Padre Felice María Cappello nació el 8 de octubre de 1879 en Caviola (BL). Ingresó en el Noviciado de los Jesuitas el 30 de octubre de 1913 con 34 años de edad y podemos considerarlo un don de la Virgen para la Iglesia y la Curia de Roma. Padre Felice fue un jurista de fama internacional y autor de numerosas obras, pero su fama le vino, sobre todo, por haber pasado cuarenta años como confesor en la iglesia de S. Ignazio en Roma.

Padre Felice, tras 11 años de sacerdote en su Diócesis de Belluno, en el 1913 se dirigió a Roma para participar a las oposiciones organizadas por la Congregación Consistorial y más tarde por el Santo Oficio, pero no fue admitido. Decidió entonces ir a Lourdes para pedir a la Virgen la gracia de la iluminación para su propia vida y después de una noche de oración en la gruta, por la mañana tornó la decisión de seguir a su amigo Padre Enrico Rosa y pidió al Provincial de los Jesuitas de Roma poder ingresar en la Compañía de Jesús.

Desde el 1920 hasta el 1958 fue profesor ordinario en la Universidad Gregoriana, donde dejó un recuerdo imborrable entre sus alumnos por su prodigiosa memoria, por su claridad, sencillez y precisión a la hora de transmitir el saber. Sus dotes humanas eran notables y le permitían, a pesar de su prestigio y de la autoridad de su figura, ser amable, paternal y sonriente con todos.

Además de ser un gran profesor, Padre Felice era también un hombre de Dios y de oración muy devoto del Sagrado Corazón de Jesús. En una conferencia se expresaba así:

“Amar al Señor sólo de palabra es fácil, pero el verdadero amor se encuentra en el sufrimiento aceptado con resignación; incluso nosotros mismos, si queremos hacer reparación de la mejor manera, debemos ofrecer nuestras tribulaciones físicas y morales, externas e internas; ofreciendo al Señor nuestras cruces aceptadas con paciencia…”

(1 de enero de 1937).

A la intensa oración el Padre Felice unía una vida austera y penitencial. Él mismo se ofrecía, de hecho, como víctima por la conversión de los pecadores.

Su constante ansia pastoral le llevo a pasar mucha horas en el confesionario donde donaba a todos los que se le acercaban esa paz interior que se había ganado con esfuerzo a través de la oración y del estudio. Fiel a las enseñanzas de la Iglesia no era riguroso recomendando a sus hermanos usar siempre comprensión, discreción y paterna bondad con los penitentes para animarlos a creer cada día más en el inmenso amor misericordioso de Dios.

El 25 de marzo del 1962, día de la Anunciación, Padre Cappello, sufrió una cólica hepática y una insuficiencia cardíaca muriendo después de haber fijado los ojos hacia lo alto en contemplación de algo extraordinariamente hermoso.

Las gracias obtenidas por intercesión del Padre Felice María Cappello S.J. se señalen al Postulador General de la Compañía de Jesús.

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Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma – Italia