ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

 + Josep Àngel Saiz MenesesObispo de Terrassa

Hoy celebramos la solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y María Santísima. En Pentecostés comienza la misión de la Iglesia en continuidad con la misión de Cristo de proclamar e instaurar el Reino de Dios. Una misión que atraviesa el tiempo y el espacio para llevar la buena noticia a los hombres y mujeres de todos los lugares y de todas las épocas. Una misión no exenta de dificultades en el momento presente, ya que en nuestra sociedad predominan en muchos ámbitos el relativismo moral y el materialismo consumista, y también prevalecen cada vez más la liquidez, la inconsistencia y el individualismo utilitarista.

¿Cuál ha de ser nuestra respuesta ante esta realidad? Recordamos que el Papa Francisco desde el comienzo de su pontificado impulsa una pastoral misionera con la finalidad de que toda la Iglesia salga al encuentro de las personas. Eso significa pasar de una pastoral autorreferencial, sedentaria y estática, a otra

abierta, proactiva e itinerante. La pastoral debe concretar ese proceso misionero permanente que quiere ir hacia todos y llegar a todos, y que se verifica en el deseo de la Iglesia por llegar a los últimos, a los olvidados que Dios no olvida. La vida eclesial se realiza a través de la comunión que congrega y la misión que proyecta. Por eso en nuestra pastoral se da el doble movimiento permanente de ir hacia las periferias humanas y reunirse en el centro que es Cristo en la Eucaristía. Es el doble movimiento de la comunión y la misión.

La salida es una metáfora de la condición humana. Hemos de salir de nosotros mismos para conocer la realidad, y también para relacionarnos con las demás personas. Del mismo modo, hemos de salir de nosotros mismos para vivir una experiencia de fe, un encuentro con Cristo, y para incorporarnos a la Iglesia. El ser humano sale de sí mismo para entregarse a Jesucristo y vivir en la gran familia de los hijos de Dios que es la Iglesia. Ahora bien, la Iglesia, que es misionera por naturaleza, también está llamada a salir. ¿Cuáles son las salidas que ha de realizar la Iglesia? La principal, salir de la «autorreferencialidad» enfermiza para devenir Iglesia misionera con Jesucristo en el centro.

Esta invitación a ser una Iglesia en salida, en dinamismo misionero, se aplica a cada cristiano, a cada comunidad y a la Iglesia entera. Una Iglesia en salida que ha de avanzar por el camino de una seria renovación, de una conversión pastoral y misionera. Hay que salir a la búsqueda de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para compartir el don del encuentro con Cristo. No podemos encerrarnos en los templos, sacristías y despachos. Hay que salir a las calles y a las plazas. Hay que hacerse presente en las periferias geográficas y existenciales, llevando la Buena Nueva del Evangelio.

Somos los testigos de Jesucristo en la sociedad del siglo XXI. El Señor nos envía a anunciar la Buena Nueva a nuestros contemporáneos, nos envía para que seamos sal de la tierra y luz del mundo, para que demos un fruto abundante y que perdure. Esta misión evangelizadora tiene que propiciar una auténtica transformación de cada persona y de toda la humanidad. Será preciso salir, caminar y sembrar siempre de nuevo, sin ceder nunca al desánimo. Presentes en nuestro mundo, compartiendo los trabajos y las dificultades de nuestros contemporáneos, siendo testigos y portadores de alegría, de aquella alegría genuina que provoca la experiencia del encuentro con Jesucristo resucitado.