Obra Cultural

Dios no creó demonios. Sólo creó ángeles buenos, destinados a gozar eternamente de Él en el Cielo. Los sometió a una prueba. Satanás respondió: ¡No obedeceré! Fue seguido de otros ángeles, un tercio de los espíritus celestes, según un texto del Apocalipsis: «La cola del dragón arrastró un tercio de los estrellas del Cielo» (12,44). Lo que debe representar muchos millones. Pero no olvidemos la exclamación de San Antonio en el desierto, cuando Dios le mostró a los demonios tentando a los hombres: «Pero Señor, ¿quién podrá salvarse?». Y la respuesta de Dios: «Sólo podrá salvarse el hombre humilde».

¿Qué pueden los demonios?

Los demonios sólo pueden tentarnos, pero no pueden obligarnos a pecar si nosotros no queremos. Sólo pueden tentarnos con el permiso de Dios, y ni un minuto más de lo que Dios les permita. Dios no permitirá nunca que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas, y nos dará una ayuda proporcionada (1 Cor. 10,13). Dios nos ha confiado a sus ángeles; y a cada uno de nosotros nos ha dado un Ángel de la Guarda. Además nos envía ángeles superiores según nuestras necesidades, como hizo con Tobías.

No hemos de confundir tentación y pecado, ni tampoco sensación y pecado. Los demonios podrán hacer representaciones a nuestra imaginación, e incluso, con el permiso de Dios, excitar en nosotros sensaciones. Si resistimos, si rezamos, si añadimos algunas penitencias, si no consentimos, no sólo no habrá pecado, sino que habrá actos de virtud meritoria. Si en las tentaciones oras, multiplicas los actos de la virtud contraria, haces algunas pequeñas penitencias, vencerás. Sobre todo invoca a María. El demonio es un mentiroso. Jesús mismo lo ha dicho: Jn. 8,44. Te dice que no vencerás, pero es mentira. Si oras, vencerás. «Ruega a María y serás salvo», dice San Luis Mª Grignion de Montfort.

Engaños del demonio

Los demonios son espíritus puros, no tienen cuerpo. Y en esto reside nuestra gran dificultad en las tentaciones: no vemos a esos enemigos muy poderosos que nos tientan. «Nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados, las Potestades, las Dominaciones, contra los espíritus del mal…» Sólo con las armas espirituales de la fe llegaremos a vencerlos. Sin la fe, sin la oración, sin los sacramentos, serás vencido. Pero con la plegaria, con la vida de oración, te será fácil vencerlos. Por eso los demonios no quieren que creamos en los ángeles, porque si no hubiese ángeles, no habría demonios. No quieren que creamos en el Cielo ni en el infierno. En Fátima, la Virgen hizo ver el infierno a los tres niños. Santa Teresa de Jesús, en el cap. 32 de su Vida, relata su visión del infierno. ¡Qué pocos piensan en él!

Las tentaciones

El medio corriente de que se vale el demonio para que le sigamos es la tentación. La Sagrada Escritura nos lo advierte: «La vida del hombre sobre la tierra es milicia» (Job 7,1). «Porque fluiste agradable a Dios fue menester que la tentación te probase» (Tob. 12,13). «Bienaventurado el hombre que sobrelleva la tentación, porque, acrisolado con ella, recibirá la corona de la vida, que Dios prometió a los que le aman» (Sant. 1,12). Y en el Padrenuestro pedimos: «No nos dejes caer en la tentación». Jesús repitió: «Velad y orad, para que no entréis en tentación, porque el espíritu está pronto, mas la carne es flaca» (Ma. 14,38). Pero, ¿por qué permite Dios la tentación? Siempre la permite para nuestro bien. También los padres quieren que sus hijos se presenten a exámenes, aunque corran el riesgo de fracasar en ellos. Dios permite la tentación: a) para hacernos expiar nuestros pecados; b) para ayudarnos a salvar almas; c) para hacernos ganar méritos; d) por cualquier otra razón que ignoramos. Quizás porque más adelante tendrás que formar a personas que serán tentadas, y entonces tú serás más misericordioso. De todas maneras, humillémonos siempre ante Dios y no dudemos nunca de su bondad paternal. No juzguemos a Dios. «Quien piense estar en pie, mire no caiga» ( i Cor. 10,12). Sigamos el caminito de infancia espiritual señalado por Santa Teresita: Desconfianza de sí, confianza en Dios, son las dos alas indispensables para escapar de las trampas y tentaciones del demonio.

