No olvidéis, Virgen Santísima, las tristezas de la tierra. Dirigid una mirada bondadosa sobre los que sufren luchando contra las adversidades y cuyos labios no cesan de apurar el Cáliz de la Amargura de esta vida. Tened piedad de la soledad del corazón. Tened piedad de las franquezas de nuestra fe. Tened piedad de aquellos a quienes amamos. Tened piedad de los que lloran, de los que rezan y de los que temen. Dadles a todos la esperanza y la paz.

(300 días de indulgencia aplicables a los difuntos)