su belicosidad. La aceptación acrítica de las ideologías implica la dogmatización de las ideologías en tanto que los principios no pueden ser revisados. La irreflexibilidad supone la aceptación neta de los asertos ideológicos y su objetivación provoca el estancamiento del proceso verificador. De esta manera, quien no acepta los principios de la ideología es tomado por hereje y aun contrario a la razón. En este sentido, según Fernández de la Mora, es inviable un diálogo racional con la ideología y la respuesta de esta es siempre violenta. El carácter prejudicial convierte, como se ha señalado, la aceptación de la ideología en un acto de la voluntad. El voluntarismo y estatuto prejudicial de la ideología no sólo va contra la razón sino que implican la ruptura de los procesos racional de revisión generando respuestas potencialmente violentas por parte de quienes defienden la vigencia de la ideología.” Carlos Goñi Apesteguía, Revista Razón Española, septiembre-octubre 2015, pp. 191 y 192.

El liberalismo es luciferino

“En el orden de los hechos el Liberalismo es un conjunto de obras inspiradas por aquellos principios y reguladas por ellos. Como, por ejemplo, las leyes de desamortización; la expulsión de las Órdenes religiosas; los atentados de todo género, oficiales y extraoficiales, contra la libertad de la Iglesia; la corrupción y el error públicamente autorizado, en la tribuna, en la prensa, en las diversiones, en las costumbres; la guerra sistemática al Catolicismo, al que se apoda con los nombres de clericalismo, teocracia, ultramontanismo, etc., etc. Es imposible enumerar y clasificar los hechos que constituyen el procedimiento práctico liberal, pues comprenden desde el ministro y el diplomático que legislan o intrigan, hasta el demagogo’ que perora en el club o asesina en la calle; desde el tratado internacional o la guerra inicua que usurpa al Papa su temporal principado, hasta la mano codiciosa que roba la dote de la monja o se incauta de la lámpara del altar; desde el libro profundo y sabihondo que se da de texto en la universidad o instituto, hasta la vil caricatura que regocija a los pilletes en la taberna. El Liberalismo práctico es un mundo completo de máximas, modas, artes, literatura, diplomacia, leyes, maquinaciones y atropellos enteramente suyos. Es el mundo de Luzbel, disfrazado hoy día con aquel nombre, y en radical oposición y lucha con la sociedad de los hijos de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo. . He aquí, pues, retratado, como doctrina y como práctica, el Liberalismo.” Félix Sarda y Salvany, El Liberalismo es pecado, pp. 9 y 10.