Si el demonio te tienta, no te turbes, reza. Recurre a María que aplastará la cabeza de la serpiente. Llama a tu Ángel de la Guarda, a San José. Entonces el demonio intensificará su tentación, probando de turbarte y de engañarte: «Es inútil que resistas; siempre has sido mío… No hagas caso, quédate tranquilo, porque es un mentiroso. Intensifica tu oración añádele algunas penitencias, como hacía Santa Gema Galgani. Reza tres Avemarías, o una decena del Rosario, brazos en cruz, por las almas del Purgatorio. El demonio sabe que, de esta manera, va a ser vencido, que es lo que más teme. Y se va, de repente desaparece la tentación.

No confundas el sentir y el consentir. Para que haya pecado mortal son necesarias tres condiciones: 1ª Materia grave.Plena atención o conocimiento (si duermes o estás medio despierto, puede haber falta venial, pero no mortal). Si dudas, di: «Dios mío, perdóname, yo te amo» Y no pienses más en ello. 3ª Pleno consentimiento. Si no hay estas tres condiciones, no hay pecado mortal, y a veces no hay pecado alguno.

Desconfiar de los prodigios del demonio

Sólo Dios puede hacer verdaderos milagros. Pero el demonio procura engañarnos haciendo actos extraordinarios, para desacreditar los milagros divinos o para atraer a las almas demasiado crédulas. No olvidemos el principio: «Para que un objeto sea bueno, todo él debe ser bueno. Para que sea malo, basta que un solo elemento sea malo». (Odio, venganza, impureza, desobediencia, falta de sinceridad, orgullo, dudas de fe, etc.) Cuando en un deseo tuyo veas alguno de estos puntos, está seguro de que aquel, sentimiento, aunque digas que es para el bien, viene del demonio. Visiones exteriores e imaginarias, éxtasis, enfermedades y curaciones extraordinarias, estigmas, escenas de la Pasión, largas abstinencias, licores y olores suaves, suspensión sobre las aguas, vuelo aéreo, convulsiones, etc. En realidad, nada de esto es verdadero milagro. Se conoce el árbol por sus frutos. En presencia de tales prodigios, no te entusiasmes, míralos más de cerca: pueden venir de Dios, pero podrían venir del diablo. Vigilad y orad.

Espiritismo

Cuando los espiritistas quieren leer el porvenir con la ayuda de amuletos, de mesas giratorias, cuando se consulta a los espíritus, siempre hay pecado y pecado grave, porque tales respuestas son dadas por los demonios. Entonces éstos van obrando en varias etapas: abandono de la oración, sociedades impías o neutras, pornografía, cine, televisión, errores sobre el infierno, sobre Dios, pudiendo llegar incluso al pacto infernal que pone al alma bajo la tiranía del demonio. Un hechicero, con ayuda de los demonios, puede hacer cosas que superan nuestra fuerza e inteligencia. Pero sólo lo pueden con el permiso de Dios y por el tiempo que El se lo permite. Y a menudo lo permite para castigar a los que no quieren creer las pruebas divinas de la Revelación, como son las profecías y los milagros que nos muestran la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, y en cambio creen en los engaños de una echadora de cartas o cualquier cosa que les diga un falso vidente. «Arruinaré la sabiduría de los sabios, y la inteligencia de los inteligentes anularé» (1 Cor. 1,19). ¡Dios es Dios!

Cómo defendernos contra los demonios

Sólo los medios sobrenaturales son verdaderamente eficaces contra los demonios. La oración: «El que ora se salva, el que no ora se condena», dice San Alfonso. La vida de oración que intensifica nuestra fe. Como Santa Teresa, pide a San José que te haga alma de adoración. Los Ejercicios Espirituales inspirados por la Virgen a San Ignacio; con una buena confesión general. El Santo Rosario inspirado por María a Santo Domingo. Ella dijo al Beato Alano de la Roche: «Los que recen una parte del Rosario cada día tienen su salvación asegurada». La misma petición y promesa ha hecho en Lourdes, en Fátima, etc. La Santa Misa, la Eucaristía, el sacramento de la Penitencia. Recurso al Ángel de la Guarda los sacramentales, particularmente el agua bendita; consagración de sí mismo como esclavo de María; la medalla Milagrosa y la de San Benito… ¡Ánimo! María es nuestra Madre y tiene a su disposición todas las legiones de Ángeles.

«ARROJÉMONOS A LOS PIES DE MARÍA, AGARRÉMONOS A SU MANTO, NO PERDAMOS JAMÁS SU DEVOCIÓN Y TENEMOS ASEGURADAS LAS DIVINAS BENDICIONES», exclama San Bernardo. Y una señal de estas bendiciones divinas es la costumbre santa de rezar cada mañana y cada noche las TRES AVEMARÍAS. Feliz el que lo hace cada mañana y cada noche.