Papa Francisco

“¿Esta es la paz que da Jesús?”, se preguntó el Papa. Y de inmediato indicó que Jesús resalta que la paz que Él dona no es como la que da el mundo. El mundo quiere una paz anestesiada para no hacernos ver la Cruz “La paz que nos ofrece el mundo es una paz sin tribulaciones; nos ofrece una paz artificial”, una paz que se reduce a una “tranquilidad”. Y una paz “que sólo mira a las cosas propias, a las propias seguridades, que no falte nada”, un poco como era la paz del rico Epulón. Una tranquilidad que nos vuelve “cerrados”, que hace que no se vea “más allá”: “El mundo nos enseña el camino de la paz con la anestesia: nos anestesia para no ver la otra realidad de la vida: la Cruz. Por esto Pablo dice que se debe entrar en el Reino del Cielo en el camino con tantas tribulaciones.

Cardenal Cipriani

Una de las cosas que nos une mucho es que en América Latina, al menos en nuestro país, la cultura es católica, cosa que no ocurre en otras partes del mundo. Se piensa con una mentalidad cristiana porque la piedad popular lleva a la gente a que de muy pequeña empieza a acudir al Señor de los Milagros, o al Señor de Luren o a la Cruz de Motupe. Desde muy niños se respiran en el hogar una serie de valores de la fe católica. Eso hace que de alguna manera que en el promedio de la gente haya una relación de afecto y cariño hacia la Iglesia, y un sentido de pertenencia.

Cardenal Rubén Salazar

El Presidente del CELAM consideró que además de la pobreza en América Latina “está también el cáncer de la corrupción, que como el Papa Francisco ha dicho tantas veces, es un cáncer que ha hecho metástasis por todas partes, que se ha infiltrado en todos los ámbitos de la sociedad”. Ante la violencia, otro azote continental, el purpurado dijo que “la visita del Santo Padre va a ser un bálsamo de esperanza y de consuelo. El Santo Padre va a darnos ánimo, a hacernos tomar conciencia de que si realmente queremos resolver nuestros problemas a fondo tenemos que partir de un cambio del corazón”.

Cardenal Leonardo Sandri

La Palabra de Dios que acabamos de escuchar nos ubica en el contexto del tiempo litúrgico que la Iglesia católica está celebrando: Es la Pascua del Señor y el tiempo de espera del Espíritu Santo prometido, Espíritu de consuelo y de paz. Jesucristo ha resucitado y, como se acostumbra en Oriente, al saludo de Pascua: “Cristo ha resucitado”, se responde: “Si, verdaderamente ha resucitado” Es la expresión de una certeza de fe, repetida mil veces, que ha dado vida a la naciente Iglesia apostólica. Y esta certeza es la que lleva a Pablo a predicar el Evangelio sin miedo ni temor, saliendo al encuentro de los paganos para anunciar a Jesucristo Resucitado. Este el “clima” pascual que cambió el rumbo de la historia… “Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver”… “ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo en cambio se alegrará. Ustedes están tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo”.

Cardenal Sarah

“No es un misterio -y lo digo con gran sufrimiento-, que nuestro mundo moderno vive de hecho un alejamiento práctico de Dios”. Existe un ambiente cultural, “donde se evita sistemáticamente estar un solo consigo mismo para mirarse dentro. El barullo, el chisme y las tecnologías enmascaran el vacío de un hombre que ya no sabe qué es vivir”. Pero, “aún más doloroso para mí es el constatar cómo esta superficialidad, esta impiedad injuriosa hacia Dios y hacia la persona humana haya entrado también en la Iglesia”, y que la liturgia -a la que el Concilio Vaticano II llamó “fuente y culmen de la vida cristiana” es la “que más sufre por la reducción secularista que ocurre también dentro de la Iglesia”.

Obispo José Ignacio Munilla

En nuestros días, llama poderosamente la atención la gran virulencia del debate político, cuando es un hecho constatable que los distintos partidos políticos caminan de una forma inexorable hacia un pensamiento único, conformado por lo políticamente correcto. Se alimenta la falsa esperanza de que un hipotético vuelco político pudiera posibilitar la justicia y la paz, olvidando la existencia del “pecado original”. Si ese “hombre viejo” que anida en cada uno de nosotros no es regenerado, el problema no será solo que estemos condenados a la impotencia para transformar el mundo; sino que la misma estructura política terminará por anular al hombre, a la familia, y a la misma sociedad.

Obispo Luis Argüello

Esto se constata al ver cómo instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, u otras agencias de Naciones Unidas, casi siempre exigen a los países empobrecidos, como una de las condiciones para poder recibir ayudas económicas, que pongan en marcha políticas antinatalistas. Me parece que eso revela una propuesta antropológica que busca, si no suprimir la generación de la vida, sí al menos que quede muy disminuida. Luego surgen situaciones paradójicas, porque como, a pesar de todo, el deseo de los hijos es algo evidente, aparecen cuestiones nuevas como la gestación subrogada. Antes esto uno se plantea si no sería mejor buscar el modo de asignar alguno de esos muchos niños que no se desean, y que se abortan, a todos esos padres que sí quieren acoger una vida, en vez de recurrir a los vientres del alquiler.