Vamos de viaje. Parada preferente para visitar a la Virgen de Pilar y su Santísimo Hijo. Día dos de Enero. Aniversario de la venida de la Virgen María en carne inmortal a Zaragoza. Larguísimas colas para entrar a la Basílica. Un no terminar.
Al pasar ante la Virgen, una mañica le dice: ¡Qué bella estás, Madre mía! Yo le dije «es que la mujer más guapa del mundo». Y asintió de todo corazón.
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En muchos ambientes, sorprende ver a un sacerdote con sotana. En este caso es en la sala de espera del médico. Algunos ya me conocen. Está sentada una antigua alumna que se levanta y me besa la mano. Espectáculo curiosísimo. Ya es madre de seis hijos, su aspecto el de una jovencita. Y se arregla con el sueldo de su marido que es vigilante.
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Prediqué por primera vez en la parroquia de Santiago Apóstol. Dije unas palabras sobre el amor a Dios, a la esposa, al esposo, a los hijos, a los padres, a los pobres, a los hermanos… y a la patria.
Terminada la Santa Misa, fuera del templo, se acercó a mí un joven padre muy emocionado, le brillaban los ojos y unas lágrimas furtivas se abrieron paso. Hablamos. Era militar le gustó todo lo que prediqué. Pero lo del amor a la patria le estalló el corazón.
