vida-contemplativaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

Afortunadamente para tantos hastiados y frustrados, siempre será cierto que «el alma es natural­ mente cristiana» (9), e igualmente cierto que aún aturdida por el barullo de la vida moderna permanece siempre «ávida de eternidad y conmovida por la brevedad de la vida presente» (10)

Ese ejemplo de acción y contemplación nos dieron los primeros religiosos del cristianismo, María y José, «religadísimos» al Dios encarnado en su vida mixta de Nazaret. Oraban: miraban al Niño, hablaban con el Niño, amaban al Niño… Y trabajaban: arreglaban la casa, hacían la cocina, ganaban el pan con el sudor de su rostro para el Niño y para ellos.

Fue una vida dulcísima, como dulce esa vida sincera e intensamente vivida de todo religioso de vida mixta.

Hoy se habla mucho de la insatisfacción de no pocos sacerdotes y religiosos y se buscan las causas de este «hecho existencial». No hay que darle vueltas: la última, la más honda y más verdadera, la dio Agustín a finales del siglo IV: «Hiciste nuestro corazón para ti y estará inquieto hasta que descanse en ti» (11).Pero si la insatisfacción llega hasta «el asco y la náusea» moderna, habrá que formular el mismo pensamiento de otro modo con el propio Agustín: «Lo ordenaste, y así es que todo ánimo desordenado sea castigo para sí mismo» (12). Y el remedio no es otro sino el retorno .a Dios a través de la fe y penitencia., de la soledad y del silencio. El gran Pau1 Claudel también vio claro. Lo que necesita el hombre moderno son BAÑOS DE SILENCIO.

La necesidad es tan apremiante que preocupa a la misma UNESCO: «El sociólogo israelí, Eliu Katz, ha propuesto que las emisoras de televisión interrumpan sus programas un día por semana. Se precisan espacios de silencio» (13).

Así, a lo largo de las 24 horas del día, podría sentir el hombre moderno, por enfangado que estuviese, la aplastante diferencia entre los breves momentos de goce y de placer, y las monótonas- e interminables horas restantes. Y de las satisfacciones momentáneas a las pesadas horas de fastidio, podría llegar a comparar los días presentes de felicidad con la eternidad futura de los tormentos del infierno.

En la soledad es donde se comunica y se une Dios al alma, y es la .soledad) medio para hallar a. Dios, como queda dicho y ·enseña San Juan de la Cruz al declarar la bellísima canción 35 del Cántico espiritual:

En soledad vivía,
y en soledad ha puestto ya su nido,
y en solledad la guía, a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

(9) TERTULIANO, Apol. 17 PL 1, 197, 17; 377.

(10) S. AGUSTIN, Epist. 137 PL 33, 524, 16.

(11) Conf. I, 1.

(12) lb. 1, 12.

(13) Citado por la Circular de la Hermandad Sacerdotal de Barcelona, n. 39.